Discípulos de Enrique VIII

La Iglesia Anglicana, obra del legendario Rey de Inglaterra, echó raíces en Colombia y tampoco está libre de controversias.

El anuncio que hizo el jueves pasado en Miami el famoso padre Alberto Cutié, sobre su retiro de la Iglesia Católica e ingreso a la Anglicana, tras negarse a dejar a su amante con quien lo descubrieron en una playa de la capital del sol, es un ejemplo de cómo la comunión creada por Enrique VIII e inmortalizada por Shakespeare sigue vigente en todo el mundo, incluso en Colombia.

Obsesionado por anular su matrimonio con Catalina de Aragón, casarse con Ana Bolena y buscar un hijo varón, en 1534 el poderoso Rey de Inglaterra rompió relaciones con el Papado en Roma. Estableció sus propias normas episcopales y, 475 años después, se calculan entre 70 y 80 los millones de creyentes que las siguen, todavía reconocidos como católicos pero bajo normas muy liberales.

A Colombia llegaron en 1963, primero como una capellanía al servicio de los anglosajones residentes en Bogotá y luego se constituyeron en la Iglesia Episcopal de Comunión Anglicana. Para comprobar sus similitudes con los católicos romanos basta acercarse a la Iglesia de San Pablo, su sede principal en el norte de Bogotá, donde el obispo Francisco Duque Gómez, un hombre casado y con dos hijas, reconoce el legado de Enrique VIII, quien se casó seis veces, pero aclara que ese tipo de anécdotas no significan que los miembros de su comunidad lleven una vida diferente a la de una familia del común.

Según él, la influencia de los reyes dejó de ser tan directa y hoy en día la Reina Isabel II es la “gobernadora suprema” de la Iglesia pero con un carácter honorífico. La anglicana es la religión oficial de Inglaterra y está vigente una ley que prohíbe que la realeza se case con católicos, así como prevé que a la Cámara de los Lores sólo lleguen obispos de esa doctrina. Acepta casos como el del padre Cutié —reconocido en Florida por sus programas de radio y televisión “Padre Alberto” y “Abre tu alma con el Padre Alberto”—, al igual que aprobó la controvertida boda civil entre el Príncipe Carlos y su amante Camila Parker.

El anglicano parece un templo católico presidido por Jesucristo, pero tal vez con menos imágenes. Sobre las bancas de madera reposa en cada puesto El libro azul de oración, la Biblia o “libro patrón” anglicano de 888 páginas, que se aparta de la católica en temas como la Inmaculada Concepción y la Asunción de la Virgen María.

En la misa el sacerdote dialoga con los asistentes, comparten vino de la misma copa y la comunión puede ser recibida hasta por los niños más pequeños. Aquí no se habla de obediencia al papa Benedicto XVI y al Vaticano. Se venera al obispo de Canterbury, Rowan Williams, líder espiritual mundial, primado de Inglaterra y quien por tradición corona al monarca británico. El referente monumental es la Catedral de Canterbury, histórica por el asesinado en 1170 del arzobispo y santo anglicano Tomás Becket, así como por los clásicos cuentos del poeta Geoffrey Chaucer.

Sacerdotes casados

No existe el celibato para los religiosos anglicanos. José Suárez, por ejemplo es casado, tiene una hija y dirige la parroquia de Nuestra Señora del Monte Carmelo, en Malambo, Atlántico, y Édison Vergara, con dos hijos, lo hace en la Estación de Predicación Cristo Rey de Quibdó.

También sorprende que desde 1992 las mujeres pueden asumir las mismas responsabilidades. “Oír la palabra de Dios de boca de una mujer a veces me genera más fe”, comenta doña Aura García, uno de los 50 mil feligreses que se calcula tiene esta congregación en el país. Cuentan con obispa presidenta para América, Katharine Jefferts Schori, escogida hace dos años en una elección en la que también fue candidato el colombiano Duque. Nerva Cot, otra obispa, dirige la iglesia en Cuba.

