Juan Pablo II, a cuatro milagros de la santidad

Así va el proceso de beatificación del fallecido Sumo Pontífice.

Aunque sólo se necesita comprobar uno de estos testimonios para ser beatificado, las cuentas de los seguidores de Juan Pablo II señalan que habría intercedido en 251 milagros. El Espectador pudo conocer que del promedio de 50 milagros por año, casi todos de naturaleza médica, son apenas cuatro los que se estarían valorando por parte de la junta médica y teológica  para finalizar la causa de beatificación del Venerable Siervo de Dios, Juan Pablo II.

El testimonio que dio inicio a este proceso fue el que presentó el padre polaco Slawomir Oder, postulador de la causa, y se refiere al caso de la monja francesa Marie Simón Pierre, quien aseguró que por intercesión de Juan Pablo II fue curada en 2005 del mal del Párkinson, curiosamente, la misma enfermedad que el Papa polaco padeció por años y que lo llevó a soportar un martirio en vida.

Sin embargo y según conceptos médicos, en este caso específico es muy difícil establecer que se trató de una recuperación total e inexplicable, ya que el Párkinson, por tratarse de una enfermedad neurológica, da espacio a la posibilidad de que transitoriamente desaparezcan los síntomas. No obstante, este caso sigue bajo la lupa de las comisiones que coordina la Congregación para la Causa de los Santos, presidida por el cardenal italiano Angelo Amato.

Si al final aprueban que la curación se produjo por causas que la ciencia no puede abordar y tras un período para comprobar que de verdad se trata de un “milagro” y no se presenta de nuevo la enfermedad, el caso pasa a la Comisión Médica vaticana, formada por siete médicos, entre ellos el médico personal del Papa, Patrizio Polisca.

Una vez que esa comisión lo aprueba, el “milagro” pasa a la Congregación, de la que forman parte 30 cardenales, para su posterior aprobación. Después lo presentan al Papa para que dé su visto bueno definitivo. A partir de ese momento se puede celebrar la beatificación.

Cadena de recuperaciones

Existen otros tres testimonios que podrían no dejar espacio a una argumentación médica y que son dignas de la exclamación “milagro”.

El caso de un niño polaco de 9 años llamado David, quien por causa de un tumor en los riñones padecía de una parálisis que lo obligaba a permanecer en silla de ruedas de por vida. Sin embargo, en agosto de 2006 y luego de ser llevado por sus padres a la tumba de Juan Pablo II en las grutas vaticanas, al salir de la visita, David quiso pararse de la silla y ante la sorpresa de sus progenitores y testigos, el niño comenzó a caminar e incluso a correr por la Plaza de San Pedro.

Un año después los médicos constataron que inexplicablemente el tumor había desaparecido en su totalidad sin ningún tratamiento especial y actualmente hoy, a sus 13 años, lleva una vida normal en Danzica, su pueblo natal en Polonia.

También está el caso de Jory Aebly, un joven de 26 años originario de Cleveland que sufrió un asalto a finales de febrero de 2008 y recibió del agresor un tiro en la cabeza. Cuando lo llevaron al Hospital Metro de esa ciudad, en el Estado de Ohio, los médicos dictaminaron que debido a las lesiones cerebrales y los daños físicos no había ninguna esperanza de que sobreviviera.

Minutos después en sala de cuidados intensivos y luego de haberle impartido los santos óleos, el padre Snedeker, capellán del centro médico, le puso entre las manos un rosario que había sido bendecido por Juan Pablo II. Sin ninguna explicación médica comenzó a mostrar una rápida recuperación y días después, ante la incredulidad de los galenos, Aebly regresó a su casa. El cuerpo médico dejó constancia de que científicamente no habían hecho nada y de que no tenían argumentos para valorar su insólita sanación.

Y, finalmente, la historia de Martin y su esposa, Eva, dos pensionados de avanzada edad que viven en Houston. Una noche de septiembre de 2007 y luego de haber padecido una crisis respiratoria a causa de una embolia pulmonar, Eva cayó en estado de coma y al ser llevada al Saint Luke Hospital los galenos establecieron que por su estado de gravedad el desenlace fatal sería sólo cuestión de horas o incluso minutos.

