Las huellas siempre delatan

La lafoscopia  ayuda a atrapar a los criminales 

Uno de los casos de alteración de huellas digitales que más impresionó a las autoridades fue el de un detenido narcotraficante que hoy se encuentra en una cárcel de alta seguridad a quien le cambiaron el tejido del dedo gordo del pie derecho y se lo pusieron a su dedo pulgar de la mano del mismo lado. Así mismo, le pasaron la piel de su huella dactilar del dedo meñique al índice.

El objetivo: despistar a los investigadores y pasar desapercibido en el bajo mundo del hampa. Su nombre se mantiene en reserva por ser un testigo protegido que ha venido colaborando con la justicia. Pero su caso ha despertado el interés de los forenses y legistas de la Fiscalía.

Aunque para un experto en Lofoscopia ciencia que se encarga de estudiar, con fines de identificación, los dibujos lineales que forman finos relieves en las yemas de los dedos, en la palma de las manos y en la planta de los pies— son evidentes estos cambios, los delincuentes se los practican con más frecuencia de lo que se cree para camuflar sus verdaderas identidades y evitar sus capturas.

Ésas son las investigaciones de las que se ocupa el laboratorio de Lofoscopia del CTI de la Fiscalía de Bogotá, dirigido por la doctora Gladys Sierra Torres. “En todos los tiempos han existido personas que astuta y osadamente buscan ocultar su identidad por su propia conveniencia, por lo cual paulatinamente se ha hecho indispensable recurrir a otros medios más seguros y hasta la fecha no se ha hallado un medio mejor que el proporcionado por la misma naturaleza del hombre: su morfología, la infinita variedad de formas de su anatomía externa”, afirma la especialista.

Es prácticamente imposible que dos personas tengan huellas dactilares iguales, incluso tratándose de gemelos. “En 125 años de aplicación de este método no se han encontrado dos impresiones idénticas que correspondan a personas distintas. Un indicador antropológico de confiabilidad está dado en los gemelos univitelinos, que comparten un mismo perfil de ADN


pero no así las mismas características en los pliegues que se forman en la piel”, dice. Cada persona tiene puntos característicos en sus dedos a partir de terminaciones abruptas, bifurcaciones y puntos. La combinación de estos tipos básicos forma la trayectoria individual de las crestas.

Según la doctora Sierra Torres, la falsificación de huellas dactilares fue investigada por primera vez por el francés Edmond Locard, en 1907. Mediante su trabajo descubrió un procedimiento para fabricarlas de forma falsa mediante el uso de un molde (huella impresa sobre caucho) hecho de gutapercha, que es una goma parecida al látex que proviene de los árboles.

Sin embargo, dados los avances científicos y tecnológicos para detectar estos fraudes, aquéllos han ido evolucionado. En especial en Colombia. Los narcotraficantes buscan hoy más que nunca un bajo perfil y saben que de un tajo pueden borrar todos sus antecedentes modificando estratégicamente sus huellas dactilares.

En Colombia se han dado casos que oscilan entre burdos moldeos, transferencias por foto-impresión y hasta microcirugías para alterar, cambiar o modificar los patrones de dibujos dactilares. Sin embargo, gracias a la pericia de expertos de la Fiscalía han sido detectados oportunamente. Pero, increíblemente, también se han conocido casos de rústicos intentos de alteración de huellas en las cárceles, donde los presos frotan sus dedos contra el pavimento, o superficies ásperas, buscando modificar sus impresiones dactilares.

En los próximos años la doctora Sierra Torres cree que la identificación genética no desplazará a la identificación lofoscópica, sino que se utilizarán métodos combinados que incluirían huellas, perfil de ADN, análisis del iris, de la voz, y de la forma del rostro. “En un futuro no lejano, mediante el uso de tecnología se podrá establecer la plena identidad sin intervención humana y minimizando al máximo la posibilidad de error”, enfatiza la especialista. Al mejor estilo de series norteamericanas como CSI, gracias a estos investigadores se han aclarado crímenes insospechados que de otra manera hubieran quedado impunes. Los casos son extensos, pero la doctora Sierra prefiere la prudencia.

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