Desamor en el Elíseo

La prensa francesa les atribuye aventuras a Carla Bruni y a Nicolás Sarkozy. Dicen que la pareja está al borde del divorcio.

Fue en una cita a ciegas, el 13 de noviembre de 2007, cuando la ex modelo y cantante italiana Carla Bruni conoció al presidente francés, Nicolás Sarkozy. El encuentro, organizado por un amigo del mandatario galo, terminó en un tórrido romance que sellaría Françoise Lebel, alcalde del distrito octavo de París, en una ceremonia secreta en el Palacio del Elíseo, sede del gobierno francés. Ese día la pareja juró amarse “hasta la muerte”...

“Fue amor a primera vista. No me esperaba a alguien tan divertido, tan vivo. Su físico, su encanto, su inteligencia me sedujeron. Tiene cinco o seis cerebros increíblemente irrigados”, escribió la Primera Dama de Francia en su libro La verdadera historia, en el que también confesó que le gustaba su vida de mujer casada y que estaba segura de que su amor por Nicolás es tan fuerte que “podríamos estar juntos toda la vida”.

Pero, según testigos, las promesas de amor ya acabaron y la pareja presidencial estaría al borde de la ruptura. Ya no se escucha a Carla llamar al Presidente “mon amour”, como en los primeros días del matrimonio, ni a él referirse a ella como “mon ange”, ni elogiar su belleza e inteligencia. ¿Una simple crisis? Para la prensa francesa, la situación es mucho más grave.

Las informaciones apuntan a que la Primera Dama de Francia mantiene desde hace semanas un romance con el músico Benjamin Biolay, ex marido de la actriz Chiara Mastroiani. Al mismo tiempo, sostienen que su ilustre esposo se habría refugiado en los brazos de su secretaria de Estado de Medio Ambiente, Chantal Jouanno, una atractiva mujer de 40 años, casada y campeona francesa de karate.

El diario Journal du Dimanche reveló que Bruni está tan enamorada que pasó una semana en Tailandia en compañía de su nuevo amor y que el propio Presidente, presa de los celos, envío un avión para que su esposa regresara a casa. Sarkozy, que no goza de alta popularidad por estos días, quería evitar el escándalo y le ordenó a su esposa asistir a la cena oficial con el presidente ruso, Dimitri Medvedev, la semana pasada.

Al término de la visita presidencial, Bruni hizo sus maletas y abandonó el Elíseo. La cantante, dice la prensa, había incluso llevado a Biolay a vivir con ella en su propia casa, situada en el exclusivo distrito XVI de París, donde vive con Aurélien, el hijo de 10 años que tuvo con el filósofo Raphaël Enthoven. Incluso, en el gabinete presidencial se rumora que la separación se concretó hace dos semanas, pero se oficializará después de las elecciones regionales que comienzan hoy y en las que Sarkozy se juega su futuro político. Por ahora, el Elíseo se niega a hacer cualquier comentario al respecto. “No hablamos sobre rumores ni comentamos la vida privada del Presidente y su familia”, aseguró Luc Chatel, vocero presidencial.

Sexo y política

La relación Bruni-Sarkozy estaba desde hace varios meses bajo el escrutinio público por cuenta de una imprudencia de la cantante, que le confesó a un periodista que le aburría terriblemente la monogamia. Antes de casarse con el presidente francés, el historial de romances de Bruni era largo. “La domadora de hombres”, como alguna vez se bautizó, ha tenido una serie de aventuras amorosas con intelectuales y estrellas de rock, incluyendo a Mick Jagger y Eric Clapton.

Su marido no se ha quedado atrás. Sarkozy ha sido protagonista de varios affaires. Uno de los más conocidos fue con una atractiva periodista de Le Figaro, de quien se enamoró perdidamente. Su segunda mujer, Cecilia Albéniz, enterada de la traición, se adelantó a los planes de su marido y antes de que él emprendiera la fuga con la redactora, lo abandonó para irse a vivir con Richard Attias, un reconocido publicista. Pero los intereses electorales pesan más que el amor y Albéniz accedió a reconciliarse con Sarkozy, al menos en apariencia, durante la campaña a la Presidencia.

Una vez su marido llegó al Elíseo, ella dejó de guardar las apariencias y cual adolescente enamorada huyó de París para casarse con el publicista. Dos meses después, Sarkozy cayó en los brazos de la cantante italiana hoy Primera Dama. Pero antes de eso, a Sarkozy le adjudicaron romances con Rachida Dati, la mujer estrella del Elíseo y con quien Bruni tuvo varios enfrentamientos.

Cuestión de falocracia, cuestión de tradición, no se sabe pero los periodistas franceses Christophe Deloire y Cristophe Dubois revelan en el libro Sexus politicus el historial de amantes y concubinas que han pasado por la casa presidencial francesa.

“Es la más promiscua tradición monárquica en nuestra República”, explican. “Igual que nuestros reyes necesitaban rodearse de mujeres, nuestros presidentes contemporáneos han convertido la seducción en un aspecto esencial del sistema político y de la carrera que conduce hasta el Elíseo”, escriben.

Según sus investigaciones, desde Valéry Giscard d'Estaing hasta François Mitterrand y Jacques Chirac, amén de otros premiers y ministros, la lista de conquistas femeninas es larga. De hecho, los escritores hacen una reinterpretación del lema republicano: Liberté, Egalité... Libertinage.

Un día sin Sarkozy

No luce nada bien este fin de semana para Nicolás Sarkozy. A sus problemas maritales se suma la crisis política de su partido, el Unión por un Movimiento Popular (UMP), que cada día que pasa pierde conexión con sus bases electorales. Tanto, que todos los pronósticos señalan que este fin de semana, en las elecciones provinciales, los socialdemócratas arrasarán con las principales gobernaciones de Francia. “Nos dirigimos a unas clásicas elecciones en mitad de la legislatura en las que el gobierno en el poder será castigado”, dice Frederic Dabi, director de opinión y sección estratégica de la encuestadora Ifop.

A esto se agrega una  jornada que sus contradictores preparan para el 27 de marzo y que pondrá a prueba la capacidad de movilización de todos los sectores aburridos con el presidente. El nombre de la jornada no deja pie para interpretaciones: “No Sarko Day”.