La violencia de algunas tribus urbanas no es algo nuevo

El caso de Dayro Salazar, quien murió apuñalado por cabezas rapadas, se suma a sucesivos ataques entre estas culturas.

La violencia entre las culturas urbanas de  la capital no es un hecho nuevo. Desde hace varios años se han presentado casos violentos que, cada vez con más frecuencia, resultan en la muerte de alguien. Los testimonios de las víctimas, y los testigos, son casi siempre los mismos: “Nos atacaron porque sí”. Así fue el sábado en la noche cuando Dayro Salazar recibió varias puñaladas que, este lunes en la madrugada, terminaron por ocasionarle la muerte. Salazar falleció en la Clínica Marly, ubicada a pocas cuadras del lugar de los sucesos (carrera séptima con calle 47).

En julio pasado, un joven de 15 años fue apuñalado en el sector de Colina Campestre, en el norte de la ciudad, al parecer por miembros de un grupo de cabezas rapadas. Esa vez, como en tantas otras, los motivos de la agresión no fueron esclarecidos. Al agredido le preguntaron que si era nazi. Él respondió que no. Eso fue todo. Siguieron los puños, las patadas y la puñalada. La violencia por la violencia fue eso.

En septiembre de 2007, en un bar de la carrera 11 con calle 79, Julián Prieto, guitarrista de la banda de hardcore Pitbull fue brutalmente agredido por un grupo de 30 cabezas rapadas, que lo atacaron en plena vía pública con armas blancas. En ese momento uno de los amigos de Prieto contó que los atacantes reían y entonaban cánticos mientras golpeaban brutalmente al muchacho. El guitarrista de Pitbull murió a los pocos minutos en la Clínica El Country, adonde fue llevado por sus acompañantes.

La violencia de estas culturas urbanas no es un fenómeno exclusivo de Bogotá. En 2008, un presunto cabeza rapada asaltó con un cuchillo a Isabel Cristina Restrepo Cárdenas, una bailarina y estudiante de arquitectura de 18 años en el barrio El Poblado de Medellín. Cárdenas falleció en el instante y un joven que la acompañaba debió ser llevado de urgencias a un hospital al recibir varias heridas por defender a su amiga.

En buena parte de estos casos los sospechosos son cabezas rapadas. Sin embargo, la violencia no es una marca registrada de esta cultura urbana. En el sector de Cedritos son bien conocidas las grescas ocasionadas por jóvenes punkeros (de todas las denominaciones), raperos y metaleros que la mayoría de las veces involucran a menores de los colegios del sector, ávidos de ganar respeto peleando bajo el estandarte de una ideología o un estilo musical.