Un hombre que trabaja por la guerra

<p>Desde el pasado primero de julio, Joseph D. Kernan vigila las aguas de América Latina.</p>

La vida del contraalmirante Joseph D. Kernan, comandante de la Cuarta Flota de la Marina estadounidense, ha estado marcada por una palabra, la que trazó su destino desde antes de llegar al mundo: guerra.

Fue concebido durante el famoso baby boom que siguió a la Segunda Guerra Mundial, cuando los hombres que llegaron de Europa, tras detener la avanzada nazi, lograron que la población norteamericana se incrementara en 76 millones de infantes. Kernan es uno de esos bebés.

 Nació el 4 de febrero de 1955, hijo de un piloto y una enfermera militar, en la Base Travis de la Fuerza Aérea, en California. Pasó la infancia rodeado de aviones, hélices y planes de vuelo, pero su futuro estaría lejos del aire.

En 1977, a los 22 años, se graduó de la Academia Naval estadounidense con una especialización en Análisis Operativo. Entonces, lo asignaron a bordo del destructor USS Horne, donde se desempeñó como Oficial Ingeniero. Eran los años de la Guerra Fría: Estados Unidos y la Unión Soviética negociaban para evitar una confrontación con armas nucleares, las dictaduras de América Latina recibían apoyo desde Washington y la China comunista intentaba acercarse a los capitalistas por medio de acuerdos comerciales. En esos tiempos convulsionados, Kernan cumplió con operaciones en el Pacífico Occidental y el Medio Oriente.

Hacia finales de los años 70, para mejorar sus habilidades de combate, ingresó al grupo Seal, el cuerpo especial de la Marina de  Estados Unidos, cuyos hombres son entrenados para cumplir misiones en agua, aire y tierra. En 1981 se graduó de esta división con un énfasis en tácticas de demolición submarina y pasó a comandar varios pelotones especializados en guerra militar, mientras cursaba una maestría en Asuntos Internacionales en la Universidad Industrial de las Fuerzas Armadas.

 Poco a poco escaló posiciones dentro de los Seal y la Marina, hasta convertirse en uno de los hombres clave de las Fuerzas Militares. Estuvo al frente de las operaciones especiales en la primera fase de las invasiones a Irak y Afganistán, donde en marzo de 2002 vivió su prueba de fuego: dirigir la ‘Operación Anaconda’.

El tres de marzo, las Fuerzas de la coalición fueron atacadas por comandos talibanes y de al-Qaeda, atrincherados en cuevas, mientras intentaban instalar un puesto de vigilancia en las montañas Arma, al suroriente de Afganistán. La confrontación, que terminó con el dominio de los aliados, se prolongó por 14 días, y mil combatientes se enfrentaron con morteros y ametralladoras pesadas a 2.700 militares. La confrontación arrojó un saldo trágico de 500 bajas de lado y lado.

Kernan salió de este operativo como un héroe, y después de terminar su labor en Asia fue nombrado, para junio de 2007, jefe máximo del Comando de Tácticas Especiales de Guerra Naval.

Cuando apenas se acostumbraba a las responsabilidades de su nuevo cargo, el Pentágono, en una designación que calificó de inusual, decidió ponerlo al frente de la Cuarta Flota, la fuerza naval que cuenta con navíos, aviones y submarinos para vigilar las aguas del Caribe, Centro y Suramérica.

El anuncio se oficializó el pasado 24 de abril, y desde entonces puso en alerta a toda la región: Fidel Castro lo consideró un acto de guerra, Lula da Silva se preocupó por sus  yacimientos petrolíferos en el mar, y Hugo Chávez, pensando en su historial, declaró: “No, compadre, no nos vas a meter miedo aunque mandes 20.000 flotas”.