Por fin en casa gracias a Bill Clinton

La historia detrás de las periodistas norteamericanas liberadas en Corea del Norte.

“Hace 30 horas Euna y yo éramos prisioneras en Corea del Norte. Sentíamos que en cualquier momento podríamos ser enviadas a un campo de trabajos forzados. De repente nos dijeron que debíamos acudir a una reunión. Fuimos llevadas a un lugar y, cuando entramos, vimos frente a nosotras al presidente Bill Clinton. Nos quedamos en shock, pero en seguida supimos en el fondo de nuestro corazón que la pesadilla de nuestras vidas estaba llegando a su fin”.

Así relató la periodista norteamericana Laura Ling la odisea vivida junto a la también reportera Euna Lee después de que fueran apresadas en Corea del Norte hace ya cuatro meses. Titubeante y con el rostro marcado por el cansancio, Ling agradeció la intermediación del ex presidente Bill Clinton, así como el apoyo de Al Gore, ex vicepresidente y cofundador del canal de televisión on-line Current TV para el que trabajaban las liberadas.

La decisión de embarcarse en una aventura periodística por el Lejano Oriente no era algo nuevo para Laura Ling. La periodista había afrontado ya el reto de cubrir focos informativos calientes, como Sri Lanka, el régimen militar de Birmania e incluso osó indagar acerca de la trata de esclavos en Brasil. En esta ocasión el encargo no parecía diferente. El objetivo: investigar acerca del tráfico de mujeres y niños desde Corea del Norte hacia China a través de la frontera que divide a los dos países.

Sin embargo, el 17 de marzo el tiempo decidió detenerse para las dos norteamericanas que fueron acusadas de cruzar ilegalmente al país norcoreano. Fueron inmediatamente trasladadas a una prisión y comenzó así una carrera de desgaste psicológico que se prolongaría durante 140 días y que se volvió aún más cruel cuando el 8 de junio fueron condenadas a 12 años de trabajos forzados en los temidos gulags del país. Los días transcurrían lentos y sin solución a la vista ante un régimen enemistado con los EE.UU. que optó por el silencio. Mientras tanto, Euna perdía peso con rapidez, la úlcera de Laura se agravaba y un extraño bulto aparecía en su abdomen.

 Los familiares, por su parte, luchaban contra un cronómetro que avanzaba hacia el fin de la esperanza por la liberación de las dos mujeres. La popularidad de la hermana de Ling, colaboradora de la CNN y el Show de Oprah, ayudó a que la familia lograra hacerse un hueco en la pequeña pantalla con el fin de sensibilizar a la población acerca del caso. Facebook, Twitter y una página web se convirtieron en altavoces de la lucha por la libertad.

“No sobreviviré en el campo”, le dijo Laura Ling en una conversación a su hermana. La desesperación se apoderaba de las reporteras por momentos, aunque trataban de mostrarse tranquilas. “Las condiciones aquí son decentes”, continuó Ling. Al tiempo, cientos de desconocidos se reunían en Los Ángeles en una vigilia para reivindicar la excarcelación de las mujeres. Finalmente, las plegarias anónimas fueron escuchadas.

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