Otra colombiana revoluciona a Francia

Si Íngrid Betancourt conmovió al país galo, María Vuillet otra franco-colombiana, despertó un debate histórico. Frédéric Lacave, subprefecto de París, demandó a esta mujer por haberle gritado “facho” en una manifestación. Si es encontrada culpable, Vuillet podría ser condenada a  6 meses de prisión y a pagar una multa.

María Victoria Vuillet y Frédéric Lacave se vieron por segunda vez en la vida a las 9 horas y 5 minutos del 10 de julio, en la sala 17 del Tribunal de Gran Instancia de París. Lacave, subprefecto de la ciudad, llevó a esta franco-colombiana, de 54 años, a los estrados judiciales y la acusó del delito de injuria agravada (outrage en la legislación francesa), por el cual María podría llegar a ser condenada a 6 meses de prisión y el pago de una multa de 7.500 euros, algo más de siete veces el sueldo que recibe como asistente social.

La historia se remonta al 22 de octubre de 2007 cuando María Vuillet decidió acompañar a su hija, Emanuelle, a una manifestación organizada por el colectivo Rose et Reseda, al que pertenece la joven. Esta organización, que toma su nombre de uno de los poemas que Louis Aragon escribió en homenaje a la resistencia francesa, había invitado a varios de sus miembros a reunirse en el Liceo Carnot, un colegio público sobre el bulevard Malesherbes, en donde el presidente Nicolás Sarkozy leería la última carta de Guy Môquet, una de las figuras insignes de la historia de la izquierda francesa.

Aunque el colectivo “no deja de ser una de esas cosas adolescentes”, María decidió que, junto con otros padres y profesores, acompañaría a los jóvenes a la manifestación. Sin embargo, a última hora la lectura de la carta por cuenta de Sarkozy fue cancelada. Entonces, el grupo de manifestantes decidió unirse a otros colectivos que habían anunciado protestar en la estación Guy Môquet, a tres kilómetros del liceo. Durante el trayecto, los manifestantes, a los que se unieron unas cuantas decenas de transeúntes, repartieron panfletos y gritaron consignas contra el gobierno y contra la lectura de la carta.

A esa hora Frédéric Lacave, nombrado subprefecto regional un mes atrás, recorría con su conductor las avenidas parisinas para presidir el acto oficial en la estación del metro. El auto oficial se detuvo al borde de la calle y el subprefecto se dirigió a la estación. Desde allí vio a María recostada contra la baranda de las escaleras, entre otros manifestantes.

Los eslogans estaban en el aire, pero el  subprefecto sólo escuchó cuando María le gritó: “Usted representa a Sarko. Sarko facho, usted es un facho”, según relató en los tribunales el ofendido funcionario oficial. Él, por su parte, le respondió: “Señora, yo represento a la República”.

María Vuillet permaneció unos minutos en la barda de las escaleras antes de que dos policías subieran a buscarla. Luego de media hora en el interior de la estación, fue esposada y llevada en un furgón de la policía a una comisaría donde estuvo cuatro horas detenida. Según Vuillet, uno de los policías, que desconocía su nacionalidad francesa por matrimonio, la amenazó de una “expulsión inmediata” y la fuerza con la que la esposaron le dejó un dolor frecuente de espalda.

El delito de “Outrage”

La citación que Vuillet recibió con fecha 29 de enero, explicaba que Lacave entablaba una demanda en su contra luego de que en “ejercicio de sus funciones como subprefecto de París, fuera irrespetado en su dignidad y en su función al ser llamado facho”.


Según el artículo 433 del Código Penal francés, el delito de injuria agravada (outrage) se comete cuando una persona ofende a un funcionario público por medio “de amenazas, palabras, gestos o escritos no mostrados al público”, por lo que los medios de comunicación están protegidos gracias a la libertad de prensa.

El aumento de casos –31.731 en 2007– ha llevado a que varias organizaciones pidan su despenalización. El editor parisino Jean Jacques Reboux y el militante Roman Duannd, condenado a 800 euros por haber comparado al régimen de Sarkozy con el de Vichy, publicaron en junio pasado un ensayo de 48 páginas en el que pedían la reforma al código penal en ese punto, argumentando, primero, que la figura se ha usado sistemáticamente para atacar personas en situaciones de desventaja frente a las fuerzas policiales.

Ola de protestas

Esto llevó a que luego de la demanda de Lacave se desatara una ola de reacciones entre asociaciones, colectivos, periodistas y políticos que revivió además el debate -que parecía cerrado con el anuncio a finales de octubre- de que para 2008 la lectura de la carta de Guy Môquet sería reemplazada por una jornada de homenaje a los héroes de la Resistencia.

