El ultimátum a los golpistas

Después de varias horas de negociaciones, que empezaron en la noche del martes, la OEA aprobó una resolución en la que advierte a los actuales gobernantes de Honduras que si Manuel Zelaya no es restituido en tres días, ese país será expulsado de la organización.

Esta resolución corrige, en cierta medida, los planes que Zelaya y la OEA tenían, que eran los de que el presidente viajara a Tegucigalpa, acompañado por Insulza, para convertir su presencia allí en una recuperación de hecho del poder.

Ni los nuevos dirigentes hondureños deben de estar tan débiles ni los que apoyan a Zelaya deben de estar tan seguros, cuando se ha preferido evitar ese gesto de fuerza y recurrir a vías más diplomáticas.

El gobierno estadounidense está, por el momento, canalizando su acción pública a través de la OEA. Pero se le hace urgente encontrar una salida en el plazo marcado por esa organización para evitar que el presidente venezolano, Hugo Chávez, llene el vacío que pueda quedar después. Si la OEA, con el apoyo norteamericano, no consigue reponer a Zelaya, el camino quedará expedito para la solución insurgente que sugiere Chávez.

Estados Unidos parece consciente de que está corriendo aquí más riesgos de los que jamás pensó en un país como Honduras, y trata de cuidar sus movimientos para que gane Zelaya sin que gane lo que Zelaya significa. En otras palabras, sin que gane Hugo Chávez ni el populismo.

De momento, no existen en absoluto garantías. Pero Washington va con cautela. No llama a consultas a su embajador en Tegucigalpa porque una ruptura de la comunicación con una de las partes sólo conseguiría complicar la situación.

* Columnista del ‘El País’, de España.

 

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