No es un juego de niños

El balance sobre la nueva ley que les quitó la responsabilidad penal a los niños menores de 14 años, hasta ahora es gris.

Las autoridades están alarmadas. Cada día aumenta el número de menores de 14 años que delinque. De acuerdo con reportes oficiales, en 2007 los delitos cometidos por menores de edad crecieron en un ciento por ciento.

Esta semana, la Policía de Bogotá encontró a una joven de 16 años que portaba 280 cartuchos para revólver y que pretendía viajar en Transmilenio.  

Antioquia es el departamento con el panorama más grave, con 815 casos. Le sigue el Valle con 600. A 30 de abril de 2008, 263 casos en todo el país habían sido denunciados.

Los menores de edad en Colombia están cometiendo casi todos los delitos. Sin embargo, la mayoría incurre en hurto, porte de estupefacientes y tenencia ilegal de armas. Algunos también han asesinado. No obstante, por las normas vigentes, no son sometidos a procesos judiciales ni pueden ser privados de la libertad. Son menores de 14 años, es decir, niños, y según la ley, si delinquen lo hacen subordinados o cumpliendo órdenes de adultos.

La definición de la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Elvira Forero, es aún más contundente: “No tienen conciencia. Son los adultos los que los utilizan”. Antes de la Ley 1098 de 2006, los menores sí podían ser penalizados, pero hace dos años fue modificada para ponerse a tono con las legislaciones internacionales.

El Espectador indagó esta crítica realidad y verificó que hay muchos niños menores de 14 años que siguen delinquiendo, pero ni siquiera las mismas autoridades tienen cómo hacer reportes sobre este drama, porque tienen un escaso contacto con ellos. Éste es un debate que apenas empieza y ya tiene una orientación distinta. De hecho, la semana pasada la directora del ICBF le pidió al ministro del Interior, Fabio Valencia, que proponga al Congreso la modificación de las leyes para que los adultos que utilicen niños para delinquir reciban penas mayores.

Se calcula que el 35% de los niños que delinquen repite esta conducta cuando es mayor. Por eso, el mal ejemplo a ellos necesita un mayor castigo. La Policía de Infancia y Adolescencia, encargada de la protección de los derechos de estos menores, tiene ya reportes de un sinnúmero de delitos en los que participan menores de 14 años, siempre incitados o a órdenes de personas adultas.

Armados hasta los dientes

Hace unos días, en la localidad de Usme, al sur de Bogotá, una patrulla de Policía que vigilaba las calles localizó a un grupo de sospechosos que negociaba estupefacientes. Al detectar la presencia de la autoridad, el grupo se esfumó en segundos. Sólo uno de los integrantes de la banda cayó: un niño de 10 años, sobrino de uno de los fugitivos, y en un maletín tipo canguro que llevaba en su cintura se le encontró un arma de fuego. Los que se evadieron tenían experiencia. El niño se quedó quieto y

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era el que portaba el arma con que delinquían los mayores. Una evidencia más de que muchos menores infractores ni se dan cuenta de lo que hacen.

Esta evidencia le da la razón al ICBF cuando reclama mayores castigos a los adultos que involucran a los niños en sus delitos. Pero quienes litigan en la materia o estudian el avance de la delincuencia entre los menores de edad, también atribuyen a otras causas este incremento. Y a pesar de que en su momento el nuevo Código de la Infancia y la Adolescencia (Ley 1098 de 2006) fue presentado como la panacea para erradicar el problema, no faltan quienes creen que se trata de una normatividad demasiado laxa a la hora de reprimir delitos de niños que se comportan como peligrosos delincuentes adultos.

Las críticas apuntan, por ejemplo, a advertir que las autoridades, ni siquiera las especializadas, pueden interrogar a los menores cuando son encontrados cometiendo un delito. En tales casos, la Defensoría del Pueblo tiene que delegar a uno de sus abogados para que vele por el cumplimiento de los derechos de quienes han delinquido. Y estos deben ser trasladados de inmediato adonde un Defensor de Familia que se encarga de establecer cuál es la situación familiar, de derechos y de convivencia del niño infractor.

Pero aquí aparece otro dilema para las autoridades: la mayoría de los menores de 14 años que delinquen o no tienen padres o han sido abandonados desde muy niños. En estos casos, la obligación es del ICBF, que tiene que llevarlos a un hogar sustituto para que reciban el amor de una familia. En algunos casos y dependiendo del delito, deben entrar en un régimen de libertad vigilada.

