Un bombardeo, dos versiones

<p>Tensión diplomática entre Washington e Islamabad. Desde Afganistán, fuerzas militares de Estados Unidos atacaron un puesto fronterizo en Pakistán. </p>

Dos versiones de una misma historia se han convertido en la antesala de una grave crisis diplomática que enfrenta a dos países de dispar proporción: Estados Unidos y Pakistán.

En la noche del martes, en medio de un combate contra un grupo de talibanes, las fuerzas de la coalición liderada por Estados Unidos en Afganistán bombardearon un puesto de control fronterizo en la región paquistaní de Mohmand. El ataque acabó con la vida de 11 presuntos soldados paquistaníes y produjo la inmediata protesta del gobierno y las fuerzas militares.

Pero ayer, dos días después del ataque y mientras los cadáveres eran enterrados en la ciudad de Peshawar, las fuerzas militares estadounidenses revelaron un video aéreo que, aducen, comprueba que las fuerzas de la coalición en la frontera habían sido atacadas por talibanes que buscaron luego refugio en Pakistán. El Pentágono busca con esto demostrar que el bombardeo fue un acto de defensa propia.

Estados Unidos demandó, desde Roma, que se investigaran las circunstancias en las que se dio el bombardeo, y afirmó que incluso el Pentágono no había podido determinar la verdadera identidad de los 11 paquistaníes muertos: “Queremos llegar hasta el fondo de lo ocurrido, pero son contradictorias hasta las versiones que recibimos de distintas fuentes estadounidenses”, afirmó desde Roma Stephen Hadley, consejero de Seguridad de Estados Unidos. En el Pentágono, entre tanto, el vocero del Departamento de Defensa, Geoff Morrell, afirmó que “todos los indicios apuntan a que fue un ataque legítimo contra fuerzas que habían atacado a miembros de la coalición”

Pero en Islamabad consideran que el bombardeo fue un ataque de agresión dentro de su territorio que violarías las fronteras internacionales. El primer ministro paquistaní, Syed Yousuf Raza, condenó los ataques y ordenó una nota de protesta de su cancillería que fue presentada a la embajadora norteamericana, Anne Patterson.

El incidente pone de nuevo en evidencia las dificultades con las que se encuentran países vecinos en cuyas fronteras se esconden grupos terroristas. En el caso de Pakistán, es ampliamente conocido que los talibanes y fracciones de Al Qaeda (se especula que incluso Osama Bin Laden) utilizan los territorios paquistaníes a lo largo de su frontera con Afganistán, para planear atentados y reagruparse. “Pakistán ha sido ambivalente frente a los talibanes afganos y eso genera descontento en Estados Unidos”, le dijo a El Espectador el analista paquistaní Shuja Nawaz. Hoy, sin embargo, Pakistán está haciendo un esfuerzo por controlar esta volátil región, aunque “no cuenta con el equipo ni la experiencia para patrullar una frontera que se extiende 1.300 kilómetros”.

El malestar norteamericano, sumado a un profundo sentimiento antigringo en Pakistán, alimentan la tensión binacional. A Estados Unidos se le ve como la sombra detrás del gobierno de Pervez Musharraf, de visos autoritarios, y cuya fuerza se vio diezmada tras la victorias de los dos partidos de oposición en las elecciones parlamentarias de marzo pasado.

Así, las fuerzas políticas paquistaníes podrían utilizar el ataque a la frontera para fortalecerse localmente. “Los ataques desde la frontera van a enardecer a la opinión pública. Por eso el gobierno está haciendo tanto ruido contra los Estados Unidos, para poder salvarse de la rabia colectiva contra E.U.”, dice Nawaz.

También podría ser una oportunidad para que los talibanes profundicen las diferencias entre ambos países, cuya alianza es fundamental en la guerra contra el terrorismo. Para el analista, es importante que “ambos países estén conscientes de esta trampa”.

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