“Los envolvió a todos”

Un ingeniero educado en Inglaterra que terminó involucrado en negocios ilícitos.

Francisco Javier Obando Mejía fue capturado en noviembre de 2006 en su casa de Manizales. Acusado del delito de lavado de activos, hoy permanece detenido en el patio tercero de la cárcel Modelo en Bogotá. Lleva 19 meses preso y, según él, no entiende en qué momento su vida dio un vuelco tan radical.

Es ingeniero textil egresado de la Universidad de Manchester de Inglaterra, donde además estudió bachillerato y vivió 11 años. Cuando regresó a Colombia, trabajó en reconocidas empresas como almacenes Éxito y fue además responsable del ingreso al país de marcas como Tommy Hilfiger y Náutica.

Esa experiencia fue definitiva para que los dueños de Magaly Paris, reconocida cadena de almacenes cartageneros, lo llamaran para liquidarla. Y allá fue donde conoció a Giorgio Sale, una noche que fue a comer a La Enoteca, ubicada en la calle San Juan de Dios. Al poco tiempo recibió una llamada de Sale para proponerle trabajar como administrador de sus restaurantes.

En ese momento, Obando era profesor de inglés avanzado y mercadeo en la Universidad de Manizales. “Me vine para Bogotá y Sale me atendió muy bien. Por orden suya me fui a vivir al hotel La Fontana y cada año, mientras trabajé con él, cambié de carro. Era un encantador de serpientes. Hoy pienso que es un pizzero levantado y estoy aquí por cumplirle a ese vagabundo italiano”.

Al momento de su captura ya no trabajaba para Giorgio Sale. Además, la relación había terminado muy mal: “Él me quedó debiendo $250 millones por unas comisiones que nunca pagó. Yo lo único que hice fue trabajar. Logré que sus productos se vendieran en los grandes supermercados, incluyendo sus vinos”, añade. Hoy tiene 66 años y confía en recobrar muy pronto su libertad.

“Giorgio Sale era un hombre carismático y de excelentes relaciones. A sus restaurantes iba la clase dirigente, empresarial y política. Puedo decir que los engañó a todos, incluyendo a sus magistrados amigos Carlos Isaac Náder, Yesid Ramírez y José Alfredo Escobar. Y no sólo a ellos. Siempre me encargué de hablar con el doctor Alfonso Gómez Méndez, el abogado a quien consultábamos, y él tampoco supo quién era Giorgio Sale”.

“En una ocasión me tocó llevar a su oficina una carta de crédito que le dieron unos bancos en Italia por 24 millones de euros. También cayó en el engaño. Es que Sale era un tipo agradable. Nunca fue un secreto para los empleados de La Enoteca su estrecha amistad con Salvatore Mancuso. Cada vez que él llegaba a Bogotá, Giorgio me decía que hablara con él para coordinar el menú que había que mandar a su apartamento”.

Obando no se lamenta de su situación. Paradójicamente dice que la cárcel fue una bendición en su vida. Hoy se dedica a liderar el Proyecto Compromiso, una iniciativa del Inpec para ayudar a otros reclusos. Además, dicta cursos de inglés y enseña a sus compañeros detenidos la forma de mantener la mente positiva y cómo lograr felicidad sin depender de otros. Hasta el momento se han graduado más de 300 presos.

Lamenta que en el escándalo haya resultado involucrado Alfonso Castillo, a quien Sale compró la marca Gino Pascalli y él se


encargó de hacer ese negocio. “Don Alfonso terminó involucrado sin tener responsabilidad. Le quitaron los almacenes porque resultó engañado por un tipo que nos defraudó a todos. Yo siempre sospeché de Cristian. Pero de Giorgio no. Hoy creo que es un cobarde. Aprovechó su simpatía para envolver hasta gerentes de bancos”.

A pesar de su estado se declara con ganas de salir pronto. No tiene claro qué hará luego de abandonar el patio tercero de la cárcel Modelo, pero ansía el momento de volver a ser un hombre tranquilo, sin los afanes de tanto dinero. Por lo pronto, piensa disfrutar de la pensión de profesor que le salió hace pocas semanas y, en adelante, pasar el mayor tiempo posible del resto de su vida con sus hijos, sobre todo con los dos menores.

