Farc-Bacrim, alianza diabólica

En cinco años las bandas criminales han crecido exponencialmente: hoy tienen cerca de 8.000 hombres.

Es tan grave el fenómeno de las bandas criminales en Colombia que en tan sólo cinco años lograron reclutar un ejército de cerca de 8.000 hombres, “el mismo número de integrantes que tienen las Farc, y eso que la guerrilla va a ajustar casi medio siglo de existencia”. Las cifras redondas fueron entregadas por un alto oficial de la Policía que en los últimos tiempos ha venido cogiéndole el pulso a un problema que parece haberse salido de madre. En 27 de los 32 departamentos del país operan a sus anchas y traban alianzas con la guerrilla bajo una sola causa: el narcotráfico.

Ya existen casos documentados de vínculos entre las organizaciones de Daniel El Loco Barrera, los hermanos Luis Enrique y Javier Calle Serna, conocidos como Los Comba, y los segundos en jerarquía de Pedro Guerrero, alias Cuchillo con los frentes 18, 34, 58, 57, 24, 43, 1 y 10 de las Farc. Es más, fuentes de inteligencia que han aportado importante información sobre eventuales reuniones entre El Loco Barrera y miembros del secretariado. Correos hallados en el computador del abatido jefe guerrillero Víctor Julio Suárez, alias el Mono Jojoy refrendan estos nexos con el único objetivo de defender los corredores de droga y las rutas al exterior.

Caquetá, Valle, Putumayo, Nariño, Cauca y Córdoba son los departamentos que más han padecido esta siniestra alianza, que termina desdoblándose en escuelas de sicarios, oficinas de cobro, microtráfico, narcotráfico a gran escala, dominio de cárceles y manejo de laboratorios. Y de contera la infiltración a la Fuerza Pública. “Estas bandas controlan además pequeños negocios legales, los cuales vacunan al pedirles entre $5.000 y $20.000 por cada establecimiento diario. Prostíbulos, bares, centros de comercio, cárceles, el rentable negocio del mototaxismo o el transporte. Todos pagan y las ganancias se calculan en miles de millones de pesos.

En distintos expedientes figuran registros de arsenales de fusiles AK 47 y Galil, lanzagrandas AKM 18 y pistolas 9 mm, estas últimas las más distribuidas entre las redes de sicarios a sueldo. “Hay una instrucción de la máxima jerarquía de las Farc para trabajar con las Bacrim. Sumados los dos bandos estaremos hablando de cerca de 20.000 hombres en armas al servicio del narcotráfico”, comentó un investigador de la Fiscalía consultado, quien no tiene duda de que si las autoridades no le ponen el tatequieto a este fenómeno, la violencia desbordaría las capacidades de la justicia.

Las autoridades tienen identificados tres niveles en las estructuras criminales de estas bandas al mando de El Loco Barrera: Maximiliano Bonilla, alias Valenciano, Ericson Vargas Cardona, alias Sebastián, los hermanos Juan de Dios y Antonio Úsuga David —quienes heredaron las autodefensas gaitanistas del narcoparamilitar Don Mario en Urabá—, y los hermanos Comba. El perfil del primer nivel que concentra casi 6.000 integrantes de bandas criminales está conformado por jóvenes entre los 14 y 18 años, responsables del sicariato, cobros a establecimientos y vigilancias estratégicas de las rutas de droga.

En un nivel intermedio, revelaron autoridades a El Espectador, están los llamados jefes de las oficinas de cobro, que tienen particulares fachadas para pasar de agache: desde venta de minutos celulares hasta oficinas de abogados. “Son los jefes directos de los sicarios y en muchas ocasiones tienen amplias libertades para hacer todo tipo de vueltas sin consultarle al patrón”, comentó un oficial. Generalmente, son hombres entre los 25 y los 35 años, exparamilitares o con cercanos nexos con las mafias. Son ellos el poder corruptor de estas organizaciones, los que buscan colar sus fichas en las autoridades y en no pocas ocasiones lo han logrado.

El tercer nivel es el de los capos con conexiones internacionales y empresas fachadas para lavar dinero. La guerra reciclada de las autodefensas hoy es un fenómeno en expansión que tiene haciendo cuentas a las autoridades. Antes de caer el telón de 2010 cayó alias Cuchillo. La Fuerza Pública insiste en que todos correrán la misma suerte. No obstante, las alianzas persisten, en Meta y Guaviare ya no se sabe si manda más John  40 de las Farc o El Loco Barrera. Nadie se impone en un negocio tan rentable que llena las arcas de ambos bandos. En Urabá antioqueño, Guaviare y Norte de Santander, la guerrilla del Eln tiene alianzas del mismo tipo con ‘Los Rastrojos’.

Herederos de Rodrigo Mercado Peluffo, alias Cadena, volvieron a empoderarse de todo cuanto ocurre en Sucre y el Golfo de Morrosquillo. Idéntico retrato ocurre en Córdoba con enlaces de Salvatore Mancuso. Ya lo propio se ha documentado con los segundos de Don Berna en Medellín, y ni qué decir de lo ocurrido en la Costa Atlántica con los secuaces de Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40. A través del obispo de Montería, monseñor Julio César Vidal, estas bandas criminales buscan repetir un proceso como el de Ralito, pero el Gobierno no le jala.

“Estas organizaciones son las más alta prioridad del Estado”, concluyó el general Óscar Naranjo, director de la Policía. Si no se le pone coto a tiempo a esta problemática, “dentro de cinco años, las bandas criminales y las Farc podrían sumar cerca de 40.000 hombres”, dijo una fiscal delegada para la investigación de estas bandas. El desafío es contener a como dé lugar los tentáculos criminales de un fenómeno desbordado.

Para ver la estructura de las Bacrim y sus cabecillas, clic aquí

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