Un roce más con Ecuador

Nuevo efecto del ataque a ‘Raul Reyes’.

“Colombia se retira de la mesa. Responderemos por escrito cualquier pregunta o comentario que se produzca por ustedes”. Antes de levantarse de su silla, el embajador colombiano ante la OEA, Luis Alfonso Hoyos, agradeció a los presentes y se marchó en señal de protesta. El procurador general de Ecuador, Diego García, ya había tenido su turno para hablar y en su discurso pidió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) admitir la demanda interpuesta por su país en junio del año pasado por la muerte de Franklin Aisalla, el ciudadano ecuatoriano que murió después del bombardeo al campamento de Raúl Reyes.

La escena se dio en la mañana de ayer durante una audiencia pública en la sede de la CIDH en Washington. La sesión sirvió para que las dos partes expusieran sus argumentos previamente al análisis de la comisión que debe  determinar si está dispuesta a aceptar la demanda y continuar con el proceso jurídico.

Hoyos reaccionó a la exposición ecuatoriana de un modo calmado, explicando que la ‘Operación Fénix’, que derivó en la muerte del segundo hombre al mando de las Farc en ese entonces, fue planeada y ejecutada para combatir el terrorismo y que la muerte de Aisalla se había producido por las explosiones del bombardeo al campamento guerrillero en territorio ecuatoriano. “Por lo tanto, era un objetivo militar legítimo y la operación se enmarcó en las reglas del Derecho Internacional Humanitario”.

Los argumentos que momentos antes había esgrimido el procurador García acusaban al Gobierno colombiano de haber ejecutado extrajudicialmente a Aisalla una vez el ataque terminó, pues análisis médicos mostraban que la muerte fue causada por golpes en la cabeza. Aseguró que se habían violado los derechos a la vida, al debido proceso y a la integridad física. Violaciones que de acuerdo con su parecer debían ser suficientes para que la comisión diera continuidad al caso.

El retiro del embajador Hoyos fue mal visto por García, quien afirmó que se trató de “una grosería”. No obstante, aclaró que el episodio no tiene por qué intervenir en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países porque la discusión no estuvo provista de elementos políticos.