Jefferts visitó Colombia en 2007 y se reunió con el presidente Álvaro Uribe, a quien ofreció apoyo para la aprobación del TLC a través de la influyente comunidad anglicana en el Congreso norteamericano. Igualmente para programas contra la pobreza en regiones afectadas por la violencia. Ya en 2005 había visitado el país el Premio Nobel de Paz y arzobispo anglicano de Suráfrica, Desmond Tutu. Por cuenta de Uribe, el obispo Duque forma parte de la comisión asesora del Gobierno para efectos de libertad e igualdad religiosa.


Sin embargo, tres de las mujeres ordenadas aquí —la presbítera Olga Bohórquez y las diáconas Olga Lucía Álvarez e Ignacia Jinete— fueron retiradas de esta iglesia, según ellas de manera injusta. Acusan a Duque de no escuchar sus descargos, de ordenar sacerdotes sin estar bien preparados y de probables malos manejos presupuestales.

Él les responde que “es normal que en la Iglesia se tengan personas que no están de acuerdo con las determinaciones del obispo, pero cuando lo acusan sin razón o fundamento, el obispo cuenta en los cánones internos con disciplina que debe imponer”. Todo se originó, dice, porque “algunos clérigos en la diócesis de Colombia trataron de impedir que el suscrito fuera postulado como Primado de la Iglesia en los Estados Unidos, más por envidia, y me acusaron de esto y de otras cosas injustamente. Esta fue la razón por las que hubo sanciones, con el respaldo de los comités internos, y no han podido volver a ejercer su ministerio en la Iglesia”. Sobre los dineros, explica que recibió la Diócesis “con un tremendo déficit y casi en quiebra”. El caso está en manos de la Fiscalía, pero Duque asegura que “no hay divisiones” y que “la Iglesia está más unida que nunca”.

Hoy cuentan con templos en Antioquia, no sólo en Medellín sino en poblaciones alejadas como El Bagre; en Atlántico, Santander, Tolima, Valle del Cauca, Chocó y Cundinamarca. En materia administrativa dependen de la Provincia de Estados Unidos y Duque asistió en julio de 2008 a la Conferencia de Lambeth, donde se reúnen cada diez años los 400 obispos anglicanos del mundo con el de Canterbury y con la realeza británica en los jardines del Palacio de Buckingham.

A la iglesia de Bogotá, que no se ve llena, no dejan de asistir ciudadanos de origen británico y norteamericano. Cuando era embajadora de Estados Unidos en Colombia, Anne Patterson fue  una de las fieles. Hay quienes dicen que el anuncio del padre Cutié es un golpe publicitario muy positivo para los anglicanos en momento en que sus seguidores estaban agobiados con escándalos negativos como la ordenación en 2003 del sacerdote Gene Robinson como obispo de New Hampshire, Estados Unidos, a pesar de ser homosexual y convivir con su pareja hace 20 años después de separarse de su esposa y sus dos hijos.

El hecho generó que las cuatro diócesis estadounidenses más conservadoras se independizaran porque no aprueban el matrimonio homosexual. Doña Aura opina: “Que reconozcamos a este tipo de hermanos, porque la palabra de Dios es para todos, no significa que la mayoría llevemos vidas desordenadas, son casos excepcionales que muestran nuestra capacidad de tolerancia”.

John Favalora, arzobispo católico romano de Miami, dice que la decisión del padre Cutié puede causar un cisma. Los anglicanos lo descartan y, por el contrario, destacan el acercamiento progresivo entre Canterbury y Roma desde que la Reina Isabel II visitó al papa Juan Pablo II en octubre de 2000. El superior anglicano Rowan Williams ya visitó al papa Benedicto XVI y se anuncia una próxima visita del Pontífice a Inglaterra para zanjar las diferencias del pasado.

Para el obispo Duque, quien liderará esta semana en Bogotá un encuentro nacional con las demás iglesias cristianas, “es absolutamente normal que los clérigos católicos romanos pasen sin mayores dificultades a la Iglesia Episcopal, que es también católica. No pasará nada, se lo puedo asegurar, más que hemos ganado un buen sacerdote”.

Cutié asistirá hoy por primera vez a la Trinity Church de Miami, acompañado por su pareja, Ruhama Canellis. Su nueva ordenación demorará unos meses. La pregunta es: ¿cuántos sacerdotes más lo seguirán?

Toda una puesta en escena digna heredera del Enrique VIII de Shakespeare.

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