Al recibir esa dura noticia, Martín, quien había compartido por más de tres décadas junto a su esposa, se dirigió a la capilla del hospital, donde le rezó con devoción a Juan Pablo II e incluso consciente de la gravedad, sólo le pidió que le ayudara a soportar esa inevitable separación. Cuando regresó a la sala de reanimación recibió la triste confirmación de que Eva había dejado de existir, como se comprobaba en la línea plana y el agudo sonido continuo del electrocardiograma.

Al salir del hospital y cuando se disponía a tratar de ordenar sus pensamientos para alistar el funeral, un médico llegó corriendo hasta él y con desconcierto y emoción le informó que no sabía cómo pero que Eva acababa de abrir los ojos y preguntarlo. A pesar de la aparente recuperación, el cuerpo médico decidió dejarla bajo observación y al siguiente día, al hacer los exámenes de rigor, los resultados mostraron que el corazón de la antes moribunda latía como nuevo y que la embolia pulmonar había desaparecido por completo.

No obstante, y a pesar de la contundencia de estos testimonios, el final del proceso de beatificación aún no se ve próximo y podría aplazarse hasta 2011. Aunque algunos vaticanistas habían dado como un hecho que en el quinto aniversario de la muerte del llamado Papa Grande ya se podría invocar a San Juan Pablo II, la rigurosidad de los procesos no ha terminado y aún se debe recorrer un largo trecho, para lo cual el Vaticano, la comisión de médicos, obispos y cardenales e incluso el mismo Pontífice no están dispuestos a agilizar por ningún motivo.

Asimismo, el solo hecho de que este año el 2 de abril haya coincidido con el Viernes Santo no hacía posible esta ceremonia, pues es este precisamente el único día del año en el cual la Iglesia católica no celebra la santa misa.

Para recordar su muerte el papa Benedicto XVI realizó una ceremonia previa. Al acto asistieron numerosos fieles polacos, sacerdotes, obispos y cardenales, entre ellos el de Cracovia, Stanislao Dziwisz, que fue secretario particular del papa Wojtyla durante 39 años. Benedicto XVI, que fue estrecho colaborador de Juan Pablo II durante 24 años, dijo que el Pontífice polaco ejerció con una “firmeza inquebrantable y gran energía durante su largo pontificado (casi 27 años) y proclamó el derecho con firmeza, sin debilidad o titubeo, sobre todo cuando tenía que afrontar resistencias, hostilidades y rechazos”.

El quinto aniversario del fallecimiento de Karol Wojtyla (1920-2005) se celebra  pocos meses después de que Joseph Ratzinger lo proclamara “venerable”, tras aprobar en diciembre pasado el decreto por el que se reconocen sus “virtudes heroicas”, primer paso hacia la santidad del Pontífice polaco.

Según el cronograma del Vaticano, la ceremonia de beatificación quedaría fijada para el próximo 16 de octubre, fecha que rememora que un día como ese en 1978 Karol Wojtyla asumió como Sumo Pontífice. Sin embargo, su confirmación está en veremos porque se dio a conocer que el 17 de octubre se llevaría a cabo la ceremonia de canonización de seis beatos. Según las reglas vaticanas no se pueden hacer conjuntamente o seguidas dos ceremonias de beatificación y canonización.

No obstante, esto no ha sido obstáculo para que los fieles sigan teniendo en su mente a Juan Pablo II y prueba de ello es que en esta media década por lo menos 35 millones de personas han visitado su tumba en las grutas vaticanas, durante estos años se han rodado más de siete películas e incluso una serie de dibujos animados y, como lo afirman varios de los peregrinos del mundo que llegaron en “romería” al Vaticano, “para nosotros Juan Pablo II ya es un santo y así lo hemos proclamado”.

Sin embargo no hay que olvidar que luego de la beatificación deberán pasar por lo menos otros cinco años para poder iniciar el proceso de canonización y esto sólo depende de una condición inobjetable: otro milagro.