Los ex habitantes de Juan Amarillo

Claudia Milena Marín es madre de dos hijos y ayer le dijo adiós a la construcción de madera que había sido su casa desde hace ocho años.

“A mí me da tristeza, pero es una tristeza buena, porque sé que no sólo estoy cambiando el lugar donde vivo, sino que también estoy cambiando de vida”, dijo.

En la mañana de hoy, mientras la ciudad se quita el frío y el sueño de encima, la señora Marín se despertará en un apartamento nuevo en Soacha con tres habitaciones, baño, cocina y sala-comedor.

Como ella hay 11 familias más de recicladores que se levantarán en un lugar diferente, mejor, como si se tratara de un sueño. Algunos ni siquiera seguirán en la ciudad, como Cecilia Aguilar, quien estará en su finca en Oiba, Santander. “Ella pidió que la reasentáramos en un lugar donde pudiera tener su mulita, porque, dice a veces, la quiere más que a su familia. Encontramos el sitio perfecto en Oiba, donde podrá vivir mucho mejor con su familia y su mascota”, dice Amanda Ojeda, coordinadora de gestión social del proyecto Avenida Ciudad de Cali del IDU.

Desde hace año y medio la oficina de gestión social del IDU adelanta un proceso de concertación con los habitantes de la ronda del humedal Juan Amarillo, en la localidad de Suba. La razón: estos son terrenos de espacio público por donde está proyectada una avenida. Entonces, el Instituto comenzó por averiguar quiénes eran estas personas: “Hicimos un censo para saber exactamente cómo eran las familias, qué necesidades tenían y de qué vivían para poder determinar cuál era su situación con respecto al predio, si eran poseedores o arrendatarios”, explicó Ojeda.

El IDU encontró que una mitad eran poseedores y la otra, arrendatarios de esos mismos poseedores. Después de que el Instituto aprobara la gestión, empezó el proceso de reasentamiento. Con acompañamiento de un equipo multidisciplinario, que incluye desde ingenieros, pasando por abogados, hasta psicólogos, las familias fueron contando qué era lo que querían y cuáles eran sus necesidades y aspiraciones.

El resultado fue un cambio de rumbo, un giro rotundo en la vida de Marín, de Aguilar y de sus compañeros de “barrio”. Algunos no sólo se mudaron, sino que cambiaron de oficio. “Está el caso de Arnulfo Briceño, un reciclador, que además es discapacitado. A él lo reasentamos en Simijaca, Boyacá, en una pequeña finca donde dice que está feliz: pasó de vivir de la basura que produce el movimiento de la gran ciudad a la tranquilidad y el aire limpio del campo, la paz de vivir lejos del ruido y los afanes”, explica Ojeda.

Ahora, los terrenos de la ronda del humedal serán devueltos a la Empresa de Acueducto, que seguirá con el proceso de limpieza y reforestación de esta reserva natural ubicada en el corazón de Suba.

Por su parte, el IDU seguirá con las obras en la avenida Ciudad de Cali tal y como estaba proyectado.

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