El río, la fosa más grande de Medellín

La mayoría de cuerpos encontrados fueron sometidos a tortura con armas blancas y de fuego.

Bolsas negras flotando con cadáveres en su interior. Una estrategia dantesca que le dio triste fama a ríos como el Cauca y que desde hace tiempo también es común en el caudal del Medellín, al cual acuden los delincuentes de la ciudad para deshacerse de sus víctimas. Otra secuela de la violencia que ya tiene preocupadas a las autoridades policiales de la capital antioqueña, a las cuales apenas en enero pasado les tocó sacar cuatro cuerpos de las aguas.

A cualquier hora. Como el sábado 29 de enero, cuando a la altura de la terminal de transportes del norte de Medellín, personal del CTI de la Fiscalía madrugó a extraer del río con ayuda de bomberos de la ciudad el cadáver de la semana. A sólo dos cuadras, en el baúl de un taxi, otro hombre fue hallado en iguales circunstancias.

“Generalmente lanzan los cuerpos al río con la intención de desaparecerlos”, explica Fabio Osorio, coordinador del Grupo de Inspección a Cadáveres del CTI de la Fiscalía.

El río Medellín nace al sur del área metropolitana en el alto de San Miguel, del municipio de Caldas. A su paso por la capital antioqueña divide la ciudad en dos y  en su recorrido recibe las aguas de cerca de 200 afluentes directos y por intermedio de ellos a más de 352 quebradas.

El año pasado fueron recuperados 48 cuerpos, 16 más que en 2009. Tres casos en Caldas e Itagüí, 17 en Medellín, 11 en Bello, 8 en Girardota y Copacabana, y 9 en Barbosa, donde el río adopta el nombre de Porce. Veinticinco de los cadáveres presentaban heridas con arma de fuego, mientras  11 tenían lesiones producidas con arma blanca. En lo corrido del año se han hallado cuatro cuerpos de hombres, dos asesinados con arma blanca y dos con arma de fuego.

Esta estadística no incluye a las personas que cayeron de manera accidental y murieron ahogadas, como el caso de las dos mujeres que viajaban en un vehículo en compañía de tres agentes de la Policía en la madrugada del 26 de diciembre. El cuerpo de una de ellas, Eliana Cárdenas, fue recuperado, mientras que el de Lina Henao sigue desaparecido.

Según la Fiscalía, muchos de los cuerpos presentan señales de tortura o desmembramiento. Los días en los que se presentan más casos son los martes y los miércoles. Fabio Osorio asegura que “el río no es el lugar de los hechos sino el medio de transporte. Las organizaciones delincuenciales tiran los cuerpos con la intención de desaparecerlos y con ellos la evidencia y la posibilidad de llegar a los culpables”.

Si los cuerpos son lanzados en jurisdicción de Medellín hay más opciones de hallarlos, pero también pueden ser arrastrados hacia los municipios del norte y, en el peor de los casos, desaparecer, cuando el río Medellín se transforma en el Porce y va a desembocar en el Nechí”, explica Osorio.

Las autoridades reconocen que hay que prestar atención al tema, aunque según el secretario de Gobierno, Felipe Palau, es muy difícil poner vigilancia permanente a lo largo del cauce, pues el río parece ser una “tentación” para los delincuentes por su ubicación estratégica.

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