Obsesión o experiencia

El republicano llega a Colombia el martes, ¿quién es?

Militar de profesión y político por vocación, John McCain es hoy uno de los hombres más polémicos de Estados Unidos. Hay quienes lo ven como un hombre honesto, comprometido con sus convicciones y defensor de la seguridad y la democracia; con la misma fuerza, otros lo definen como un ser obsesivo al que sólo lo mueven el peso de su historia y las cicatrices de la guerra.

A sus 71 años, este piloto militar retirado tiene la atención de Estados Unidos y del mundo entero sobre su espalda, pues no le faltan méritos para convertirse en el próximo inquilino de la Casa Blanca.

McCain es hijo y nieto de militares, y desde que nació, el 29 de agosto de 1936, en la región de Coco Solo en el Canal de Panamá, donde su padre se encontraba en una misión, asegura que conoció valores como la disciplina y la rectitud para convertirse en un hombre de bien.

Estudió en un colegio episcopal y se gradúo en 1954, cuando tenía 18 años. De inmediato decidió seguir los pasos de los hombres de su familia e ingresó a la Academia Naval de Estados Unidos. Cuatro años más tarde ya era teniente, y su sueño de ser aviador lo condujo a la escuela Annápolis. Al terminar sus estudios se unió como piloto de la Fuerza Naval, con la que fue enviado a Vietnam durante la guerra.

En varios momentos estuvo a punto de morir. A principios de 1967, por ejemplo, salió ileso de una enorme conflagración que se presentó cuando un misil fue disparado por accidente. En el hecho murieron 120 personas y se quemaron más de 20 aeronaves.  McCain salió con vida, pero la suerte no le duró mucho tiempo. El 26 de ese mismo año, cuando tenía 31 años, fue capturado por tropas vietnamitas y retenido como prisionero de guerra por cinco años en la prisión de Hoa Lo, conocida como Hanoi Hilton.

McCain cuenta que allí pasó varios de los días más difíciles de toda su vida. Además de estar la mayor parte del tiempo solo, permanecía encerrado en un agujero y era víctima de torturas.

Al ser liberado el 15 de marzo de 1973, McCain regresó a Estados Unidos. Fue condecorado como héroe de la patria, continuó en el ejercicio militar hasta 1981 y luego se lanzó al ruedo político.

En 1982 fue elegido como representante de la Cámara del estado de Arizona y dos años más tarde se lanzó al Senado, siendo reelegido para el cargo en 1992, 1998 y 2004, donde se convirtió en una de las voces más escuchadas dentro de su partido. En 2000 compitió contra George Bush por la nominación del partido republicano, pero fue derrotado.

McCain, quien se ha casado dos veces y es padre de siete hijos, varios de ellos también militares, es considerado un hombre intachable que a pesar de la oposición  conservadora en su partido, defiende sus posiciones. La lucha  por la reforma migratoria que legalice a los indocumentados es un ejemplo.


En otros asuntos espinosos como el matrimonio homosexual y el aborto, no ha tenido posturas tan extremas, aunque últimamente maneja un discurso menos liberal ante la presión del ala conservadora de los republicanos.

Frente a Irak, McCain ha defendido la permanencia de las tropas hasta que allí haya un ambiente democrático y seguro, y se opone a la retirada de la nación árabe, convencido de que una de las prioridades de su gobierno sería fortalecer el cuerpo militar.

Sus opositores aseguran que su edad lo convierte en un hombre terco y quizá cerrado ante los cambios que necesita el mundo, pero él y sus simpatizantes insisten en que es precisamente esa su mayor fortaleza: la experiencia.

A pesar de ser sólo un candidato a la Presidencia, McCain se muestra ya, según muchos analistas, como un mandatario, pues ha hecho visitas por varios países como Irak y Colombia esta semana, que le dan fuerza ante sus electores.

Es un hombre que entiende la importancia de las alianzas con sus amigos, pero muchos temen que su visión guerrerista, que él  concibe como  búsqueda de la seguridad, genere nuevos conflictos y no logre quitarle a Estados Unidos la imagen que George Bush proyectó del país.

Experiencia, vejez, dignidad, obsesión o sentido militar exagerado, son algunas de las cosas que hoy definen a John McCain, un hombre que para ganarse la Casa Blanca deberá superar a la imagen de cambio que proyecta  Barack Obama y echarse al bolsillo a los indecisos que aún no saben si su perfil es el indicado o no para manejar el destino de Estados Unidos.

McCain y Obama en la agenda de Latinoamérica

La próxima semana, América Latina se convertirá en el centro de atención de la campaña presidencial estadounidense: John McCain visita México y Colombia, mientras su oponente, Barack Obama, planea conquistar el voto latino.

Según analistas internacionales, la gira del candidato republicano busca, precisamente, hacerse con ese electorado. “McCain cree que por ser aliados muy próximos a E.U., por su compromiso en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, atraerá esos votos”, opina Augusto Ramírez Ocampo, ex canciller colombiano.

Pero el republicano se encuentra con un vecindario en donde su país es percibido como un intruso. “Nuestros vecinos estarían mucho más cercanos a una administración demócrata que sea revisionista de los tratados de libre comercio”, sostiene Sandra Borda, docente de la Universidad de los Andes.

Para Michael Shifter, de Diálogo Interamericano, esta situación obedece a un cálculo del pasado: “McCain mira a la región en términos de la Guerra Fría, aliados y adversarios, categorías que no son las más apropiadas para el contexto internacional actual”.

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