De pie en la sala del tribunal, Lacave fue el primero en rendir su versión. Su voz más bien baja, que contrasta con su estatura, hizo necesario el uso de un micrófono en la sala. “Lo que yo contesté fue ‘Tal vez representa la república, pero no la que Guy Môquet hubiera querido’ ”, dijo María Vuillet. “En eso me sostengo”.

La hija de María Vuillet, un diputado y otro padre de familia presente en la manifestación de la discordia testimoniaron a su favor. Todos reconocieron que se silbó al prefecto a su llegada y algunos admitieron que la palabra facho fue gritada por algunos de los manifestantes sin que María estuviera entre ellos.

En el caso del conductor de Lacave, único testigo de la parte acusadora, más que las palabras utilizadas, llamó la atención que cuando se le pidió levantar su mano derecha, lo hiciera con el brazo estirado muy hacia el frente y la palma hacia abajo.

“La cuestión aquí es saber si madame Vuillet llamó facho a monsieur Lacave”, reiteró Maud Murel-Coujard, la procuradora encargada, durante el juicio. Para el abogado Thiery Lévy, “no se puede ignorar el componente político. Es absurdo que se persiga a alguien por lo que grita en una manifestación cuando el presidente de la República llamó pauvre con (pobre imbécil) a un ciudadano que se negó a saludarlo”.

Luego de que la parte civil pidiera 1.000 euros de indemnización y el abogado de Lacave “un euro como compensación simbólica”, el defensor Lévy cerró la audiencia con la lectura de extractos de la declaración de los policías de servicio en el lugar, uno de los cuales afirmó que un cordón de seguridad había rodeado al prefecto durante su descenso a la estación. A


partir de la contradicción entre este testimonio y el del conductor y retomando las palabras de su colega, Lévy pidió la nulidad del  proceso.

Lacave abandonó el recinto deprisa sin dar declaraciones. Para el defensor, “el veredicto a nuestro favor sería un precedente importante porque impediría que el delito de injuria se convirtiera en un arma contra los manifestantes y demás personas que critican al gobierno”. El veredicto se dará a conocer el 4 de septiembre.

Para María Vuillet, de 57 años, 1,60 metros de altura, nacida en el Cauca y con un español que en treinta años de nacionalidad francesa no se ha marcado por el acento, “en Colombia existe el riesgo de ser asesinado cuando se dice lo que uno piensa; en Francia la libertad de expresión es un privilegio que no podemos dejar perder. Nunca le dije ‘facho’ al subprefecto, le dije que él no representaba la república que Guy Môquet hubiera querido y aún lo pienso. Si por eso soy condenada a pagar uno o mil euros, no me importa desde que quede claro que he sido condenada por un delito de opinión”.

El comunista que murió por culpa de  Francia

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la estación del metro de Mercadet-Balagny, en el noreste de París, se llama Guy Môquet.

Al interior, en una vitrina, se exhiben varios objetos del joven comunista detenido a los 16 años por la policía francesa y entregado a los nazis por decreto; éstos, en represalia por el asesinato del oficial Karl Hotz, lo fusilaron junto a otros 47 prisioneros, sugeridos por el Ministerio del Interior de Francia para “evitar la muerte de los franceses de bien”.

El 22 de Octubre de 1941, día del fusilamiento, Môquet escribió a su madre la carta con la que cerró la voluminosa correspondencia que mantuvo con su familia durante la detención. En ella escribió: “Hubiera preferido vivir, pero espero que mi muerte sirva para algo”.

Se convirtió de inmediato en símbolo de la Resistencia Francesa. El poeta Louis Aragon le dedicó en 1944 su obra Los Mártires. Durante las siguientes décadas, varios espacios públicos serían bautizados en su honor. Môquet es una de las figuras insignes de la izquierda francesa.

¿Quién es el demandante?

Frédéric Lacave es uno de los subprefectos de la región Île de France, una de las 26 unidades administrativas en que está dividido el territorio galo.

Nació en Rabat, ciudad de  Marruecos, en 1957. Es egresado del Instituto Nacional de Altos Estudios de la Defensa.

Luego de trabajar en el sector privado por varios años al servicio de diferentes sociedades de construcción, ingresó en 1992 al servicio público como presidente de la Casa de Europa en París.

Desde entonces ha trabajado como funcionario público y consejero en el Senado y de varias prefecturas departamentales. Su nombre ha generado una auténtica tormenta mediática por el juicio en que acusó a la colombo-francesa María Vuillet de injuria.

Lacave mantiene su testimonio. Dice que Vuillet lo llamó “facho” en la estación Guy Môquet, el 22 de octubre de 2007.

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