Unas veces lobos, otras veces corderos

El signo del presidente de Venezuela es el zigzag. Seguir los pasos de Hugo Chávez Frías es como intentar un viaje al laberinto.

El presidente va y viene, dice y se desdice, decreta el alba cuando está anocheciendo, pero maneja la palabra de tal modo que con unas va borrando las otras sin que muchos se den cuenta. La única conclusión a que se puede llegar después de diez años en el poder es que el presidente siempre nos sorprenderá y que después de los golpes de pecho vendrán los golpes al mentón.

El presidente va y viene y ahora inaugura otra etapa “pacífica”. A partir del episodio de las computadoras de Raúl Reyes y de sus iras y protestas, de los minutos de silencio por la muerte del guerrillero, de la confesión de pesar por la muerte de Marulanda y de otras expresiones de solidaridad con las Farc, Hugo Chávez  hizo declaraciones históricas al expresar que “las guerrillas no tienen vigencia en el siglo XXI, que las Farc deben entregar a los rehenes, y que, en última instancia, las Farc deben disolverse y buscar la paz”.

Fueron tantos los pasos audaces que dio el presidente en esas peligrosas relaciones con las Farc, que deben haber reparado él o sus consejeros en los terrenos pantanosos en que se estaban moviendo que lo podrían conducir a situaciones inmanejables.

No es difícil imaginar por qué Chávez Frías está tomando estas decisiones. El presidente está en campaña electoral y trata que sus candidatos no sean derrotados en las elecciones para gobernadores y alcaldes el 23 de noviembre. De ahí que el presidente esté inquieto y trate de tranquilizar al país.

No habrá tranquilidad  en el futuro en un país petrolero, con los  precios más altos que conoce la historia, a más de 100 dólares el barril venezolano, y, sin embargo, la deuda exterior del país asciende a 45 mil millones de dólares, y la deuda de Petróleos de Venezuela sobrepasa los 20 mil millones de dólares.

Las consecuencias de las políticas del zigzag de Hugo Chávez se trasladan de lo nacional a lo internacional. Así lo ilustra la decisión del presidente Rafael Correa de desvincularse del Alba (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), con lo cual sólo quedan en la supuesta alternativa países que no tienen escapatoria como Nicaragua, Bolivia y Cuba, subsidiados por los petrodólares que cabalgan sin rendición de cuentas. Obviamente, el presidente ecuatoriano que ha acompañado en diversas circunstancias al presidente Chávez, creándose serios problemas de credibilidad dentro y fuera de su país, parece estar buscando con la decisión del viernes 13 de junio una cierta distancia.

Chávez, en fin, unas veces se viste de lobo y otras de inocente cordero. Ahora juega al papel de San Francisco de Asís. De lo dicho por el presidente venezolano, queda una verdad: las guerrillas son anacrónicas en el siglo XXI. Tan anacrónicas como las dictaduras y los caudillismos.

 

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