‘Nueva oficina’ de Envigado

Las viejas operaciones de este municipio se reemplazaron por actividades culturales, donde el pensamiento, el espíritu y la  reflexión son el eje de una casa-museo llamada Otraparte.

“En La oficina de Envigado atendemos de lunes a viernes de ocho a doce y de dos a seis. Los sicarios llegan recién bañados a las ocho en punto, marcan tarjeta, se toman un tinto, miran la lista de asesinatos y extorsiones del día y salen a cumplir con su deber. Están afiliados a una Caja de Compensación y tienen vacaciones dos veces al año. El Gerente tiene su cubículo aparte, desde donde cuadra la agenda de citas con Senadores, comerciantes, políticos y funcionarios del Gobierno Nacional. El secretario del Gerente es el Alcalde del Municipio”.

Así me imagino que se imaginan muchos a este pueblito antioqueño. A eso han reducido los medios de comunicación la imagen de un municipio que, como el país entero, tiene su respectivo sacerdote, su alcalde, su policía, su político corrupto, su periodista arrodillado, su paramilitar y su mafioso y donde la mayoría de la población sale todos los días a trabajar y a luchar y a gozar y a sufrir, sin participar directamente en nada de eso, como si fuera una versión a escala de lo que es Colombia.

En Envigado ya no existe ese sofisticado mecanismo de terror llamado “La oficina” que, con otro nombre o sin él, funciona  en muchas partes del país. No estoy diciendo que esto sea el paraíso ni estoy haciendo propaganda turística. Se los digo porque llevo más de treinta años aquí y me tocó vivir la época que dio origen a esa fama de asesinos.  Tuvimos el mafioso más terrible, notable y lamentablemente inolvidable del país: Pablo Escobar. Aquí estableció su centro de operaciones. Y aquí, después de un tiempo, siguió funcionando una organización asesina y millonaria y eficaz.

Pero eso ya pasó. En los últimos años esa oficina ha sido reemplazada por “La oficina” de otro hijo esta tierra, inmensamente más inmenso que Pablo y menos notable para la mirada escandalosa y fragmentada de los medios de comunicación: Fernando González Ochoa, el filósofo a quien el país ha querido olvidar porque develó nuestra hipocresía, nuestra mezquindad y la estrechez y corrupción de quienes manejan el poder y la prensa.

Hoy en día “La oficina” desde donde se administraban las armas de la mafia ha sido reemplazada por un lugar desde donde se administran las armas que dejó Fernando González: El pensamiento, el espíritu, la reflexión y la sinceridad. Esa nueva “Oficina”, que cuenta con una casa museo y un café-bar, ha despertado el alma atemorizada y adormecida de todo el Valle de Aburrá y de Antioquia y está logrando salvaguardar y difundir la obra del Mago de Otraparte. Es una “Oficina” manejada por gente joven que está cambiando sin tanto discurso, con acciones concretas (Res non verba –hechos, no palabras- recordaba el Maestro) la imagen de los viejos tiempos:

El espíritu tenebroso de Jorge Mesa, el alcalde que fue amigo personal de Pablo Escobar y que montó el mecanismo asesino de Seguridad y Control (y de quien habría que descolgar los homenajes pictóricos que hay en la sede de la Alcaldía) ha sido reemplazado por otras presencias más dignas. En los últimos años he visto pisar las calles de estas tierras a personas como Wole Soyinka (premio Nobel de literatura), Juan Padrón (Uno de los grandes representantes de cine animado en el mundo), Carlos Sorin (reconocido y galardonado cineasta latinoamericano), Emir Kusturica (uno de los más importantes músicos y cineastas contemporáneos) y William Ospina (intelectual que no necesita presentación), por mencionar algunos. Todos ellos, traídos por la Corporación Otraparte, en un municipio que sólo se preciaba de las personalidades traídas a las fiestas de los Jefes: Helenita Vargas, la Nena Jiménez…

Ahora en Envigado se están reconociendo los errores. No podemos ocultar que Gustavo Upegui, quien fue asesinado por juegos de poder entre narcoparamilitares, manejó este municipio. Cuando murió fui a fisgonear la misa. El cura dijo que “Don Gustavo debe estar descansando en la paz del señor a lado de los ángeles”. Y su cuerpo fue velado en las instalaciones de la Alcaldía Municipal. Ahora que las cosas son distintas necesitamos reconocer esos errores, publicarlos. Y si nos falta algo por modificar, cambiar desde adentro para exigir con la frente levantada que respeten nuestro nombre.

Muchos de mis amigos de la adolescencia envigadeña consiguieron plata y novias y rumbas y lujos y muerte trabajando para Pablo y más tarde para Upegui. En la confusión de mi adolescencia tuve ganas de buscar esas novias y esos lujos y esa muerte, pero me salvo la cobardía. Ahora veo a los muchachos soñando con otras cosas. Los he visto en la sede de Otraparte. Riéndose, leyendo, estudiando, mamando gallo, escribiendo, escuchando, discutiendo, mirando, viendo cine, oyendo poetas, haciendo películas en video, disfrutando conciertos, bregando a pensar.

Esta “Nueva oficina” es la salvaguarda contra los intentos de regreso de la barbarie. La barbarie siempre acecha. Cambia de nombre, pero no acepta perder su poder. Otraparte ha empezado a cambiar una imagen, a difuminar un estereotipo, sin necesidad de asesores de imagen u oportunistas de la publicidad. Con hechos que cualquiera puede comprobar (Res non verba) le ha ahorrado mucha plata a las administraciones  municipales.

Lo digo porque en días pasados ante  una polémica suscitada recientemente por una desavenencia financiera entre la Administración Municipal de Envigado y la Corporación Otraparte, una coyuntura perfecta para demostrar la nueva altura espiritual y la dignidad de este municipio y de los periódicos antioqueños, surgieron columnas de opinión con  polemistas que parecen sacados de las cavernas, que utilizan adjetivos fáciles (comunistas, mamertos, etc) e irresponsables. Etiquetas que todos sabemos lo que implican en tiempos brutos y polarizados Qué facilidad para arrasar años de trabajo con una frase sin sopesar. Y para convertir toda una historia de sonidos, colores y pensamientos, en el punto chiquito donde vive Satanás. Afirmaciones para la estatura de los principales promotores de nuestra violencia política o para la altura espiritual de los viejos mafiosos envigadeños. Señores columnistas: No nos sigan defendiendo con esas palabras, por favor. La vieja oficina de Envigado ha cerrado sus puertas.

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