La ‘Obamanía’ no va con el presidente Chávez

Igual que con las Farc, el Mandatario venezolano podría estar equivocado respecto al candidato presidencial Barack Obama.

“Aprender a regatear”. Tal es la fórmula que el ministro de Agricultura y Tierras venezolano, Elías Jaua, recomienda a sus compatriotas para combatir efectivamente la inflación más elevada de América Latina.

Por segundo año consecutivo, la inflación se calcula muy por encima del 20%, mientras que, según el Banco Central de Venezuela, los aumentos experimentados en junio por los alimentos y bebidas no alcohólicas fueron del  2,4%, con lo que se acumuló un 15,1% en el primer semestre del año.

El gobierno de Chávez, sin embargo, se ha trazado la meta de terminar el 2008 con una inflación máxima de 19,5%. En el 2007 se alcanzó una tasa de inflación de 22,5%, que fue la más alta del continente por segundo año consecutivo. En el primer semestre del año pasado se había acumulado ya una inflación de 7,1%. El lunes, un matutino caraqueño la daba como muy cercana al 30%.

Según un cable de Associated Press, a pesar de “los esfuerzos emprendidos por el gobierno del presidente Hugo Chávez y el Banco Central para contener la inflación por la vía de la flexibilización del control de precios de algunos rubros de primera necesidad y la restricción de la liquidez, el índice nacional de precios apenas experimentó el mes pasado una desaceleración de 0,8% respecto a mayo, cuando se ubicó 3,2%”.

Efecto electoral

El hecho escueto detrás de estas gélidas cifras es el efecto “tóxico” que, en política electoral, tiene siempre la inflación.

Y en un país como Venezuela —arquetípico petroestado populista—, nadie alcanza a explicarse cómo ha podido la población en general empobrecerse tan rápidamente al tiempo que los precios del crudo no han hecho más que subir durante la “década de Chávez”.

La respuesta a esta “paradoja de la abundancia” requeriría un tratado, justamente, sobre los tortuosos mecanismos de la economía de los petroestados, caracterizados por generar toda clase de incentivos para el gasto público no reproductivo, la multiplicación de las competencias del Estado  —al que se cree todopoderoso—, los arrebatos maniacos que se posesionan de sus gobernantes y, por último, la corrupción “estructural”.

Frente a todo ello, y a la imposibilidad de adquirir la canasta básica, escuchar a un funcionario del alto gobierno chavista desentenderse del problema sugiriendo que “aprender a regatear” cuando se va al mercado es la mejor defensa contra los altos precios resultaría risible si no fuese tan despiadadamente cínico.

“¿Regatea Chávez cuando se va a comprar armas a Rusia?”, preguntaba al lunes en la tarde, con indignada sorna, un ama de casa caraqueña en el curso de un programa radial de opinión. Se refería a la visita que el pasado martes 22 hizo Chávez a la Federación Rusa, donde cerrará mil millonarios negocios con su homólogo  Dmitri Medvédev.  La “cesta básica” del presidente, sus bienes de primera necesidad en esta ocasión, son tanques, sistemas de defensa antiaérea y submarinos. Los blindados favoritos de Chávez son los de tipo T-90C. En marzo pasado, cuando la movilización de 10 batallones mecanizados hacia la frontera  con Colombia resultó en un fiasco bochornoso debido al mal estado del parque blindado, se hizo patente la “urgencia” de estas adquisiciones.

También está interesado el líder bolivariano en adquirir entre 10 y 20 sistemas de defensa antiaérea Tor-M1, del mismo tipo que el Kremlin suministra a Irán. Se espera que Venezuela adquiera, además, helicópteros de combate Mi-28N y varios aviones de transporte. Chávez le tiene el ojo puesto a tres submarinos “diésel-eléctricos”, de la  clase “Kilo”, según la clasificación de la OTAN, y llamados “Proyecto 636”, según los rusos. El total de las compras de armamento que sin regateos hará Chávez puede superar los 1.000 millones de dólares.

Entre 2005 y 2006, Venezuela suscribió —sin mucho regatear—, contratos de compra de armamento ruso por más de 3.100


millones de dólares: aviones de combate Sukhoi, sistemas de defensa antiaérea, etc. Para dar mantenimiento a esas armas, en esta visita está previsto firmar contratos para la creación en Venezuela de centros de servicio. Con todo ello, el país se ha convertido en el principal comprador latinoamericano de armas rusas de los últimos años. ¿Qué motiva estas exorbitantes compras?

Según algunos observadores, se trata tan sólo de la esperable floración de contratos y comisiones que suele darse en regímenes crecientemente militarizados y a los que cortejan los perros de la guerra. Con todo ello, aseguran otros, Chávez estaría de paso halagando al factor de poder mejor dispuesto a apuntalarlo en el caso de un descalabro electoral en los venideros comicios regionales de noviembre.

Es posible, en efecto, que estas compras sean apenas otro reflejo del mal del petroestado. Al fin y al cabo, está suficientemente probada la propensión de Chávez a cerrar con países como Irán y China todo tipo de extravagantes contratos encaminados a lograr “un desarrollo independiente” que le permita a Venezuela prescindir de los capitales de inversión del primer mundo.

Pero una explicación igualmente admisible podría estar en una acentuación de la postura antinorteamericana que tanta simpatía pudo granjearle a Chávez  en los años de Bush. Esto último resulta llamativo ante las expectativas, al parecer bastante fundadas, de ver a Barack Obama en la Casa Blanca.

