“La historia me absolvió”: Edén Pastora

El mítico ‘Comandante Cero’ tenía 42 años cuando ayudó a derrocar la dictadura somocista. Lo entrevistamos en busca de sus recuerdos.

“¡Mucha atención! Hoy Anastasio Somoza renunció a la presidencia del país”. Tan pronto escuchó la frase repetida a todo volumen por los radios que cargaban sus compañeros, Edén Pastora sonrió. “Venía avanzando por la carretera hacia la capital”, recuerda el mítico comandante sandinista con una voz llena de energía, la misma con que impartía órdenes a los cientos de jóvenes que buscaban liberar a Nicaragua de la dinastía Somoza, la misma que gobernó con mano de hierro por más de 40 años.

Fue cuando la marcha se hizo más corta. Tras la salida de Somoza al exilio, primero a Miami y después a las Bahamas, el poder recayó en Francisco Urcuyo, el presidente del Congreso, quien, como primer acto de gobierno, le hizo un llamado a la guerrilla del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) para deponer las armas.

La petición presidencial fue descartada por los sandinistas; la dirección general del grupo ordenó a sus hombres enfilar el rumbo hacia la victoria: Managua. Durante el trayecto, Pastora recordó el momento con que se inició el final de la dictadura somocista. “Cuando comenzaron los asesinatos políticos. Tan pronto Somoza asesinó a Sandino, al patriota nuestro, se puso a las órdenes de un gobierno extranjero. Cuando tomó el mando político militar comenzó la decadencia”, asegura.

Mientras los edificios de la capital comenzaban a divisarse en el horizonte, la memoria del comandante sandinista de 42 años lo devolvió a la Guadalajara de su juventud, al preciso instante en que decidió abandonar los estudios de Medicina para derrocar al gobierno que mató a su padre, Pánfilo Pastora, un campesino conservador que quiso heredarle la labranza de la tierra por encima del estudio.

Pero Edén había nacido con un corazón revolucionario. “Sandino nos dio un norte con su conciencia de clases, con su conciencia nacionalista y con su lucha contra la ocupación extranjera”, comenta, y rinde homenaje a la memoria del prócer nicaragüense con una de sus frases: “La libertad del pueblo no se discute, se defiende con el arma en la mano”.

Entró a las filas sandinistas con 24 años y de inmediato se cargó un fusil al hombro y se adentró en las montañas. Mucho tiempo después, en una entrevista a un medio mexicano, relató que sus conocimientos médicos le sirvieron para amputar piernas y brazos, además de extirpar ojos y testículos de los compañeros que caían por las balas somocistas.

Y así, entre los zumbidos de las municiones que le pasaban cerca, el Comandante Cero planeó la operación que lo inmortalizaría. “Se lo propuse a la Dirección Nacional Sandinista y nos tomó ocho años perfeccionarlo”, rememora al preguntársele por el ‘Operativo Chachera’: la toma del Palacio Nacional en 1978, con el que se logró la liberación de la cúpula guerrillera, además de la retención de los legisladores y funcionarios fieles al régimen somocista: “Se llamó así porque los llamábamos chanchos. Con eso logramos el estremecimiento social. El pueblo de Nicaragua supo que el somocismo era vencible”.

Pero, sin duda, uno de sus más grandes recuerdos es el del 20 de julio de 1979: cuando entró con sus hombres a Managua para oficializar el triunfo de la Revolución Sandinista y ser recibido como héroe de guerra. “Había mucho regocijo, las madres llorando, las novias buscando a sus parejas, las voces de los niños, la algarabía… Todo era alegría, todo era victoria”, comenta Pastora, quien se fundió en un abrazo con la cúpula del FSLN.

La pelea fraternal

Una vez los sandinistas cumplieron con su objetivo y accedieron al poder, el Comandante Cero fue puesto al frente de las nuevas milicias del Frente Sandinista y, poco después, nombrado viceministro del Interior. Pero con el paso de los días su ímpetu gubernamental se fue perdiendo a medida que una nueva fuerza entraba a la política nicaragüense: “Vi que mis compañeros, mis hermanos, mis jefes, estaban tratando de implementar el marxismo leninismo. No entendieron que para ser comunistas mañana tenían que ser sandinistas hoy”.

Pastora renunció definitivamente al gobierno en 1981 y volvió a terciarse un fusil al hombro. Esta vez dispararía contra sus compañeros de lucha.

El gobierno sandinista calificó la deserción de traición y le decretó la muerte, pero su ánimo continuó intacto y partió a organizar una nueva lucha armada. En esas andaba cuando la muerte tocó a su puerta en 1984: una bomba estalló en su campamento, cerca de la frontera entre Nicaragua y Costa Rica. El impacto mató a siete personas y le dejó heridas graves; al mismo tiempo, desde la capital, los sandinistas enfrentaban los embates de la contrarrevolución financiada desde Miami.


Hoy, 25 años después de ese incidente, Pastora no guarda rencor alguno. “Fidel dijo una vez: ‘La historia me absolverá’, y yo acostumbro decir que la historia me absolvió. Hoy todo el mundo dice: ‘El único que no se equivocó fue Edén’”.

Las paces con la cúpula sandinista las hizo hace tiempo y hoy es uno de los grandes defensores del presidente Daniel Ortega. “Ellos entendieron que no los traicioné y que nos estábamos matando a golpes en la misma acera”. Pastora tiene hoy 72 años y su nuevo sueño es dragar el río San Juan, para lo cual ya recibió el apoyo presidencial.

Los sandinistas vistos por el ‘Comandante Cero’

En diálogo telefónico desde Nicaragua, el ex comandante guerrillero Edén Pastora recordó a los hombres con quienes derrotó a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle.

El Espectador: Defina el papel de los siguientes personajes durante la Revolución: Daniel Ortega.

Edén Pastora: Trascendental, importante, definitivamente decisivo.

E.E.: Humberto Ortega.

E.P.: El estratega, el hombre que tira y encoge, el hombre que te abre, que cierra.

E.E.: Tomás Borge.

E.P.: Un político intelectual y revolucionario radical.

E.E.: Sergio Ramírez.

E.P.: Un oportunista. Un intelectual metido a revolucionario creyendo que la revolución eran reformas. Y cuando se perdieron las elecciones y él perdió el poder, se fue de la Revolución.

E.E.: Francisco Rivera, alias ‘El Zorro’

E.P.: Ah... Un norte, una estrella, una luz en el fondo del túnel. Un ejemplo para los nicaragüenses.

E.E.: El diario ‘La Prensa’

E.P.: Cumplió etapas positivas contra Somoza. Tuvo intentos por entender el proceso revolucionario.

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