Los miedos de Washington

El equipo que rodea a Arturo Valenzuela, el hombre de Obama para Latinoamérica, parece estar preocupado por la reelección del presidente Álvaro Uribe.

Se posesionó por fin el hombre que toda América Latina esperaba: Arturo Valenzuela. El Canciller de Estados Unidos para el Hemisferio Occidental cuya voz, en adelante, representará la del presidente Obama en lo que tenga que ver con la región. Con su llegada hay optimismo en Washington y, sobre todo, esperanzas en que cambie la indiferencia que han criticado líderes como el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el colombiano Álvaro Uribe.

Para marcar un buen comienzo, pronto viajarán a nuestro país el subsecretario de Estado, James B. Steinberg —segundo al mando, después  de Hillary Clinton— y Valenzuela. Ambos se reunieron la semana pasada con los analistas más reconocidos de América Latina en Washington y escucharon sus opiniones y sugerencias. Un encuentro impensable durante los años de gobierno de George W. Bush.

Tras la reunión quedó clarísimo que hay verdadera preocupación por los temas que les interesan a los colombianos. Y la posible reelección de Álvaro Uribe es, tal vez, el asunto que más críticas despierta. “Es lo que más molesta al Departamento de Estado y a altos funcionarios de Obama. Creen que sería un desastre para Colombia, un desastre para la democracia, un desastre para los Derechos Humanos y que no es conveniente para las relaciones bilaterales”, dijo a El Espectador Marc Chernick, de la Universidad de Georgetown.

“Hay unanimidad en que la reelección es una mala idea. Entre otras, por los costos que esto le implica a la democracia y porque con la permanencia de Uribe, sus aliados que estén involucrados con corrupción van a fortalecerse. Existe la sensación de que la corrupción aumentará con el tercer período de Uribe”, dice  Adam Isacson, del Centro para la Política Internacional.

“Creo que hay consenso en que la reelección de Uribe tendría costos muy altos tanto para la relaciones con Estados Unidos, como para Colombia misma y sus nexos con la región. Incluso, los editoriales del Washington Post y del Wall Street Journal, que nunca han sido duros con Uribe, comparten cada vez más y con más convicción esta posición”, añade Isacson.

“Uribe podría enfrentar problemas muy difíciles y quienes lo aprecian están apelando para que no caiga en esa lógica”, anotó por su parte Michael Shifter, del Diálogo Interamericano.

El otro gran tema es la polémica que se ha desatado tras el anuncio de las bases militares. También en este asunto llueven críticas sobre la manera como Colombia presentó el acuerdo a los países de la región. “Hubiera sido preferible una política de diplomacia con los demás países pero ya es un hecho y el acuerdo no va a cambiar”, apuntó Chernick, “El acuerdo significa una continuación de la política antinarcóticos de hace más de 20 años en la región Andina y todos los expertos creemos que esta política ha fracasado”, agregó.

Con Valenzuela ya posesionado, se espera que América Latina tenga, en adelante, más protagonismo. Y aunque es iluso pensar que la política de la Casa Blanca hacia la región dará un giro contundente, sí es evidente que los años en que Colombia era la consentida de Washington están ya en el olvido. “No creo que vaya a haber por ahora grandes cambios. Pero habrá, al menos, más atención y más pensamiento estratégico hacia países como Colombia. Creo que el gran reto de la administración Obama con respecto a Colombia es cómo cambiar la política que tenía Bush cuando Colombia era el aliado privilegiado y los dos líderes compartían una ubicación ideológica. Al final no fue conveniente para Estados Unidos ni para Colombia”, concluye Shifter.

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Vanessa de la Torre / Washington

El Mundo

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