Experto en agro, preso por lavado

Celso Alfredo Salazar Castañeda es médico veterinario, ganadero y comerciante. Conoció a Giorgio Sale en el restaurante La Enoteca de Cartagena y rápidamente se convirtió en cliente asiduo.

Según él, a los pocos meses de conocerse, Sale le propuso que viajaran juntos a Italia, donde Giorgio Sale hizo gala de buen anfitrión y lo hospedó en un castillo.

Los viajes en Italia se hicieron en aviones privados y los terrestres en autos lujosos. Salazar quedó impresionado y a su regreso se convirtió en una de sus personas más cercanas. De hecho, Salazar ya era un persona muy conocida en el Caribe colombiano, a pesar de haber nacido en Bogotá y haberse graduado como médico veterinario en la Universidad de La Salle.

Su pasión por la veterinaria lo llevó a comprar tierra en Córdoba y siempre fue consultado por los ganaderos de la región por su experiencia. Se movía como pez en el agua en círculos políticos de Bogotá. Fue asesor del Congreso en temas relacionados con el agro y en su agenda estaban nombres y teléfonos de congresistas, a quienes visitaba con frecuentaba con regularidad.

Se especializó en derecho agrario y pensamiento estratégico en la Universidad Externado, con maestría en economía en la Universidad Javeriana. No fue extraño entonces que Giorgio Sale lo convirtiera en su mano derecha para consultarle movimientos financieros o empresariales. No dudó tampoco en asesorar sobre inversiones de Salvatore Mancuso.

Vivía en Bogotá, pero pasaba temporadas en Cartagena y en Montería, desde donde transportaba grandes sumas de dinero. En una ocasión, saliendo del aeropuerto Los Garzones de Montería, fue detenido por llevar US$200.000 en efectivo. Respondió a las autoridades que lo había hecho siempre. Sin el mismo desafío, fue detenido por lavado de activos en 2006 y recluido en la cárcel de Las Mercedes de Montería.

Ha solicitado varias veces la detención domiciliaria por sus complicaciones de salud y problemas de azúcar, además de situaciones depresivas y alergias a medicamentos y alimentos. Pero sus peticiones han sido desechadas. Su esposa, Claudia Lagos, una cubana ex asesora del Ministerio de Defensa, decidió quedarse en Montería para esperar su libertad. Hoy, como Obando, paga el alto costo de las desmedidas ambiciones económicas.