‘Conejo’ de cinco estrellas a la DNE

La historia de un par de hoteles que les pertenecían a testaferros de ‘Jabón’ y luego de incautados cayeron en manos de otro grupo criminal.

Un suicidio y una muerte en extrañas circunstancias; la administración irregular de dos complejos hoteleros que el Estado le arrebató a la mafia; una multimillonaria estafa de la cual han sido víctimas la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE), la DIAN y una prestigiosa empresa de Cali; el accidentado proceso penal en contra de un ciudadano estadounidense; y la latente preocupación de la Casa de Nariño por la incierta suerte de este caso, son los eslabones de una truculenta historia judicial que empiezan a aclarar las autoridades.

Todo comenzó en agosto de 2005, cuando a la DNE, entonces bajo la administración de Juan Carlos Vives Menotti, llegó una atractiva propuesta de una firma que se autodenominó Hoteles Unidos de Colombia. En concreto, la compañía le presentó un rentable proyecto para administrar los lujosos hoteles Las Heliconias y Las Gaviotas, situados en los municipios quindianos de Quimbaya y La Tebaida, respectivamente, que fueron construidos tres años atrás por testaferros del temible narcotraficante del cartel del norte del Valle Wílber Alirio Varela, alias Jabón.

A través de un contrato de arrendamiento, durante año y medio, Hoteles Unidos de Colombia administró sin problema alguno, aparentemente, las propiedades campestres, que contaban con servicios de campos de golf, piscinas, restaurantes y suntuosos centros de convenciones. El acuerdo estipulaba que la empresa debía cancelarle mensualmente a la DNE cerca de $50 millones y asumir todos los gastos de manutención y empleos que se derivaran del negocio. Sin embargo, a principios de 2007 la DNE detectó incumplimientos por casi $1.000 millones y emprendió acciones.

Entonces salió al baile el nombre del empresario Henry Osorno Cuartas, un personaje gris, dueño de una empresa descapitalizada, que creó una alianza estratégica ficticia con la prestigiosa compañía caleña de gastronomía Consorcio de Restaurantes S.A., representada por Luis Antonio Noriega. Fruto de esa unión, Noriega y Osorno quedaron al frente de Hoteles Unidos de Colombia, que en 2005 se haría a un jugoso contrato con el Estado. Con una curiosa particularidad: el músculo financiero que fue acreditado ante la DNE para adjudicarse el arrendamiento de Las Heliconias y Las Gaviotas se soportaba en la empresa Consorcio de Restaurantes S.A.

Pero el Consorcio no tenía idea de las andanzas de su gerente Noriega ni de los pactos secretos que suscribió con el Estado y que hoy son objeto de un millonario pleito judicial. Con el tiempo se vino a decantar que, para establecer la alianza, Noriega engañó a la junta directiva de su empresa y, de hecho, falsificó un acta del Consorcio en la que, supuestamente, le fue dado el aval para licitar con la DNE la administración de estos bienes que, en otros tiempos, fueron construidos con dineros del narcotráfico. En resumen, una siniestra maroma jurídica en la que terminaron engañados la DNE y la propia firma que representaba Noriega, y beneficiados, Osorno y su entramado criminal.

Con un súbito giro que palió las deudas detectadas por Estupefacientes, a comienzos de 2007, acosado por los múltiples incumplimientos a la DNE, Henry Osorno, como representante legal de Hoteles Unidos de Colombia, cedió las acciones del Consorcio de Restaurantes al ciudadano estadounidense Joseph Fajardo, representante legal de la otra empresa que se acomodó en este intrincado panorama: Aviation Surveyors Group. Osorno, sin embargo, se arrogó un derecho que no le correspondía, pues nunca estuvo vinculado al Consorcio. A sabiendas de esta irregularidad, el 28 de febrero de 2007 le notificó a la DNE la salida de dicha firma y el ingreso de Aviation Surveyors Group a Hoteles Unidos de Colombia.

Y empezaron a aflorar las anomalías. Paralelamente al ilícito movimiento fraguado por Osorno y Noriega para simular una transacción legal, el Consorcio fue embargado por la DIAN por cuenta de las obligaciones fiscales que tenía con el Estado. Fue entonces cuando los verdaderos dueños del destacado conglomerado de restaurantes se enteraron de la estafa continuada que Noriega, su hombre de confianza, venía realizando con su socio Osorno. En calidad de representante legal, Martha Lucía Criollo le manifestó al director de la DNE, Carlos Albornoz, su sorpresa, no sólo por el embargo, sino por el millonario negocio que había ejecutado su subalterno a sus espaldas.

Albornoz también quedó perplejo al constatar que durante años la DNE había cedido el arrendamiento de dos bienes que con mucho ahínco le habían sido decomisados a la mafia y que terminaron, paradójicamente, en manos de delincuentes estafadores. Se comprometió a revisar el asunto e incluso se entrevistó con el norteamericano Joseph Fajardo, quien heredó el control de Hoteles Unidos de Colombia y le inyectó capital para cancelar gran parte del monto que adeudaba la sociedad a la DNE. Para sorpresa de Albornoz, el estadounidense cayó en la misma línea de incumplimientos y le solicitó renegociar los términos del contrato, alegando que la competencia turística estaba al rojo vivo y que estaba acosado por las “culebras” que le legó Osorno.

