Una verdadera historia de amor

El último deseo del niño Reece Fleming antes de morir, era casarse con la niña del colegio de la que siempre estuvo enamorado. Horas después de la boda en su casa, el pequeño murió. Lo último que les dijo a sus padres fue: “Ya me puedo ir”.

Desde que tenía cuatro años Reece Fleming empezó a luchar contra el cáncer. Durante mucho tiempo tuvo que someterse a largas y agotadoras sesiones de radioterapia y quimioterapia. Y aunque el tratamiento funcionó por temporadas y el niño trató de llevar una vida normal, el 5 de julio de este año la leucemia le ganó la batalla.

A finales de mayo de 2008, los médicos del Centro Médico Nottingham's Queen les dijeron a los padres de Reece que ya no había nada que hacer. Que el cuerpo del niño no resistía más tratamientos y que su muerte era cuestión de días. A Reece sólo le quedaban dos semanas de vida.

Al enterarse del dictamen, el niño, de 8 años recién cumplidos, les pidió un deseo a sus padres: casarse con “el amor de su vida”: Elleanor Purgslove, su mejor amiga y compañera de clases durante los años que asistió al colegio. “Siempre fueron muy amigos,  eran muy unidos”, contaron allegados de las familias.

Aunque durante mucho tiempo los niños se distanciaron, por cuenta de las duras recaídas que la enfermedad le provocaba a Reece, Ellie lo visitó varias veces en el hospital y el niño, según relatan familiares, siempre estuvo enamorado de ella.

Así lo confesaba cuando la veía. “Él era muy valiente con los tratamientos médicos, pero ver a Ellie siempre le dio mucha fuerza. Era un amor verdadero, un amor infantil pero real”, relató uno de sus familiares a un periódico de Londres, ciudad que todavía está muy conmovida con la historia que esta semana se dio a conocer.

La boda

Los padres de Reece y Ellie hablaron del último deseo del menor y todos estuvieron de acuerdo en que el niño le propusiera matrimonio a su amiguita. “Fue durante una fiesta que nuestro hijo le hizo la propuesta a Ellie. Y su felicidad fue absoluta cuando ella aceptó sin dudarlo”, contó Lorraine Fleming, mamá de Reece, a la prensa británica.

“Él y Elleanor siempre fueron buenos amigos, pero él repetía con frecuencia que se quería casar con ella. Eso fue algo que siempre estuvo en su corazón”, contó la mamá de Reece. Y agregó:  “Él me dijo: ‘mami no estoy listo para irme todavía’” y


volvió a hablar de su deseo de casarse. Eso era simplemente una muestra de todo lo que significaba Ellie para él. En ese momento supe que casarse con ella era lo que él más quería que sucediera”.

Los cuatro padres estuvieron de acuerdo e hicieron hasta lo imposible para que el “matrimonio” de los niños fuera lo más real posible. El poco tiempo que le quedaba a Reece provocó que los preparativos para la boda se hicieran en tiempo récord. La mamá de la niña le compró el vestido y una corona para su cabeza y arregló todos los detalles del matrimonio.

Hubo ponqué, anillos, vestido de novia y fiesta en la casa de Reece en Derby, en el Reino Unido. La boda se realizó en el cuarto del pequeño. Él se puso su mejor camisa y ella llegó vestida con el vestido de novia. Incluso, la mamá de Ellie hizo las veces de vicario y les dio un “certificado” de matrimonio.

“Estaba tan orgulloso de ella, y nosotros estamos tan orgullosos de los dos. Reece se aferró a la vida porque siempre dijo que quería casarse con ella. Fue emocionante, no se puede describir con palabras la ceremonia. Estaban muy callados, pero había muchos sentimientos en la habitación”, contó Lorraine.

Y agregó: “Estoy segura de que Reece sabía que no le quedaba mucho tiempo, pero estaba tan determinado en casarse con su amiguita que aguantó lo que más pudo hasta que logró su cometido”.

El día de la boda, después de la ceremonia, el pequeño se animó a salir. Se sentía muy bien. La cara de felicidad era evidente. Las familias fueron a cenar a un restaurante en limusina.

Al día siguiente, Reece se levantó feliz. Todavía le brillaban los ojos y en su cara se dibujaba una sonrisa. Fue al sillón de la sala de su casa y le dijo a su mamá que no se sentía muy bien.

Luego, se fue a su habitación y comenzó a recordar su boda, el día anterior. A las pocas horas murió. Pero antes de hacerlo le dijo a sus padres: “Ahora puedo irme en paz”. Reece había cumplido su sueño: casarse con el “amor de su vida”.

 

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