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hace 23 mins

“Se le olvidó que sólo fui a poner una denuncia”

La historia que está en las primeras páginas de los medios franceses.

Salvo algunos detalles, las declaraciones de los policías presentes en la Comisaría de la Goute d’Or la noche que Juan Pablo Gutiérrez recibió el golpe que le hizo perder su oído izquierdo, giran alrededor de esta historia: un grupo de jóvenes de origen africano departían en una esquina cuando Gutiérrez se acercó para pedirles hachís. Cuando respondieron, ofendidos, que no por estar parados en una esquina eran dealers, el colombiano los desafió. La última advertencia se la haría uno de ellos “de un metro noventa y cinco y con manos grandes que parecían hechas de cemento”, según uno de los agentes.

Las dos manotadas que este hombre le dio a Gutiérrez cuando se negó a irse serían, según los policías, la causa de sus lesiones.

El hecho de que la Inspección General de Servicios de Policía y luego la Fiscalía de París acaben de declarar cerrado el caso por falta de pruebas, volvió a poner la historia de Gutiérrez en las primeras páginas de los medios franceses. Además, produjo la visita de una delegación de la seccional británica de Amnistía Internacional.

“Preparan un informe sobre los abusos de la policía francesa y creen que mi caso es el más representativo”, dice Gutiérrez.

“Fueron los tipos los que me pidieron un cigarro. Les ofrecí una cerveza que tenía en mi morral. Luego seguí caminado. Me alcanzaron unos pasos más adelante y me hicieron caer al piso”.

Gutiérrez recibió varias patadas. Cuando pudo levantarse entró al edificio donde vivía y llamó a la policía. En cuestión de minutos escuchó las sirenas y volvió a salir. “¿Quiere venir a poner la denuncia?”, dijo un agente.

Las fotos de los policías que estaban presentes en la Comisaría esa noche están en el expediente. Gutiérrez conserva una copia. Allí señala el que lo recibió en la entrada. El que le dijo que iba a requisarlo. El que le impidió irse cuando dijo que si ese era el trato que daban a los denunciantes, prefería ir a casa. El que lo llevó a la celda. Los que le hicieron señalamientos racistas y le dijeron que si tenía sed podía beber agua del inodoro. El que le dio un golpe con la mano abierta que le hizo perder el oído.

“¿Usted cree que yo le habría buscado problema a un tipo de casi dos metros de alto, acompañado por sus amigos a la una de la mañana?”, dice Gutiérrez.

El prontuario del africano incluye una veintena de investigaciones. Sin embargo, la Fiscalía lo consideró un testigo confiable y aceptó su versión. “Y aunque eso querría decir que él era quien me había dañado el oído. También el caso de lesiones personales en su contra fue cerrado por falta de pruebas”.

Otto Lemon, el abogado de Gutiérrez, ha señalado los detalles en los que difieren las declaraciones de los policías y las del hombre detenido junto a Gutiérrez, y cómo algunas han cambiado con el paso del tiempo.

“Lo más increíble”, agrega Gutiérrez, “es que aunque fui yo quien llamé a la policía, no volví a salir de mi edificio hasta que ellos llegaron y si fui a la Comisaría fue para pedir el denuncio, el expediente dice que los policías intervinieron en una riña en la vía pública y por esa razón me llevaron detenido a una celda de desintoxicación”.

La celda de desintoxicación es un lugar reservado para personas en estado de ebriedad que alteran la tranquilidad pública. Gutiérrez y Lemon señalan que incluso si ese hubiera sido el caso, los reglamentos de policía no fueron respetados, pues el procedimiento exige que un médico adscrito a un hospital certifique el estado del paciente antes de la detención y que ésta puede durar máximo cuatro horas. Gutiérrez permaneció seis.

Dadas las fallas en el procedimiento y las contradicciones en los testimonios, Gutiérrez apelará la decisión ante un Juez de Instrucción. Espera que en esta instancia, de reputación independiente, se ordene reabrir la investigación. Mientras tanto, se ha cambiado de casa. Dice que no se sentía seguro en su barrio.

Hay un inhalador en el sofá del nuevo apartamento donde vive.

“¿Suyo?”

“Soy asmático de toda la vida”, explica.

Por esa razón Gutiérrez no puede fumar. Por eso no pudo haberle pedido hachís al grupo de la esquina y por eso no llevaba los cigarrillos que ellos le pidieron en el punto en que su versión comienza a ser diferente de la de la policía.

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