El capo de los Urabeños

El Ministerio de Defensa anunció que le pagará $1.150 millones de recompensa al delator que entregó la información que permitió abatir al capo Juan de Dios Úsuga, alias 'Giovanny'.

Con éxito los hermanos Juan de Dios y Dairo Úsuga esquivaron toda suerte de vendettas, desde sus tiempos como integrantes del Epl, a finales de los años 80, luego escalando en la jerarquía de la mafia de los paramilitares de Vicente Castaño y Miguel Arroyave, y finalmente bajo el amparo de Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario. Una vida de camaleones aupada por el narcotráfico en las que hicieron presencia en Córdoba, Antioquia y los Llanos Orientales.

Tras la captura de Don Mario en 2009, y la recomposición de las llamadas bandas criminales, los hermanos Úsuga construyeron una organización sicarial y mafiosa de la talla de los hermanos Javier Antonio y Luis Enrique Calle Serna, los llamados Comba, herederos estos últimos del poder criminal que dejaron las guerras intestinas del cartel del norte del Valle. Según datos de las autoridades, los llamados Urabeños al mando de los Úsuga tenían presencia en 181 municipios del país.

Durante más de dos décadas, sin mucha notoriedad, siempre en labores conjuntas, desarrollaron conexiones ilegales al tiempo que las autodefensas de la Casa Castaño imponían a sangre y fuego su poder y ejecutaban masacres en Uraba, Chocó, Córdoba y otras regiones de la Costa Caribe. Hace una década se trasladaron a los Llanos para reforzar el bloque Centauros de Miguel Arroyave y configurar el bloque Capital. Tras la muerte de este último, regresaron a Urabá con Don Mario, se encargaron del brazo criminal de las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia, utilizaron una red de testaferros para esconder las millonarias ganancias del negocio y llegaron a manejar las finanzas.

En esas vueltas comenzaron a tener notoriedad y empezaron a figurarles procesos judiciales por delitos como homicidio agravado, desaparición, terrorismo y desplazamiento. Y además, la unidad antimafia de la Fiscalía recopilaba evidencias de sus andanzas. En abril de 2009, este diario publicó las reseñas que entonces tenía de ellos la Policía. Por ejemplo, por medio de Juan de Dios Úsuga el cartel de Don Mario adquirió la finca La Gitana, de propiedad de la Fundación por la Paz de Colombia (Funpazcor), la cuestionada entidad de la que se descubrió estaba al servicio del paramilitarismo.

En síntesis, los hermanos Úsuga han sido protagonistas de la violencia extendida de los ilegales y el rastreo de la fuerza pública fue haciéndose más intenso. Sus conexiones con Henry de Jesús López, alias Mi Sangre, se estrecharon. Este triunvirato del narcotráfico se volvió una obsesión de la Policía. Y el pasado domingo, con la resaca del 1º de enero, a las 6 de la mañana, después de procesar la información que entregó un delator de la organización de los Urabeños, se dio inicio a la llamada operación ‘Colombia 25’. Luego de un enfrentamiento de 30 minutos con su cuerpo de escoltas, Juan de Dios Úsuga fue abatido.

El Ministerio de Defensa anunció el pago de $1.150 millones a quien dio la información de la finca Casa Verde en Acandí (Chocó), en donde alias Giovanny pasaba el final de año junto a otras 93 personas, entre ellas 46 hombres, 20 mujeres y 27 menores de edad. El cerco sobre su hermano y Mi Sangre se estrecha.

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