Y, ¿qué hacemos con los mediadores?

La operación que terminó con la liberación de 15 secuestrados plantea un dilema: negociación o rescate. Betancourt dijo que va a buscar la ayuda de Venezuela, Argentina y Ecuador para la liberación de otros rehenes.

Una acción militar le ganó a la diplomacia que durante varios años adelantaron los países amigos. Es hora de analizar la estrategia a seguir con el grupo guerrillero.

Si algún tema llenó las columnas de opinión del mundo entero, durante los días posteriores al rescate de Íngrid Betancourt, fue la incómoda posición en la que quedaban, con el resultado de la operación de inteligencia militar, todos los países que de una u otra forma intentaron mediar para lograr un acuerdo humanitario entre el Gobierno y las Farc.

Ningún esfuerzo, ningún logro  de países como Venezuela, Francia o Argentina, fue recordado. Al contrario, Chávez, Sarkozy, Kirchner y Correa fueron duramente criticados. Analistas, antes muy afines a estos mediadores, reconocieron que la presión internacional no había logrado conmover a las Farc. El secretario general de Reporteros Sin Fronteras, Robert Ménard, duro crítico de Álvaro Uribe, fue el más contundente: “No fue la negociación la que logró la liberación de Íngrid”, dijo.

Con la estrategia de Uribe las palabras “acuerdo humanitario” cambiaron de significado. Y con ellas, el papel de la mediación internacional, que en un clima de absoluto triunfalismo, quedó en un limbo incierto.

Nadie lo pudo resumir mejor que el reconocido periodista francés Alain Ammar, cuando escribió en Le Monde:  “La liberación de Íngrid Betancourt es producto de un acto militar y no de un proceso político”.

Pero aún las Farc tienen en su poder a 25 secuestrados “canjeables”, 700 secuestrados por extorsión, y la posibilidad de prolongar por mucho tiempo el conflicto interno.

Frente a este escenario, cinco analistas políticos reflexionaron con El Espectador sobre el futuro papel que podría jugar la comunidad internacional.

Con la reportería de: Ana María Durán (París); Nicolás Cuéllar (Buenos Aires); Érika Fontalvo (Madrid) y Juan Camilo Maldonado (Bogotá).

El triunfo del Gobierno

Las Farc ya no son un opositor invencible, están debilitadas, y su humillante derrota fortalece al presidente Álvaro Uribe, opina en Madrid Carlos Malamud, catedrático de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España,

La operación fue un “golpe demoledor, una bofetada en plena cara a la autoestima y la combatividad de quienes ya están tocados en su moral y ven impotentes cómo sus mecanismos de mando y control ya no funcionan”.

Ahora, Uribe podrá “poner sus condiciones, sin ningún tipo de trabas, en un futuro canje humanitario”. La comunidad


internacional lo debe entender así: las presiones para que negocie bajo las exigencias impuestas por las Farc, luego del demostrado éxito de su estrategia de seguridad democrática, hoy resultan totalmente desfasadas.

La posición de Francia o de Venezuela y de algunos actores como el presidente Hugo Chávez o la senadora Piedad Córdoba ha quedado desautorizada por la contundente operación del Ejército colombiano, que refuerza la posición de Uribe.

Un camino que la comunidad internacional debería cuidarse de volver a transitar, si no cuentan con las suficientes garantías, en caso de seguir colaborando con la liberación de los secuestrados en Colombia.

Mediaciones provechosas

En París, Olivier Dabène, director de los Programas Latinoamericanos del Instituto Sciences Po, sostiene que “el asunto de los secuestrados colombianos es políticamente provechoso para el presidente Nicolás Sarkozy, por lo que continuará con la ayuda que ha venido propiciando”.

El experto defiende la posibilidad de que actores internacionales continúen colaborando en la liberación de los secuestrados, pero ve con malos ojos el papel de Hugo Chávez y Rafael Correa: “Usaron el tema del intercambio humanitario para obtener beneficios políticos haciendo pasar a Uribe como un presidente sumiso frente a E.U. y despreocupado por los secuestrados”. Ellos, los actores, habrían interpuesto sus intereses domésticos por encima del objetivo de llevar a buen término el acuerdo humanitario.

Estados Unidos tendría además un papel decisivo y directo, como proveedor de sustento militar que ayudó a debilitar a las Farc.

