Desmovilizados, en tinieblas

A pesar de los esfuerzos municipales, es un hecho evidente: en Medellín, los homicidios empezaron a aumentar. Y los reinsertados, por varios factores, se convirtieron en el principal blanco de ataques.

Desde que los homicidios comenzaron a descender en Medellín, el temor de que las cifras volvieran a aumentar siempre estuvo latente en sus habitantes y sus autoridades civiles, judiciales y militares. Ahora que se cumplen siete meses desde que Sergio Fajardo dejó la Alcaldía y Alonso Salazar lo sucedió, ese miedo es una realidad. Los números van para arriba. Y las alarmas de un nuevo conflicto, tal vez no tan evidente como lo fue en la época de Pablo Escobar Gaviria, están de nuevo encendidas.

 Desde el pasado primero de enero hasta el 21 de julio, según la Policía local, 530 personas fueron asesinadas en el Área Metropolitana. A este paso, están muriendo de manera violenta, en promedio, 78 personas cada mes; mientras que en 2007, la tasa fue de 54 ciudadanos, y en 2006, de 59. Estadísticas preocupantes si se tiene en cuenta que en la capital antioqueña, por toda la historia y los antecedentes que arrastra, los homicidios son la lupa con la que se mira cómo ha avanzado la seguridad.

Los episodios ocurridos en las últimas semanas son una clara muestra de que algo en Medellín no anda nada bien. El 17 de julio, sicarios mataron a un capitán del Gaula del Ejército, un fiscal, un abogado y un conductor, que se encontraban en la sede de una ONG en un barrio de la Comuna 13. Hasta ahora, lo único que se sabe es que la ONG no llevaba más de dos semanas de creada, y que su fundador es un subteniente retirado de la Policía .

En medio de este ambiente, los desmovilizados se han convertido en el blanco más perseguido por las balas. Según la Policía Nacional, entre 2004 y 2007, 704 fueron asesinados en todo el país. De éstos, 157 (el 22%) han muerto en el Valle de Aburrá. Los crímenes, incluso, han traspasado fronteras: el 24 de julio, dos desmovilizados del Bloque Central Bolívar fueron acribillados en Buenos Aires (Argentina). Uno de ellos, Héctor Edilson Duque, alias Monoteto, era  testaferro de Carlos Mario Jiménez, alias Macaco.

Cuatro días después de este hecho, las balas de dos sicarios segaron la vida de Severio Antonio López, un desmovilizado del Bloque Cacique Nutibara que hizo parte de la Oficina de Envigado desde la época de Escobar y fue uno de los hombres más cercanos a Diego Fernando Murillo, alias Don Berna. Otro de sus más allegados, Daniel Mejía Ángel, alias Danielito –quien fue jefe de los sicarios de la Oficina de Envigado–, desapareció en noviembre de 2006 sin que nadie pueda dar aún información de la suerte que corrió.

“Le estamos dando a esta situación una lectura sesgada. Se incrementaron los homicidios, pero delitos como hurtos y lesiones personales disminuyeron. No quiero decir que lo uno compense lo otro, claro está”, afirmó Jesús María Ramírez, secretario de Gobierno local. Pero Jorge Ceballos, encargado de la Oficina de Derechos Humanos de la Personería de Medellín, considera que lo que estos índices señalan es que algo en el proceso de reinserción está fallando: “Que un número grande de desmovilizados esté delinquiendo, así lo demuestra”.

Para las autoridades locales, es un reto desenredar la maraña que hoy se teje en Medellín. En el Instituto Popular de Capacitación (IPC), es claro que la reducción de la influencia de Don Berna tiene todo que ver: “Hay una complejidad que desborda la capacidad institucional. Muchas bandas sin que exista una figura, como la de Don Berna, que los aglutine”. Además, como el mismo secretario de Gobierno lo mencionó, los reinsertados son “muy apetecidos” por bandas emergentes como la de Don Mario.

Este hombre, de acuerdo con organismos de seguridad, le ha arrebatado en gran parte el dominio de la Oficina de Envigado, en especial en la zona de Urabá, y parte de su extensión ha significado que ex integrantes de las Auc pasen a engrosar sus filas. “Por no aceptar, los asesinan; por aceptar, también”, asevera Ramírez. “La ciudad ha avanzado mucho. Pero hay factores de riesgo que siguen intactos, principalmente, el narcotráfico”, le dijo a El Espectador el presidente del Concejo Municipal, Federico Gutiérrez.

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