El complot contra el fiscal

Exagente del DAS capturado hace una semana quiso fraguar un plan para que 'Los Paisas' mataran a un fiscal.

Desde el pasado 2 de mayo, Orlando Mejía Moncada pasa sus días en la cárcel La Picota de Bogotá, esperando a que un juez de esa ciudad determine cuánto tiempo pasará tras las rejas. Hasta hace una semana, Mejía Moncada era un trajinado detective con una década de experiencia sobre sus hombros y ayudaba a la justicia en la lucha contra los grupos ilegales. Pero cuando agentes del CTI —sus propias colegas— llegaron a buscarlo a la sede de ese organismo en Montería y le leyeron la carta de derechos del detenido, el funcionario supo que sus días trabajando para Dios y para el diablo habían terminado.

Una denuncia interpuesta en la estación de Policía de Córdoba el 27 de enero de 2009, por un subteniente que nunca en su vida se había cruzado con Mejía, fue el inicio del fin. El oficial les contó a sus superiores que un teniente de la región lo había invitado a trabajar con ‘Los Paisas’, la banda criminal tildada por la Fuerza Pública de ser el brazo armado de la temida ‘Oficina de Envigado’. El reporte del subteniente se convirtió en una investigación de la Fiscalía que cayó en manos de César Augusto Sarmiento Niebles, un reconocido fiscal de la Unidad contra las Bandas Emergentes que ha sido invitado más de una vez a foros internacionales de discusión sobre el crimen organizado.

Las indagaciones continuaron. Pasaron casi dos años hasta que, en diciembre de 2010, un jefe de ‘Los Paisas’ que se encontraba detenido en la cárcel Las Mercedes, de Montería, volvió a mencionar la posible connivencia entre agentes estatales y bandas criminales. “¿Sabe de miembros de la Fuerza Pública que hagan parte de ‘Los Paisas?’”, le preguntó Sarmiento al hombre. “Hay un ‘man’ del DAS de aquí, de Córdoba, que se hace llamar Tomás, su apellido es Mejía”. Agregó que Tomás le informaba de órdenes de captura, de operativos y que traía armamento desde Medellín. “Tomás me dijo que varios de nosotros teníamos ‘cola’ (investigaciones), y que la única manera de acabar con eso era matando al fiscal”.

El comandante de ‘Los Paisas’ le dijo a la Fiscalía que en dos ocasiones pidió la muerte del fiscal Sarmiento, pero que la banda había desestimado la propuesta “porque era calentar a Montería”. En febrero de 2011, el fiscal Sarmiento escuchó por segunda vez su nombre en las mismas circunstancias, de boca de otro jefe de ‘Los Paisas’, un subteniente del Ejército destituido por nexos con ‘paras’. “Tomás nos pasaba información de allanamientos, movilizaba armamento y municiones. Yo le daba información para dar golpes a ‘Los Urabeños’”, le relató, y agregó: “Tres veces fue a insistirme que era necesario matar al fiscal. O sea, a usted”.

Los relatos de ambos líderes de ‘Los Paisas’ consistían en múltiples detalles. Ambos le contaron al fiscal Sarmiento que Tomás recibía $5 millones de pesos al mes por filtrar esa información, y que en ocasiones recibió hasta $30 millones que él decía repartir entre jefes del DAS. Mencionaron el capítulo de los Giraldo, un par de hermanos que aparentemente trabajaban con ‘Los Paisas’ y, a su vez, con las ‘Águilas Negras. Tomás los identificó y notificó a un comandante de ‘Los Paisas’, quien citó a los Giraldo a una reunión de la que “nunca salieron”. Cada mes, Tomás recibía la plata en un sobre, cerca a las instalaciones del DAS, tras coordinar el encuentro en un celular que se botaba una vez la transacción concluía.

Así las cosas, el fiscal Sarmiento tenía un solo indicio, pero sus superiores en la Fiscalía sabían que él no podía asumir la investigación del complot para asesinarlo y el expediente fue trasladado a Bogotá. En abril del año pasado, el nuevo fiscal del caso solicitó a la dirección de talento humano del DAS verificar si había agentes en Córdoba con ese apellido y la búsqueda arrojó un único resultado: era el detective Orlando Mejía Moncada, quien se había vinculado al DAS de Chocó en junio de 2002 y había pasado por Antioquia antes de llegar a Córdoba. Uno de los hombres claves a la hora de apoyar investigaciones justo en las zonas donde hoy pululan las bandas criminales. Al empezar la liquidación del DAS, el detective había sido trasladado al CTI de la Fiscalía, donde trabajaba Sarmiento.

Mejía Moncada era investigado por cinco delitos: concierto para delinquir, utilización indebida de información oficial privilegiada, concusión, tráfico de armas y actos preparatorios y ejecutorios para dar muerte a una persona. Al verse rodeado de agentes del CTI que viajaron de Bogotá a Montería a arrestarlo llamó a su esposa, la informó de lo que estaba pasando, y en la tarde ya estaba sentado en el banquillo de los acusados, en los juzgados de Paloquemao en Bogotá. Admitió los dos primeros cargos en su contra y, al ser encarado por el hecho de haber incitado a criminales a asesinar a un fiscal, se echó a llorar. En unos 20 días, el juez de su caso le dirá cuál es el tiempo de su sentencia.

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