Un muerto, varios interrogantes

<strong>El Espectador</strong> revela el contenido del informe forense que recibió la Fiscalía sobre los restos de Carlos Horacio Urán.

El 12 de enero de 2010, producto de las investigaciones en torno a la suerte corrida por 11 personas desaparecidas en el holocausto del Palacio de Justicia, la Fiscalía ordenó una averiguación aparte: la forma como, en los mismos acontecimientos, perdió la vida el entonces magistrado auxiliar del Consejo de Estado Carlos Horacio Urán Rojas. Desde hace algunas semanas, el ente investigador tiene en sus manos una prueba que abre un nuevo capítulo en este explosivo expediente con 25 años de historia.

Por diferentes evidencias, desde diciembre de 2007 la Fiscalía tenía sospechas de que el magistrado Urán no había muerto como consecuencia de los enfrentamientos entre el M-19 y el Ejército, sino por un disparo a quemarropa en la cabeza. Por eso, hace siete meses, ordenó recobrar la necropsia y el acta de levantamiento de su cadáver, realizados en noviembre de 1985, y el análisis de los restos óseos que desde hace cinco lustros estaban depositados en un cementerio. El resultado parece contundente.

La necropsia, ordenada por el juez 77 de Instrucción Penal Militar, y llevada a cabo horas después de terminados los combates, concluyó que el magistrado Urán falleció por “laceración cerebral por herida en cráneo causada por proyectil de arma de fuego”. Y detalló otras heridas causadas sin aclarar su posible origen. El nuevo informe expresa que la manera más probable del deceso fue el homicidio. Y que la causa provino de un “shock neurogénico secundario a laceración cerebral”.

En otras palabras, el diagnóstico de hace 25 años apunta a ser ratificado. Ayer, al analizarse el orificio provocado por proyectil de arma de fuego que ocasionó la muerde del abogado, dio positivo el llamado “tatuaje” que originó un disparo a corta distancia en la región frontal izquierda de su cabeza. El nuevo análisis, aunque con osamentas con erosión generalizada, vuelve a determinar que hubo un proyectil de arma de fuego que perforó el cráneo.

El estudio antropológico, médico y odontológico a los restos del magistrado Carlos Horacio Urán se llevó a cabo en la segunda semana del pasado mes de marzo, después de ser recuperada una bolsa plástica depositada en una fosa del cementerio Jardines de Paz, en el norte de Bogotá. El documento señala que además de la lesión y fracturas causadas por una bala, en otras partes de la estructura ósea hubo contusiones producidas por “un objeto contundente de alta velocidad”.

De alguna manera se ratifica la necropsia de 1985, en la que además de la herida en la región frontal de la cabeza, quedaron detalladas lesiones en el brazo izquierdo, el dedo izquierdo, el brazo derecho, la mano del mismo lado, la planta del pie izquierdo y las piernas. Se describen heridas en los muslos, en especial de la pierna izquierda. Y este es un detalle que el diagnóstico de hoy verifica evidenciando una fractura completa en el fémur izquierdo.

Estas particularidades científicas son evaluadas por los investigadores de la Fiscalía, que ya tenían indicios de que el magistrado Urán Rojas, al parecer, no murió en medio de los enfrentamientos. Sobre todo, después de que el noticiero de televisión Noticias Uno divulgara en 2008 un video de la época, donde se pudo identificar al jurista rengueando y sin camisa, pero vivo y saliendo rescatado por el Ejército del Palacio de Justicia. Esa prueba cuestionó la versión oficial de que Urán murió en el interior de la edificación judicial.

Ya antes la Fiscalía había dado con otros hallazgos muy comprometedores. Por ejemplo, a principios de 2007, en la sede del antiguo B-2 de inteligencia militar, los investigadores encontraron los documentos de identidad del magistrado. Su cédula, su libreta militar, el pase de conducción, un registro de cuenta de apartado aéreo y unas estampas de la virgen. Su viuda, Ana María Bidegain, los reconoció meses después y desde entonces quedó la sospecha de por qué el cadáver de Urán había aparecido sin ropa y con un disparo en la cabeza.

Posteriormente, la propia Ana María Bidegain, en entrevista con El Espectador, manifestó que hace 25 años había quedado con la versión de que su esposo había muerto durante el fuego cruzado y que, incluso, esa fue la versión con que crecieron sus cuatro hijas. Pero, que paradójicamente, sólo había recibido en aquella época la argolla de matrimonio y un llavero que tenía un escudo metálico de la universidad donde habían estudiado. Lo que más le impresionó fue una expresión de Medicina Legal que nunca había visto: “Ahumamiento post mórtem”, es decir, quemado después de muerto.

En diciembre de 2009, una comisión de la verdad conformada por tres ex presidentes de la Corte Suprema de Justicia se ocupó del caso Urán y aportó nuevos detalles. El magistrado del Consejo de Estado habló con su esposa casi al momento de empezar la toma del M-19 y cuando avanzaba la mañana del 7 de noviembre, fue él quien trató de obtener autorización del jefe guerrillero Andrés Almarales para descender al primer piso e informar sobre el alto número de rehenes que quedaban en niveles superiores.

Según testimonio del consejero de Estado Reynaldo Arciniegas, la idea de salir a buscar el diálogo fue de Carlos Horacio Urán. Al final de los hechos, apareció su cadáver. Sin embargo, en el acta de levantamiento nunca quedó especificado dónde se produjo su fallecimiento. Sólo quedó escrito que en el patio interno. Él y otros magistrados estaban en el cuarto piso. En cuanto a la necropsia, el informe de la Comisión de la Verdad dejó anotado que en el caso del abogado Urán hubo circunstancias especiales.

Lesiones producidas con un objeto contundente, una herida en la región frontal del cráneo y equimosis en ambos ojos que, podría pensarse, fueron originadas “ex profeso”. La comisión no se comprometió con una eventual tortura, pero sí admitió que en la lesión de arma de fuego, el frotis para pólvora dio positivo, lo que en balística significa que el disparo fue hecho a contacto o a corta distancia, es decir, a menos de un metro.

En el video que reveló Noticias Uno en 2008, al magistrado Urán se le vio saltando, apoyado en su pie derecho. De alguna manera explica que tenía una limitación para apoyar su pie izquierdo. Paradójicamente, en ocho de los casos analizados, la Comisión de la Verdad  constató que las lesiones de muerte habían sido producidas por proyectil de arma de fuego en el cráneo, siete de ellas con frotis positivo para pólvora. La mayoría de abajo arriba y de adelante hacia atrás. Como en el caso Urán, con disparo en la región frontal izquierda.

Este expediente sigue dando sorpresas y el acta de levantamiento 1128, supuestamente realizada en el patio interno a las 15:00 del 7 de noviembre de 1985, aún más. Desde el pasado enero, la Fiscalía, convencida de que la muerte del magistrado Carlos Horacio Urán Rojas puede corresponder a un crimen de lesa humanidad, ya cuenta con un diagnóstico actualizado. El análisis de sus restos óseos, que verifican lo dicho. Con esta evidencia se esperan decisiones. El caso del Palacio de Justicia sigue removiendo escombros y fantasmas del pasado.

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