Un canje agridulce

Mientras que Israel lloró a los dos militares capturados en 2006 por Hezbolá, los liberados libaneses fueron recibidos en su país como héroes de guerra. Analistas piensan que Israel cedió mucho; otros sostienen que tenía que hacerlo.

Durante dos años, la suerte de los soldados israelíes Ehud Goldwaser y Eldad Rege, estuvo suspendida en el aire, luego de que fueran capturados por el grupo armado libanés Hezbolá, en junio de 2006.

Dos años, en los que el silencio de la organización islámica sirvió para presionar al gobierno de Ehud Olmert y así lograr un intercambio que condujo a una asimétrica ventaja para los musulmanes.

Este miércoles, la entrega de  los cadáveres de los soldados a Israel en la frontera con Líbano, a cambio de la liberación de cinco presos de Hezbolá y la entrega de 185 cadáveres libaneses y palestinos, puso fin a dos largos y tortuosos años de dudas, pero también acabó con las esperanzas de sus familias de volver a verlos con vida.

Hasta el último momento los familiares más cercanos de los jóvenes soldados se aferraron a la ilusión de que éstos pudieran regresar vivos, pero el sueño se desplomó con las imágenes televisadas que mostraban la llegada de sus cuerpos en dos ataúdes negros al cruce fronterizo de Rosh Hanikrá, en el norte de Israel.

Karnit Goldwaser, la esposa que sólo pudo compartir con su marido ocho meses de matrimonio antes de que fuera capturado, recibió entre lágrimas en la intimidad de su casa en Nahariya la confirmación oficial de la muerte. “Esperábamos una sorpresa, pero no ha sido así”, declaró apesadumbrado a los medios Omri Avni, padre de la joven.

Pese a la desilusión frente al destino de los dos soldados, varios expertos afirmaron lo importante que es para Israel la recuperación de sus soldados, fuera vivos o muertos. Según éstos, es una tradición histórica: “Cuando la comunidad judía resultaba atacada y había un secuestro, siempre se enviaba a alguien para rescatar a la víctima”, reflexiona el rabino Daniel Lendes, del Instituto Pardes de Jerusalén para Estudios Religiosos. Esta conciencia por los caídos en combate se intensificó aún más tras el holocausto judío, donde miles de cuerpos nunca pudieron ser recuperados.

Júbilo en Líbano

Y mientras la noticia ensombrecía a Israel, otro era el clima en Nakura, adonde llegaron los cinco presos de Hezbolá liberados por Israel, entre ellos Samir Kuntar, el más antiguo prisionero libanés en las cárceles israelíes.

Los cinco presos llegaron en un vehículo de la Cruz Roja y fueron recibidos por una multitud de seguidores del grupo chií.


En declaraciones a la cadena de televisión Al Manar, órgano del grupo chií, la madre de Kuntar, quien espera a su hijo en el aeropuerto de Beirut, aseguró que nunca perdió la esperanza de que regresase: “Gracias a Dios que regresaron sanos y salvos, quiero besarlo y abrazarlo”, afirmó.

El druso libanés fue capturado a los 17 años en Israel, en 1979, cuando atacaba a la ciudad costera de Nahariya. Kuntar cumplía una sentencia perpetua en Israel de 542 años por haber matado a un policía judío, a un civil de nombre Danny Haran y a su hija de cuatro años.

Kuntar es un personaje con una ambigua recordación: para los judíos, es un aberrante asesino; para los simpatizantes de Hezbolá, es un héroe de guerra.

Con él  llegaron el resto de prisioneros: Haider Zidan, Maher Kurani, Mohamed Zrur y Husein Saliman, considerados terroristas. Así como 185 cadáveres que ingresaron a Líbano transportados en camiones.

Un paso a la estabilidad

Para muchos, el precio pagado por los Israelíes superó lo ganado al recibir a sus dos soldados muertos. “Hoy hemos sido testigos de una nueva derrota de Israel y de otra victoria de Hezbolá. Israel ha perdido porque se ha visto obligado a aceptar lo que antes se negaba ni siquiera a negociar”, explicó Diaa Rashuan, experto en islamismo del Centro Al Ahram de Estudios Estratégicos, con sede en El Cairo.

Para muchos, la demostración del poder de negociación de Hezbolá conducirá en un mediano plazo a que se convierta en una fuerza legítima en el Líbano, “que puede ayudar a consolidar la unidad nacional”, dijo Walid Ardid, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Beirut.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, aseguró ayer sentirse “profundamente satisfecho” por el intercambio, y aseguró que “estos pasos contribuirán a mejorar la situación humanitaria general de la región”.

Con información de Efe.

 

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