El día de La Dama

Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de Paz y símbolo de la resistencia contra la dictatura birmana, podría pasar cinco años más en la cárcel.

Tiene 64 años, es delgada y frágil, y desde 1989 está presa en su casa, en Rangún, antigua capital de Birmania. Su partido, la Liga Nacional para la Democracia, ganó las elecciones en 1990 por mayoría aplastante. La Junta Militar, en poder desde 1962, se negó a tener en cuenta este resultado y le pagó el triunfo en las urnas con la detención.

Su arresto, condenado incesantemente por el mundo entero, debía concluir en mayo pasado. Pero una serie de sospechosos acontecimientos la tienen a punto de continuar encerrada, por lo menos por cinco  años más. Se le acusa de haber violado en mayo pasado los términos de la detención domiciliaria. Según fue reportado, un ciudadano estadounidense, John Michael Yettaw, logró eludir la vigilancia en torno a la casa de la presa política y llegar nadando por el lago Inle, anexo a la vivienda. Allí permaneció dos días.

 Estas sospechosas circunstancias han sido el centro del juicio que se celebra en la prisión de alta seguridad de Insein, en Rangún, que ha contado con la presencia de algunos enviados diplomáticos europeos. Sin embargo, pese a este tímido gesto de apertura por parte de los militares, sus seguidores temen que sea declarada culpable.

Un testigo en la zona, que reside a pocas cuadras de la casa de Suu Kyi, le confesó a El Espectador que, contrario al despliegue que su juicio ha tenido en medios internacionales, en Birmania la dictadura ha impuesto un silencio de hierro. “Oficialmente en el país no se sabe nada, los periódicos birmanos casi no tratan el tema y la mayoría de la gente no dice nada porque tiene miedo. A los extranjeros nos vetaron hablar de política. Hay muchos espías que aprovechan cualquier excusa para sacarnos”.

La secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, ofreció la semana pasada al régimen birmano una política de fomento de la inversión estadounidense en el país si la Junta Militar se comprometía a liberar a Suu Kyi y al resto de los presos políticos, aproximadamente 2.100, según Amnistía Internacional.

Desde que arrancó, el pasado 18 de junio, el juicio contra La Dama ha sido condenado por gobiernos de todo el planeta. Es cierto que la continuada ausencia de la Nobel de la Paz birmana es un recordatorio de la represión existente en el país y de que la promesa de un mundo en donde todas las personas disfrutan de todos los Derechos humanos sigue sin cumplirse.

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