¿La solución es el afecto?

Las entidades encargadas de este espinoso asunto coinciden en que la falta de amor y de oportunidades es la causa que está llevando a los menores de edad al delito. Se ha comprobado que muchos de esos niños deben empezar a trabajar desde corta edad, porque sus padres no tienen recursos. Pero no sólo son los niños pobres los que delinquen. Aunque la mayoría sí corresponde a los estratos 0, 1 y 2, las autoridades tienen reportados casos de robo en supermercados por parte de la clase alta.

Aún así, el sacerdote Carlos Cardona, director del centro El Redentor, una especie de cárcel para menores, ratifica el diagnóstico de la pobreza como una de las razones esenciales de la incidencia en el delito de algunos menores de edad. “Tienen afán por sobrevivir, pero muchos no tienen sus derechos fundamentales atendidos y son muy pobres. La directora del ICBF agrega: “En otros casos, sus entornos familiares son disfuncionales y no hay padres”.   

La subdirectora de Servicios Especiales de la Policía, coronel Dennys Rodríguez, insiste en que  son los delincuentes mayores los responsables: “Los adultos ya se dieron cuenta de que el menor de 14 años les sirve para hacer sus vueltas porque no es penalizado”. Pero no cree que la ley sea la que esté fallando, aunque estima que hacen falta modificaciones: “Se hace necesario más mano fuerte para los adolescentes”.

Cuando un menor de 18 años ha delinquido e incluso ha reincidido en el delito, al cumplir su castigo no queda con antecedentes penales. La ley contempla que sólo habrá un registro confidencial, de acceso exclusivo a las autoridades durante una investigación.

A juicio de los expertos, ya es hora de que los efectos del Código de la Infancia y la Adolescencia empiecen a ser evaluados. Pero es un tema que no sólo involucra a las autoridades, sino principalmente a los padres de familia.

Hoy no está claro si la norma es conveniente, pero también hace parte de una realidad complicada y ambigua: la situación de los menores de 14 años que siguen delinquiendo.


“Los menores no pueden ser esposados”

La subdirectora de Servicios Especiales de la Policía, coronel Dennys Rodríguez.

¿El Código de la Infancia y la Adolescencia está fallando?

No, pero se hace necesario más mano fuerte para los adolescentes. Los programas de reeducación deben ser más contundentes, las terapias no sólo deben consistir en ir a un sitio; en éstas se debe vincular a los padres.

¿Qué está pasando con estos niños?

Es un mal momento que está pasando la adolescencia por la falta de afecto al interior de las familias.

¿Cuáles son las diferencias entre un menor que ha delinquido y un mayor de edad?

Ellos no van a las estaciones de policía, no se les toman declaraciones, no pueden ser esposados y las audiencias no son públicas. Sólo pueden estar su familia y los defensores de familia.

¿Por qué no les quedan antecedentes penales a los menores?

Para que ellos puedan tener una nueva vida como adultos responsables. El registro confidencial que mantienen las autoridades sólo se puede consultar dentro de una investigación. 

“Son conscientes de que no les pasará nada”

El Espectador dialogó con la investigadora Beatriz Linares, quien cuenta con 15 años de experiencia en estos asuntos.

¿Cree que la Ley tiene vacíos al no penalizar a los menores de 14 años?

Esta franja quedó desprotegida ante la delincuencia organizada y la delincuencia común. Los adolescentes entre 12 y 14 años fueron dejados, de una parte, en manos de la delincuencia y, de otra, la propia ley deja sobre ellos y ellas un mensaje de entera impunidad: esto es, que pueden delinquir sin ningún tipo de responsabilidad porque son conscientes de que no les pasará nada.

¿Cuál puede ser la solución?

Estamos viviendo una bomba de tiempo que debe ser desactivada desde los adolescentes mayores de 14 años que cometen delitos, lo que implica una forma de persuadir al adolescente de que la comisión de delitos es castigada. Sin embargo, es necesario empezar a conocer al sujeto  menor de 14 años, a quien hemos dejado un poco abandonado a su suerte por no ser parte del sistema de responsabilidad penal y que de todas maneras comete delitos sin un control sistemático.