Nadie ha descrito hasta ahora la benevolencia de esas expectativas mejor que el analista venezolano Moisés Naím. “En Estados Unidos —dice en un reciente artículo—, Barack Obama aventaja por cuatro puntos a John McCain. En Francia, Alemania o España esa ventaja es de más de 50 puntos. Obama también es popular en el mundo islámico. Lo favorece el hecho de ser percibido como menos belicoso que John McCain, que su segundo nombre es Husein y que parte de su familia es musulmana. En Irán también lo ayuda que en farsi  Oo ba ma quiere decir ‘Él está con nosotros’. La ‘Obamanía’ se propaga por al mundo, nutriendo inmensas expectativas. (El País, Madrid, 20/07/2008).

La ‘Obamanía’, empero, no parece haber hecho mella en Chávez. El fenómeno ocurre al mismo tiempo que el jefe de la diplomacia estadounidense para América Latina, Tom Shannon, señaló hace poco en Washington que Estados Unidos está dispuesto a “explorar” la “apertura diplomática” —anunciada por el propio presidente Chávez—, luego de que éste manifestara su voluntad de retomar la cooperación antidrogas con los gringos.

Característicamente, Shannon expresó su optimismo al mismo tiempo que el Comando Sur de los EE.UU. afirmaba que el tránsito de cocaína por Venezuela aumentó en un 400% desde 2002.

El pasado 17 de julio, Chávez afirmó sorpresivamente que  Barack Obama “defiende al imperio estadounidense” y está “dinamitando” la posibilidad de diálogo con Venezuela y Cuba. “El caballero Obama —añadió— ha dicho que iba a revisar la política de Estados Unidos hacia América Latina, pero fíjense cómo lo dijo, ‘bueno pero aplicaremos la zanahoria y el garrote, habrá oportunidades para en algunos casos aplicar la zanahoria y en otras aplicar el garrote’”.

Chávez recomendó también  a Obama que “estudie un poco lo que está pasando en América Latina”. Y agregó: “Si no lo ha entendido, caballerito, es una revolución lo que hay, desatada en toda esta tierra, hay una revolución”.

Con estas declaraciones Chávez se adelanta a no dejar “enfriar” un discurso que en el pasado le ha rendido cuantiosos beneficios políticos. Igual que con las Farc, Chávez podría estar equivocado respecto al senador Obama.  Sin embargo,


aunque yerre en su juicio de intenciones respecto al precandidato demócrata, nadie le quitará el gusto de no regatear cuando sale a comprar armas.

Aunque el sobreprecio que pueda terminar pagando quizá no estará en la factura de adquisiciones estrictamente militares, sino en la creciente irritación de su propio electorado ante una carestía de la vida percibida como sencillamente inaceptable en el quinto productor de crudo del planeta.

* Escritor venezolano. Publica artículos en The Washington Post Y El Nacional, entre otros.

Las compras de Chávez en Moscú

1. El monto. Según fuentes de la industria militar rusa, durante su estadía, Chávez firmará contratos de compra de armamento pesado por mil millones de dólares.

2. Protección aérea. El gobierno de Venezuela compraría entre diez y veinte sistemas antiaéreos Tor M-1, los mismos adquiridos por Irán en 2005.

3. Vigilancia marina. Otro de los objetivos de Caracas es la seguridad de sus aguas territoriales, por lo que adquiriría tres submarinos “Varshavianka”. 

4. Nueva flota aérea. Unos veinte aviones de vigilancia costera serían entregados a Chávez, además de varios helicópteros de combate Mi-28N.

5. El dinero. Según la prensa rusa, el gobierno de Moscú estaría dispuesto a concederle un crédito de hasta 800 millones de dólares al presidente Chávez.

La agenda

Los destinos

La semana pasada, el mandatario venezolano dio inicio a su gira por Latinoamérica y Europa con la visita a Bolivia, donde otorgó un crédito destinado a la construcción de carreteras, y a Nicaragua, para celebrar el aniversario del triunfo sandinista. Ayer, Chávez aterrizó en Moscú, y esta semana se dirigirá a Bielorrusia, España y Portugal; en estos países firmará varios acuerdos de cooperación.

Rusia: socio vital

Esta es la sexta visita de Hugo Chávez a Rusia. Esta vez, quiere fortalecer la alianza estratégica en los temas político, económico, tecnológico y militar. Venezuela comprará armamento pesado por valor de mil millones de dólares; se creará un banco estatal ruso-venezolano que financiará proyectos bilaterales. También se firmarán acuerdos en materia energética y metalúrgica.

El paso por Bielorrusia

Chávez se entrevistará en Minsk, la capital del país, con el presidente bielorruso Alexandr Lukashenko. Ambos firmarán convenios de cooperación, como la gasificación de algunas ciudades, la construcción de un sistema antiaéreo en Venezuela. Lukashenko espera ampliar los pactos de exploración y extracción de crudo en la Faja del Orinoco, la mayor reserva petrolera del mundo.

Aterrizaje en Portugal

El siguiente destino de Chávez será la Península Ibérica. En Lisboa evaluará junto al primer ministro portugués, José Sócrates, los acuerdos bilaterales en las áreas de vivienda, infraestructura, alimentos, energía e intercambio petrolero. En su programa ‘Aló presidente’, Chávez dijo: “ Ya salió el primer barco; está saliendo el primer barco con petróleo venezolano para Portugal”.

España: última parada

La gira europea del presidente venezolano terminará el viernes, cuando se entreviste con el rey Juan Carlos, con quien pretende restablecer las relaciones diplomáticas después del incidente de noviembre pasado. “Me dará gusto darle un abrazo al rey, pero tú sabes, Juan Carlos, que yo no me voy a callar. Seguiremos hablando para un mundo de justos y de iguales”, dijo Chávez a la prensa.

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