Ruta Mancuso: de firmar la paz a Italia

David Sale: Estaba diciendo… (incomprensible) Este discurso que él me hizo. Es decir, al final, concretamente es una ayuda que él pide para hacer unas cosas… unas vueltas aquí de los documentos de las cosas esas.

Giorgio: El tema es este David.

D: Ajá.

G: Si éstos empiezan a instruirlo… él…

D: Umm.

G: Él (Salvatore Mancuso, N.d.R.) está casi al final del…

D: Del proceso de paz.

G: Del proceso de paz y luego le darán.

D: Sí, estará un par de años allá dentro.

G: Dentro del coso.

D: Y luego viene a Italia.

G: Y luego viene a Italia porque él es… Sí, tiene que preparar la casa, la finca, las inversiones… Nosotros tenemos una oportunidad grandísima. Yo se lo dije: “Dime qué debo hacer, porque no puedo trabajar gratis”. Yo se lo dije: “Me tengo que ganar un porcentaje”. Él dice: “No, tú no debes coger un porcentaje con él… él se convertirá comúnmente (fonético) conmigo…”, qué sé yo, algo así como un 10%, claro que…

D: (incomprensible)... todas las inversiones…

G: Tú tienes que luchar por él… obvio, esto se refiere a mí… Con respecto a ti, obvio qué haremos. Nosotros tenemos que sacar las provisiones…


D: Del otro lado.

G: ¿Eso es claro, no?

D: Sí.

“¿Estamos hablando de la casación?”

David Sale y el abogado Henry Montes conversan sobre el proceso penal contra tres italianos detenidos en el aeropuerto El Dorado.

Montes: Al menos de parte nuestra y con las pruebas, ya le entregamos la documentación correspondiente. Si quieren creer, si quieren tener algo más oficial, lo pueden hacer y efectivamente lo están haciendo, pero nosotros no podemos... (incomprensible) con el tiempo en nuestra contra, para estar dos, tres, cuatro años, sub júdice.

D: Sí, sí, correcto.

M: Entonces, esto haremos en el último momento… esto es lo que sucede por este lado. Por el lado de nuestros amigos, ya. Y yo algo le dije al fiscal… al magistrado de conocimiento... (incomprensible). La denuncia está prosiguiendo a la Fiscalía, al Procurador… la Procuraduría, así ellos... (incomprensible) Nosotros estamos siguiendo estas cosas para poder actuar.

D: OK, ¿estamos hablando de la casación?

M: De la casación.

D: OK.

M: Y sobre el tema del lavado todavía no han enviado físicamente el proceso a la Fiscalía… y entonces nosotros estamos siguiendo esto y acusando… y pidiendo al tribunal para que lo envíen rápidamente

D: OK, ¿entonces no se ha abierto el proceso prácticamente?

M: Todavía no ha iniciado… Exactamente.

“Ni se atrevan porque les arranco las manos”

En 2004 conversan David Sale y Ángela Piersanti. Las autoridades interceptan su comunicación mientras se movilizan en un automóvil. En el folio 2839 de la investigación de la justicia italiana se lee:

D:  Ángela, incluso cuando… aquella vez sucedió que Cristian me propuso que le pagáramos a la juez, ¿te acuerdas? Mi padre dijo: “no, ni se atrevan porque les arranco las manos… Él se fue para Italia. “No se atrevan”. Cristian quería la plata, ¿OK? Yo tomé una decisión… cogí y lo hice.

A:  Y ahora debes dar cuentas a tu papá.

D:  Mi padre cuando volvió bajó la cabeza y me dijo: “yo sabía”. Así, yo dije: “sí, papá, lo sabía, pero de hecho salieron, fueron absueltos, ¿o no? OK. Luego, otra vez sucedió la misma cosa… Entonces cuando yo tomo, cuando pienso con mi cabeza, Ángela, no me equivoco nunca. ¿Entiendes? Yo he ido incluso contra de él y yo digo: “caramba, me fui contra para liberar tres personas porque los condenaban…”. Y yo, por una cosa mía, por un derecho mío, no voy contra él… no me impongo. ¿Entiendes? No me gusta esto, no me gusta pelear con mi padre. Pero por otro lado, Ángela, tampoco cada vez decir que está bien. Es mi padre, dejémoslo quieto, ya verás que después entra en razón. Cada vez tengo que ser yo el que se acomoda cuando los otros…

A:  No, no.