Al tiempo que los verdaderos dueños del Consorcio de Restaurantes demandaron penalmente a Osorno y a sus socios por los delitos de fraude procesal y estafa, el asunto empezó a inquietar a la Casa de Nariño. El 21 de abril del año pasado, Osorno se suicidó. El reporte forense dictaminó que la causa fue una sobredosis de pastillas. Entretanto, el proceso en contra de su cómplice Luis Antonio Noriega y de su súbito inversionista extranjero, Joseph Fajardo, avanzaba en la Fiscalía. Hace menos de un mes, Noriega fue hallado sin vida en extrañas circunstancias que hoy son objeto de pesquisas judiciales. El epílogo de los maquinadores de este fraude que evadieron la mano de la justicia y saldaron sus cuentas con la muerte.


No obstante, el tercer eslabón de este truculento episodio vino a tener un avance el pasado 12 de marzo. Ese día, ante un juzgado de Bogotá, la Fiscalía le imputó al norteamericano Joseph Fajardo los delitos de fraude procesal y estafa. Fajardo no aceptó los cargos y le comunicó a Carlos Albornoz que también había sido engañado por la dupla Osorno-Noriega. De cualquier manera, la Fiscalía tiene 30 días para presentar las evidencias de esta milimétrica defraudación en la que cayeron incautos la DIAN, a la que se le deben $1.400 millones; la DNE, que dejó de percibir alrededor de $3.500 millones; y el propio Consorcio estafado, que tiene un pasivo de casi $1.000 millones y embargados todos sus activos.

Pese a este universo de irregularidades, la DNE aún no recupera el control de Las Heliconias y Las Gaviotas. El propio Fajardo interpuso dos tutelas para impedir que Estupefacientes retomara las propiedades, luego de que Albornoz cancelara unilateralmente el contrato con Hoteles Unidos de Colombia. “A este señor lo saco porque lo saco. En Presidencia están muy preocupados, hay mucha presión por el tema. Espero poder hacerlo en la semana de Pascua”, le dijo a El Espectador el director de la DNE. Ya se dieron instrucciones para que, a través de los alcaldes de La Tebaida y Quimbaya, se ejecuten a la mayor brevedad medidas cautelares sobre los predios.

Más allá de la tardía reacción del Estado, lo cierto es que las joyas de la corona del abatido capo Jabón, con un valor aproximado de $50 mil millones, expropiadas en 2004 por la justicia y puestas a disposición de la DNE, y que durante años fueron el eje de clandestinos encuentros entre narcotraficantes del cartel del norte del Valle para planificar su accionar criminal, terminaron en cabeza de unos habilidosos comerciantes que resultaron muertos y ad portas de una condena a un ciudadano de origen norteamericano que ni entrega los bienes ni se declara culpable. Un ilícito rompecabezas que por años pasó de agache, al que le puso un freno de mano la DNE.

‘Jabón’, el verdadero dueño de los predios

Wílber Alirio Varela, alias Jabón, fue uno de los capos más temerarios que pasaron por el cartel del norte del Valle. Nacido en Roldanillo (Valle), se inició en el narcotráfico en los años 80, de la mano de los hermanos Rodríguez Orejuela. Pero luego, este sargento retirado de la Policía se convirtió en uno de los hombres más cercanos de los narcotraficantes Orlando Henao y de Iván Urdinola, y los Rodríguez casaron una pelea a muerte con él, en la que cayeron capos como Hélmer Pacho Herrera y el propio Henao.

Con esta muerte, Varela ascendió en la organización y se convirtió en el enemigo número uno del otro gran jefe de ese cartel: Diego León Montoya, alias Don Diego. Por información sobre él se llegó a ofrecer una recompensa de US$5 millones.

A principios de febrero de 2008 trascendió que Jabón, hasta ese momento uno de los narcotraficantes más buscados por EE.UU., había sido asesinado en un complejo turístico de Mérida (Venezuela).

Dos hoteles importantes del Eje Cafetero

El hotel y centro de convenciones Las Gaviotas es reconocido como uno de los complejos turísticos más importantes del Eje Cafetero. Ubicado en jurisdicción del municipio de La Tebaida, a cinco kilómetros del aeropuerto de Armenia, cuenta con 73 habitaciones distribuidas en un área de 71 mil metros cuadrados. Los precios de sus habitaciones oscilan entre $50 mil y $200 mil por noche.

El hotel campestre Las Heliconias también goza de buena imagen en el campo turístico. Localizado en el kilómetro 2 de la vía Quimbaya-Panaca, a 30 minutos del Parque del Café, cuenta con 95 habitaciones y una capacidad de albergar hasta 387 huéspedes. Una habitación puede costar desde $50 mil hasta $250 mil.