Asesinan a líder de desmovilizados

Antonio López fue uno de los fundadores de la Corporación Democracia, organización que aglutinaba a ex miembros de los bloques Cacique Nutibara y Héroes de Granada, que estuvieron bajo el mando del extraditado alias ‘Don Berna’.

En la vía Las Palmas, que de Medellín conduce al aeropuerto internacional José María Córdova de Rionegro, fue asesinado este lunes por dos sicarios Antonio López, uno de los principales voceros de los grupos de autodefensa en el proceso de desmovilización que se adelantó con el Gobierno. Además, era el hombre clave en la postura política del extraditado jefe paramilitar Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna.

El hecho ocurrió hacia la una de la tarde, cuando López departía con otras personas en un establecimiento público y súbitamente fue atacado por desconocidos que emprendieron la fuga. Integrante de la Corporación Democracia, nacida después de la desmovilización de los paramilitares, en la actualidad López estaba promoviendo acuerdos para preservar la negociación y se había convertido en un portavoz de los desmovilizados rasos para saldar sus cuentas con la justicia.

De Antonio López hay una larga historia sobre la guerra y la paz en Antioquia. En sus años juveniles hizo parte de las Milicias Populares del Ejército de Liberación Nacional (Eln) y durante los años 80 terminó siendo vocero político de esta organización. Años más tarde, López declinó su participación en la guerrilla y, luego de transitar por otros frentes de la guerra, a comienzos de los años 90 terminó desmovilizándose como combatiente de la Corriente de Renovación Socialista (CRS), una facción disidente del Eln.

Sin embargo, en lugar de continuar los caminos de la negociación política, rápidamente volvió a la guerra. Al ser sindicado de actos de violencia y terrorismo en Medellín, y ya sin el apoyo de los grupos subversivos, tomó contacto en la cárcel con miembros de los grupos paramilitares y sin mayores prevenciones se cambió de bando. Entonces entró a formar parte del Bloque Cacique Nutibara, orientado por Don Berna.

Por eso, cuando el gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez entró a negociar en 2003 con los grupos de autodefensas y se dieron los primeros pasos hacia la desmovilización, Antonio López fue uno de los hombres claves de este proceso. Es más, al producirse la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara, él, aún con su condición de integrante de las autodefensas, conocido con el alias del comandante Job, fue uno de los principales impulsores del desarme de las principales estructuras de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), que por esos tiempos estaban expectantes frente al proceso de paz que se estaba gestando con el Gobierno.


La Corporación Democracia

Dentro de los planes con los grupos paramilitares, junto a otros desmovilizados, Antonio López constituyó la Corporación Democracia, destinada a reintegrar los bloques Cacique Nutibara y Héroes de Granada en una sola plataforma política y social.

En su nueva labor, López trajo al país a varios ex comandantes de las guerrillas nicaragüense y salvadoreña, con el propósito de compartir experiencias de negociación política de conflictos armados. Dos de ellos fueron Edén Pastora, uno de los líderes de la Contra de Nicaragua, y el salvadoreño Facundo Guardado, ex miembro del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Pero el pasado 13 de mayo, día en que fueron extraditados a Estados Unidos los 14 jefes paramilitares, la situación de la gente cercana a tales comandantes se volvió incierta y muchos de los desmovilizados terminaron como ruedas sueltas no sólo en la capital antioqueña, sino en el resto del país.

“Nos sorprendió, nos afectó y creo que pasará un buen rato para reponernos de esa situación (la extradición a E.U. de los ex jefes paras), pues ni jurídica ni políticamente hay algo claro frente al presente y futuro de ellos y de nosotros”, manifestó López en entrevista concedida a El Espectador el pasado primero de junio.

No se sentía un heredero de Don Berna, pero sí evidenciaba su preocupación por las bandas emergentes que quedaron al garete tras el fracaso del proceso de paz con los 14 jefes paramilitares. “Es el Estado el que debe dar cuenta de ellos”, fue el ambiguo comentario de López frente a las denominadas ruedas sueltas de la negociación de paz. Y precisamente de alguna de esas estructuras armadas que siguen rondando a un proceso de paz ambiguo sin norte preciso, llegaron ayer las balas que segaron la vida del vocero político de los desmovilizados de Antioquia.

La muerte de Antonio López llega en momentos que Medellín atraviesa por un clima de inseguridad, producto de nuevas expresiones de violencia y de la entrega a la justicia estadounidense de Carlos Mario Aguilar Echavarría, alias Rogelio, quien había heredado la tenebrosa Oficina de Envigado.

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