“No creo en la derecha”

El ex presidente chileno estuvo en Bogotá para conmemorar los 20 años del magnicidio de Luis Carlos Galán. Habló de  reelecciones, milagros chilenos e insistió en  que la región defina su posición frente al cambio climático.

Académico, diplomático y estadista, Ricardo Lagos ha tenido una vida tan íntimamente ligada a la historia de su país, que una conversación con él pareciera revelar claves mágicas del milagro chileno: esa vertiginosa metamorfosis de una dictadura a una vibrante democracia y del neoliberalimo a la socialdemocracia.

En los setenta fue figura clave en el gobierno de Salvador Allende; en los ochenta, uno de los más activos promotores del fin de la dictadura de Pinochet, y en el año 2006, tras seis años de mandato, dejó la presidencia de su país con 70% de aprobación. Esta semana se le vio por Bogotá, en el foro organizado por la Fundación Luis Carlos Galán para conmemorar los 20 años del magnicidio del líder liberal. Habló de democracia y de la crisis económica, y repitió una y otra vez lo que parece ser una de sus obsesiones: que los Estados latinoamericanos se comprometan a  garantizar e incrementar las oportunidades de todos sus ciudadanos.

Puntual, generoso con su tiempo, pero a su vez exigente con su agenda, El Espectador logró robarle unos momentos durante su fugaz paso por la ciudad.

Hace poco se molestaron en su país porque usted dijo que “nunca votaría por la derecha”, ¿siente usted que un gobierno conservador en Chile desmontaría lo logrado por la socialdemocracia durante los años que llevan al poder?

El tema no radica en montar o desmontar; el tema es sobre cuál es la filosofía detrás. Un gobierno de derecha normalmente es un gobierno que quiere hacer una sociedad a imagen y semejanza del mercado que reproduce las iniquidades del mercado. Y creo que la sociedad es demasiado importante para que la definan el mercado y los consumidores. La sociedad debe ser definida por los ciudadanos.

Deme un ejemplo...

Muy simple. El sistema de salud que ha propuesto el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, es decisión de los ciudadanos, pues no se puede dejar morir a 49 millones de personas por no tener ningún tipo de sistema de salud. Los ciudadanos definen lo que Bobbio llama un “mínimo civilizatorio” que tiene que haber en toda sociedad. Y ese mínimo civilizatorio va a aumentando a medida que la sociedad va creciendo. Tú puedes decir que eso lo maneje el mercado: que el mercado resuelva qué automóviles vas a tener; pero no que resuelva si vas a tener salud o educación. Esa es la línea divisoria con la derecha. Por tanto, cuando yo digo: “No voto derecha” es porque no creo en eso.

Usted, que ha defendido siempre la socialdemocracia desde los tiempos de Allende, ¿cómo explica la radicalización de la izquierda en países como Venezuela?

Algunos creen que hay un atajo. Que hay una forma de andar más rápido. Y, por lo tanto, se desestima el trabajo lento y laborioso de crecer día a día, a final de año, un cuatro, un cinco por ciento, y transformar ese crecimiento en viviendas sociales, en tribunales de justicia, en educación, en agua potable en el campo.

¿Cómo logro Chile salir bien de esta crisis económica?

Con el superávit estructural. Durante los últimos seis años, en la época de bonanza en los precios de los recursos naturales (el cobre), crecimos y nos fue bien. Pero también ahorramos el equivalente a un presupuesto completo del país, y ese ahorro es el que nos permite vivir como si no hubiera crisis. Hoy se dan unos bonos por persona equivalentes a US$80 o US$100 y se les entregan a cuatro millones de quince millones.

¿Cómo logró usted poner a los empresarios de su lado?

Hice mucha pedagogía. Les dije que Chile era un país abierto al mundo, que tenía que competir, pero ningún país compite con éxito si hay tensión social. La cohesión social es esencial para mantener un país. Por eso, cuando digo más justicia social, no es para incomodar a los empresarios, sino para que podamos todos seguir trabajando.

El trabajo del oficialismo en Chile es tan bueno que hoy la presidenta Michelle Bachelet alcanza casi el 70% de popularidad, algo inédito en 20 años. ¿Por qué no se habrá contagiado de la reeleccionitis andina?

Eso en Chile es imposible. Cuando fui presidente la gente empezó a decir aquello. Y yo dije: el que quiera discutir la reelección, está en todo su derecho, pero para el próximo presidente, no para el presente. Es una tradición en Chile. En el siglo XX se resolvió que no se continuaría con la reelección inmediata del siglo XIX, y nunca más reelección. Ahora, en el siglo XXI, uno puede volver después de un período. Y eso está muy bien.

Curiosamente, el golpe de Honduras se da por el proyecto de reforma constitucional de Manuel Zelaya para reelegirse, asunto que el gobierno golpista tilda de antidemocrático, ¿no es hora de llevar el tema de la reelección a la OEA en el marco de la Carta Democrática Interamericana?

