ETA, cincuenta años de miedo

<strong>Espectador</strong> habló con dos víctimas a propósito del aniversario de su creación.

Eta: Euskadi ta askatasuna (Euskadi y libertad). Con estas siglas, hace ya 50 años, unos jóvenes independentistas vascos fundaron el grupo terrorista que lleva atemorizando décadas a la población española. En profundo desacuerdo con la represión ejercida por la dictadura franquista hacia el pueblo vasco (se prohibió hablar el idioma propio de la región, el euskara), estudiantes nacionalistas fundaron dentro del Partido Nacionalista Vasco (que dominó el panorama político hasta marzo de 2009) un grupo de reflexión llamado Ekin. La decepción hacia su padre político (PNV) fue en aumento por lo que consideraban una servidumbre hacia el régimen opresor.

Así, Ekin se escindió  dando paso a Eta. Las dos reivindicaciones fundamentales que se mantienen hasta el día de hoy en el ideario de la banda son la independencia del País Vasco respecto de España, por considerar que se trata de una nación distinta, y la anexión de Navarra, una región del norte en la que el nacionalismo tiene un peso marginal al País Vasco.

Este viernes 31 de julio se cumplen 50 años desde que se celebrara  la junta constitutiva del grupo. Día también en el que Sabino Arana, padre del nacionalismo vasco, sustentado sobre el principio de la raza y la religión, fundó el PNV allá por 1885 y que coincide con la festividad de San Ignacio de Loyola, de gran popularidad en el País Vasco.

Con un saldo de casi 900 muertos, decenas de secuestrados y más de 45.000 personas amenazadas, Eta se encuentra, según el periodista e historiador Florencio Domínguez, en “el momento de mayor debilidad” desde su fundación. Incapaz de llevar a cabo el tipo de golpes que durante los años 80 convirtieron las calles españolas en una sangría y las bombas en el pan de cada día, Eta se encuentra sumida en el conocido  “síndrome de filtración” que le llevó ya en 2002 a poner en marcha un plan de reestructuración y de establecimiento de filtros en el proceso de reclutamiento.

Así, no logró más que acrecentar la paranoia enfermiza por la seguridad en la que se ha visto envuelta en los últimos tiempos. Acorralada y sin más salida que el abandono de las armas, el proyecto político de Eta, y no la lucha armada, continúa recibiendo apoyo por parte de un tercio de la población vasca. Y es que la idea de un pueblo independiente o con gran autonomía respecto del Estado español continúa siendo el cáliz de muchos.

El Espectador habló con dos víctimas sobrevivientes. Dos historias, dos visiones, dos vidas en torno al conflicto.

Conozca para tratar de comprender.

El fin de la credibilidad de Eta

El 30 de diciembre de 2006 Eta rompió la tregua que había declarado en marzo de ese mismo año. Dos etarras estacionaron una furgoneta cargada de explosivos en el parqueadero de la terminal T-4 del aeropuerto madrileño de Barajas.

El atentado se produjo dos días después de que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ratificara su confianza en el “proceso de paz”. Los terroristas avisaron minutos antes de la explosión a los servicios de urgencias, pero éstos no pudieron salvar la vida de dos ciudadanos ecuatorianos que permanecían dormidos en el interior de sus vehículo. El atentado supuso el fin de la credibilidad de Eta.

Vea los testimonios de las víctimas sobrevivientes Irene Villa y Pilar Elías

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