Pieza de juego

Cómo se juegan los intereses de Estados Unidos en Colombia y el caldeado Honduras. Análisis.

Honduras equivale a la décima parte del área terrestre de Colombia. También es un país tropical, dividido por tres cordilleras, con costas sobre el Caribe y el Pacífico. Ambos países comparten frontera marítima, tienen problemas limítrofes con Nicaragua y son plataforma militar de EE.UU. 

En el siglo XX, Honduras se convirtió en una de las “banana republics”. La United Fruit Company se alió con el Partido Nacionalista mientras la Cuyamel Fruit Company lo hizo con el Partido Liberal. La competencia entre las dos empresas condujo a la invasión militar de EE.UU. en 1924. Décadas después, entre 1965 y 1974 la dictadura del general Oswaldo López sería aupada por la  bananera United Brands.

En 1982, con los sandinistas en Nicaragua, y las guerrillas en El Salvador y en Guatemala, EE.UU. convirtió a Honduras en base militar contra el desafío. En su base aérea de Pamerola (luego llamada Soto Cano) se asentaron 1.100 efectivos de la Joint Task Force Bravo (JTFB), dependiente del Comando Sur. Su misión primaria ha sido facilitar ejercicios militares norteamericanos en la región. Así procuró disuadir acciones contra Honduras desde Nicaragua y albergó unidades de inteligencia para apoyar la contrainsurgencia salvadoreña. Finalizado el conflicto centroamericano, la base pasó a apoyar la red de vigilancia estadounidense del Caribe.

Los militares hondureños mantuvieron su preeminencia hasta 1994, cuando el presidente Carlos Reina procuró su reestructuración, no sin soportar un amago de golpe. En cambio, el gobierno de Ricardo Maduro (2002-2006) aportó un batallón hondureño para la invasión de Irak por EE.UU.

La población hondureña está entre las más pobres del continente. Prometiendo superar tal situación, en 2006 obtuvo la presidencia Manuel Zelaya, quien vinculó a Honduras a la Alternativa Bolivariana (Alba) liderada por Venezuela. En seguida, Zelaya impulsó su reelección, y esto  condujo, finalmente, al golpe.

Más que una acción encubierta de los conservadores desde Washington, como sugieren algunos, el golpe constitucional en Honduras refleja el estilo retórico impuesto por Obama. Primero, porque Honduras se incluye en el perímetro de seguridad doméstica estadounidense, lo que ningún presidente por muy progresista va a desconocer. Segundo, Honduras es una plataforma de proyección estratégica militar sobre Latinoamérica y el Caribe que el Alba busca dislocar. Por último, formalmente fue un golpe conducido por civiles al amparo de la legislación hondureña. Ya en 2006 Zelaya intentó hacer de la Soto Cano una base comercial. Así que su reelección lo convertía en amenaza para la seguridad de EE.UU.

Para Colombia las implicaciones son graves: Honduras es un aliado en la disputa fronteriza con Nicaragua, el Alba es un instrumento que reúne a países contradictores de Colombia y EE.UU. es un aliado en la lucha contra el narcotráfico y la subversión. Colombia, por principio, no puede aceptar el golpe. Pero la reelección de Zelaya favorece a Venezuela y Nicaragua. A Colombia, por seguridad, le afecta el cierre de la base Soto Cano en su lucha contra el narcotráfico. Pero otorgar bases a EE.UU. en territorio colombiano nos convertiría en otra Honduras.

 Profesor de Geoestrategia, Universidad Javeriana

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