Íngrid Betancourt, un faro de paz

El experto argentino en seguridad internacional Juan Gabriel Tokatlián sostiene que tras la liberación de Betancourt serán las decisiones que tome la ex candidata las que determinen el tipo de papel que cumpla la comunidad internacional en el proceso de liberación de los secuestrados.

“Ella decidirá si exigir un acto a las Farc, o si armar una especie de grupo de amigos de las acciones humanitarias en Colombia, o si gestar un mensaje internacional que exija que las Farc prometan que están dispuestas en un futuro a sentarse en una mesa de negociación. Cualquiera que sea la decisión, girará en torno al lugar desde donde hable Betancourt. Ella se convertirá en un faro de la paz”, augura Tokatlián.

Señala, también, que el caso de Íngrid se vuelve emblemático para la política interna de derechos humanos que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner lidera en Argentina.

En la región “se reordenará todo el mapa de los países de la región en torno a la relación que tienen con respecto a Colombia”, añade Tokatlián, quien hace mención de lo dicho por el presidente francés, Nicolás Sarkozy, al recibir a la ex candidata el viernes pasado: “Es todo un continente el que se ha movilizado por Íngrid Betancourt”.


Necesitamos “diplomacia callada”

Pedro Valenzuela, director de la especialización en resolución de conflictos en la Pontificia Universidad Javeriana, sostiene que hay que tener en cuenta que las Farc, aunque debilitadas, no están derrotadas. “Uno puede debilitar a un actor, pero si no se le ofrece una posibilidad de salida aceptable y honorable, es probable que persista en la guerra, por más debilitado que esté”, dice.

Y en este contexto, la experiencia internacional demuestra que  “es muy difícil que las partes lleguen a una solución negociada sin la participación de terceros”.

Uno de los aprendizajes en la mediación de Chávez, piensa Valenzuela, es que hay que tener cuidado con la espectacularidad  de los mediadores. “Chávez tenía grandes posibilidades de generar un acercamiento con las Farc y tenía la legitimidad de ser representante de un Estado. Pero en algunos momentos hizo algunas declaraciones que llevaron al Gobierno a desistir de su ayuda. Un mediador debe generar confianza en ambas partes”.

Para Valenzuela, el futuro de una misión en Colombia debería incluir “una diplomacia un poco más callada, un poco más informal”. Con actores legítimos que inspiren confianza, como la Iglesia Católica o algunas ONG internacionales como la comunidad de San Egidio. Luego, escalonadamente, ir involucrando actores de más peso, que sean capaces de presionar con sanciones y recompensas a las partes.

No descarta a Chávez en esta segunda fase, porque pese a su “tremenda ansia de protagonismo”, cuenta con credibilidad frente a las Farc. No ve, por otro lado, con qué recursos podrían ayudar gobiernos como el ecuatoriano y el argentino, “a menos que hagan parte de un actor colectivo”.   

Una alianza euro-norteamericana

 La aparición de pesos pesados en la mediación internacional implica un cierto reconocimiento a la guerrilla en la arena global, “por eso al  Gobierno colombiano no le interesa este tipo de mediación; legitima demasiado  a las Farc”, dice Juan Pablo Lederach, profesor del Instituto de Estudios para la Paz, en la Universidad de Notredame.

Señala, también, que actualmente la guerrilla, debido a su desarticulación interna, no tiene un mando unificado que le permita negociar de manera coherente.

En el futuro, “se necesita un espacio más innovador en Colombia, que debería combinar apoyos internacionales, con un espacio de personas y grupos claves que puedan crear una especie de telaraña para la negociación, que lo mantenga más sostenido en el tiempo y que pueda superar los ciclos políticos que casi siempre marcan el sí o no de las negociaciones”, sostiene Lederach.

El experto es más cercano a promover un grupo de países acompañantes que incluyan bloques de poder, como la Unión Europea, con Francia, Suiza, Suecia y Noruega a la cabeza, y Estados Unidos, que podría jugar un papel inédito en el país, de salir victorioso en noviembre el candidato demócrata Barack Obama, quien “ha demostrado en su campaña que cree en los espacios de diálogo, con una perspectiva más definida frente a lo que es el terrorismo”.  

Europa y E.U. podrían trabajar en llave con algunos países de la región y actores locales, para reconstruir la confianza entre el Gobierno y las Farc. Sin embargo, “no se puede realizar una mediación si no hay una invitación expresa del Gobierno. Y esto no es una convicción que nace de un día para otro: el suelo debe estar bien preparado para sembrar la semilla”.

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