Me parece que nadie diría que Estados Unidos dejó de ser un país democrático cuando Roosevelt se reeligió cuatro veces, rompiendo con la tradición de dos períodos que inauguró Washington cuando se negó a lanzarse para un tercero. Algunos se querrán inspirar en Washington y algunos en Roosevelt, así que es difícil plantear una Carta Interamericana que prohíba la reelección. Usted, sin embargo, puede tener ciertas normas generales, para pasar tarjetas amarillas antes de llegar a la expulsión.

¿Honduras las tenía?

La Constitución hondureña le permitía al Congreso tomar medidas y le permitía al Poder Judicial tomar medidas; pudieron resolver el problema sin necesidad de sacar a un presidente en pijama de su casa y mandarlo a otro país.

Usted ha sonado como miembro de una comisión mediadora, ¿en qué consistiría su trabajo?

Es una proposición del presidente de Costa  Rica, Óscar Arias. Ahí se habla de una comisión de notables para verificar que todos los acuerdos a los que se lleguen entre las partes sean de buena fe. Pero mientras las partes no aprueben la propuesta de Arias, no hay comisión.


¿Qué opina del proceso hasta ahora?

No aceptar la proposición del presidente Arias es un grave error de las autoridades de facto que hay en Honduras. Y esto puede llevar a una situación que no nos gustaría que ocurriera, y es que sea la autoridad de facto la que convoque y haga elecciones. Porque entonces va a haber un debate si aquel que fue electo tiene la legitimidad o no. Esta junta, estas autoridades tienen una ilegitimidad de origen. Y hagan lo que hagan no van a resolver su problema de legitimidad. El tema debe resolverse en un plazo de tres semanas, ya que si no estaremos en grandes dificultades.

Hablemos de integración. ¿Por qué, si arrancamos al mismo tiempo, nos ha costado tanto seguirle el paso al proceso de integración europea?

 Porque hemos querido entender el proceso de integración como un proceso de integración económica que cuenta con una receta que sirve para todos los países. Por ejemplo, Mercosur planteaba la unión aduanera y un arancel externo común para el resto del mundo. Pero un arancel externo común es distinto para Brasil, que es un país continente, interesado en defender su mercado que para un pequeño país que no tiene un mercado para defender y, por lo tanto, lo que quiere es insertarse en un mercado grande. Siempre pensé que debíamos avanzar con geometría variable; con flexibilidad para entender los intereses de unos y otros.

Cada vez que se habla de los afanes armamentísticos de Suramérica, Chile aparece como uno de los países con más gasto militar, ¿para qué se arman tanto?

Cada vez que nos hemos armado lo que hacemos es comprar fragatas para reemplazar las que cumplieron la vida útil. No tenemos ni una fragata más que la que teníamos antes; lo mismo ocurre con los aviones, todos fueron dados de baja y se compraron aeronaves. Los números que usted ve tienen que ver con esa razón. Chile es el único país que tiene un libro blanco de la defensa, y el único país junto con Argentina con el cual hemos convenido trasparencia absoluta de nuestro gasto militar e información recíproca. Tanto cambió la situación, que hay tropas chilenas apostadas en Europa con mando argentino. Y la nave insignia de la Armada argentina va a repararse a Chile. Entonces, mi planteamiento ante eso es que hagamos un libro blanco de la defensa todos los países.

Ese pareciera, al menos en el papel, lo que se quiere hacer con el Consejo Suramericano de Defensa, creado este año.

Al Consejo Suramericano de Defensa hay que darle contenido. Discutamos lo del libro blanco ahí, y que cada país explique hasta el último centavo que gasta en defensa.

Finalmente, usted ha sido nombrado por las Naciones Unidas como enviado especial para el Cambio Climático, ¿cómo está la voluntad negociadora de Suramérica en este debate del alentamiento global de cara a las negociaciones de Copenhague, en diciembre?

Está muy baja. Y eso va a ocurrir sí o sí… Y la pregunta es cómo seremos capaces de que en estas negociaciones asumamos ciertos compromisos. Si no avanzamos, las medidas van a ser tomadas por el mundo desarrollado. Ellos nos van a decir: ¿usted quiere seguir exportando café?, ¿usted sabe que la agricultura produce gases metano y  butano, y en consecuencia el café suyo es responsable de tanto gas carbónico? Y así, el valor de nuestros productos dependerá de la emisión que generan.

Parece entonces que va a ser o por las buenas o por las malas…

Ese es mi argumento. Por eso digo: negociemos. Tenemos el tema de la deforestación. En el mundo, la deforestación es responsable del 15% de las emisiones; en América Latina, el 49%. Si van a pagar por sembrar un árbol, pues que nos paguen también por no cortarlo. Y así podríamos tener ingresos por esta vía y establecer programas de energías renovables y biocombustibles.