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hace 12 horas

Los archivos de las torturas y la muerte

El gobierno de EE.UU. ordenó reabrir los casos de abusos contra sospechosos de terrorismo que habían sido archivados por la agencia.

Cuando en 2004 se supo de la muerte de Manadel al-Jamadi, uno de los tantos iraquíes acusados de ser terrorista, el gobierno estadounidense guardó silencio. Ante las cámaras prometió minuciosas investigaciones y sanciones, mientras los medios reproducían una y otra vez la polémica fotografía: Charles Granner, un reservista del ejército, sonreía y levantaba sus pulgares ante el cuerpo sin vida del prisionero árabe en la cárcel de Abu Ghraib.

Pero más allá de uno que otro retiro forzado de las fuerzas militares, el caso se fue olvidando en los años siguientes. La CIA decidió guardar la verdad bajo archivo, y cuando se pidió la desclasificación de sus informes, como en 2008, entregó decenas de páginas tachadas y documentos incompletos.

Esa situación parecía ser una constante, hasta que una nueva administración llegó a la Casa Blanca. Así quedó demostrado ayer, cuando el Departamento de Justicia de EE.UU. dio a conocer un informe que revela las técnicas de interrogación empleadas por militares y agentes norteamericanos en Irak y Afganistán.

En sus páginas puede leerse la historia de Abd al-Rahim al-Nashiri, sospechoso de haber atentando contra el bombardero USS Cole, quien fue amenazado con un taladro eléctrico y simulacros de ejecuciones para obtener información.

En su más reciente edición, la revista Newsweek recordó que esas prácticas “no estaban autorizadas en un memorando del Departamento de Justicia que delineaba los parámetros legales que los abogados de la administración Bush creyeron debían comprender los interrogatorios ‘mejorados’”.

Y todo parece indicar que en los próximos días se seguirán conociendo más irregularidades. La desclasificación de este informe obedece a una petición formal de la Oficina de Ética del Departamento de Justicia, que recientemente ordenó la reapertura de cerca de una docena de casos por abusos contra prisioneros que habían sido archivados por la CIA.

De momento, la ruta de acción de la agencia ante el escándalo parece ser la de evadir responsabilidades. “El cierre de los casos se hizo después de consideraciones cuidadosas por parte de funcionarios del Departamento de Justicia. Estos hechos han sido transmitidos por la CIA a las respectivas instancias”, le dijo Paul Gimigliano, portavoz del organismo de inteligencia, al diario The New York Times.

Mientras las revelaciones y el accionar de la justicia siguen su rumbo, la Casa Blanca ha ideado un plan que le evite más dolores de cabeza a futuro. Para contrarrestrar la arremetida de Al Qaeda en Irak (ver recuadro) con información 100% verídica, se oficializó ayer la creación de un grupo especial de interrogadores que de ahora en adelante se encargará de hacer las preguntas tanto a las cabezas visibles como a los sospechosos de terrorismo.

Según explicó Eric Holder, fiscal general de EE.UU., la escuadra no tendrá ningún nexo con la CIA: tendrá su sede central en el edificio del FBI, seguirá órdenes del Ejecutivo y sus interrogatorios estarán regidos por el Manual de Campo del Ejército.

Con esto, el gobierno estadounidense espera disminuir el número de demandas por maltrato contra los prisioneros. Como sucedió con al-Jamadi, cuya muerte, ocurrida en 2005 durante un interrogatorio (fue suspendido desde una ventana con las manos esposadas a la espalda). Su deceso fue conocido dos años después .

Otro día sangriento

La población de Al Kut, al sur de Bagdad, fue blanco ayer de otra oleada terrorista. Dos buses de pasajeros hicieron explosión y se calcula que cerca de 20 personas murieron y 30 resultaron heridas. Este es el más reciente episodio de una arremetida terrorista que comenzó desde el pasado 30 de junio, fecha en la que Estados Unidos comenzó a retirarse del país. La semana pasada 100 personas murieron en una serie de atentados en cadena. Según la ONG Irak Body Count,  agosto ha sido el mes más sangriento de este año en el país.