Diez años del ‘Acuerdo del Nudo de Paramillo’

En la mañana del 26 de Julio de 1998 todo era revuelo en los Alrededores de Tierralta,  en Córdoba, iban y venían raudas las camionetas Hummer, de vidrios polarizados, las altas polvaredas presagiaban la realización de la reunión más importante que hasta ese momento habían desarrollado Salvatore Mancuso y Carlos Castaño, los dos más importantes lideres de las Autodefensas Unidas de Colombia.

Ese 26 de julio en la mañana, llegaron al Aeropuerto de Montería, un importante grupo de lideres políticos y empresariales liderados por el Defensor del pueblo, el recientemente fallecido José Fernando Castro Caicedo, a quien acompañaba el Excanciller Augusto Ramírez Ocampo, el Presidente de la CUT, Luis Eduardo Garzón, el Presidente del Sindicato de Ecopetrol Hernando Hernández, el Senador Samuel Moreno Rojas, el Presidente de Fedegan Jorge Visbal Martelo, el Presidente de Fenalco, Sabas Pretelt de la Vega y el de Confecamaras, Eugenio Marulanda, era una representación plural, en busca de un acercamiento de paz, con la fuerza más agresiva y sangrienta del conflicto armado Colombiano, las AUC.

Las Hummer transportaron a la importante delegación hasta una finca a las afueras de Valencia, fueron recibidos de manera cordial por Salvatore Mancuso y Carlos Castaño, era una maña soleada, en medio de las bellas tierras Cordobesas, el ambiente se dividía entra la familiaridad y el hielo y la tensión con Lucho Garzón y Hernando Hernández, a quienes se les consideraba en las AUC, aliados de la guerrilla.

La reunión se desarrollo en una amplia sala, cómoda y bien aireada, tomo la palabra inicialmente José Fernando Castro Caicedo, quien presento de manera clara y sin rodeos el sentido de que Colombia no podía ni quería soportar mas violencia, que ese era el mandato mayoritario de la sociedad Colombiana expresado en las urnas en octubre del 97 y que el en su condición de Defensor del Pueblo, lo asumía con toda responsabilidad, por eso la reciente reunión del 15 de julio en Maguncia con el ELN y ahora esta reunión con la dirigencia de las AUC y que la pluralidad de la delegación era una muestra contundente que entre diferentes se podía dialogar y lograr la paz.

La reunión transcurrió sin sobresaltos, tomaron la palabra uno a uno los invitados provenientes de Bogotá, las intervenciones más esperadas fueron las de Lucho Garzón y Hernando Hernández, ambos fueron escuchados con total respeto y atención, argumentaron que por supuesto eran personas de izquierda y que desarrollaban una acción legitima, pero que no podían ni querían quedarse callados ante tanta criminalidad contra el sindicalismo y que eso debía terminar y que igualmente estaban comprometidos en encontrar caminos de paz con todas las fuerzas, tanto las guerrilleras, como las paramilitares, estas afirmaciones terminaron por distensionar el ambiente y tanto Mancuso como Castaño se comprometieron en frenar las amenazas e intimidaciones, llegado el medio día, toda la delegación fue invitada a degustar un apetitoso asado de carne, acompañado de yuca, arroz de coco, mote, caribañolas, suero costeño y rematado con jugos de corozo y guayabas agrias y unos dulces de coco y papayuela.

De ese 26 de julio del 98, sale la declaración conocida como “Acuerdo del Nudo de Paramillo” y perfectamente hubiera podido ser suscrita por las FARC o el ELN en cuanto a lo que deberían ser los contenidos de un acuerdo de paz, dice el texto en su quinto punto “la agenda minima de negociación de paz que debe adelantar el gobierno nacional con las Autodefensas Unidas de Colombia, debe dar respuesta a problemas como: democracia y reforma política,  modelo de desarrollo económico, reforma social, económica y judicial, la fuerza publica en el estado social de derecho, el ordenamiento territorial y la descentralización, el medio ambiente y el desarrollo sostenible, los hidrocarburos y la política petrolera”, una agenda así, amplia y llena de contenidos políticos, económicos y sociales, era lo que pretendían las AUC en 1998.

Salvatore Mancuso nació en Montería, nieto de inmigrante Italiano, es el segundo de seis hermanos. En Bogotá estudió ingeniería civil en la Pontificia Universidad Javeriana y Administración agropecuaria en la Escuela de Formación Técnica Agrícola, en la Universidad de Pittsburgh, Pensilvania estudió inglés.


Al regresar a su natal montería a mediados de los años ochenta se encontró de frente con la expansión guerrillera y la disputa por el control social y territorial, según su propio relato autobiográfico como ganadero busco protección de la fuerza publica y afianzo una relación de colaboración, monto su propio grupo de seguridad y desde allí fue derivando a la ilegalidad, donde encontró en la familia Castaño unos socios ejemplares, no solo para brindar seguridad a los ganaderos sino para el lucrativo negocio del narcotráfico.


Iniciado el gobierno del Presidente Pastrana, las AUC no tuvieron mayor motivación ni necesidad para intentar unas negociaciones, muy por el contrario, una confederación tan reciente, constituida en abril del 97, debería surtir un proceso de ampliación y consolidación entre los años 98 al 2002, donde creció hasta convertirse en una importante fuerza militar, social y política, que llego a tener presencia en veinte departamentos, controlar buena parte del negocio del narcotráfico y conquistar un tercio del control del congreso en marzo del 2002, como lo anuncio el propio Mancuso y que en su momento no paso de ser un titular de prensa, pero esta expansión no se dio de manera silenciosa, fue anunciada al país por cientos de masacres y millones de desplazados.

Las Autodefensas Unidas de Colombia fue una compleja alianza de pequeños ejércitos surgidos desde finales de los años setenta, como es el caso de Ramón Isaza con sus Autodefensas del Magdalena Medio, y las fuerzas de control  del Urabá y Córdoba de los años ochenta, lideradas por Mancuso y Castaño, con un amplia proliferación de grupos armados por buena parte del país, entre los años 95 y 98, Mancuso y Castaño, se dedicaron a vender la “franquicia” AUC, a los mejores postores y por supuesto que los narcos eran los mejores ofertantes, en un negocio en expansión y que requería de protección y garantías para su desarrollo, esto coincido con las negociaciones del Caguán entre el Presidente Pastrana y las FARC y allí encontraron el motivo político perfecto, para revitalizar la dosis contrainsurgente de su proyecto, no era posible ni admisible una negociación con las FARC, que no incorporara en sus debates a las fuerzas de la derecha más dura de Colombia.

Fracasado el intento de negociación del Caguán y llegado el mandato del Presidente Uribe, las AUC, se sentían en el poder o por lo menos compartiéndolo,  el 23 de julio de 2001, habían suscrito el “Acuerdo de Ralito”, para “refundar la nación” y como desarrollo de esta estrategia de alianzas con la clase política regional contaban con una importante bancada en el Congreso, el 7 de agosto de 2002, Mancuso y Castaño, en sus campamentos del Nudo del Paramillo, sabían que el tiempo para las AUC estaban finalizando, que ya no había espacio para mantenerse en su proyecto de contrainsurgencia y narcotráfico, se requería abrir una negociación con el Presidente Uribe.

El 1 de Diciembre del 2002, la dirigencia de las AUC, se compromete con un cese del fuego y anuncia su interés en un proceso de paz, el gobierno responde nombrando una Comisión Exploratoria de Paz, con la tarea de verificar esta “voluntad de paz” y apoyándose en la ley 782, aprobada en la primera legislatura de 2002, con amplia injerencia de los parlamentarios que hoy están en el proceso de la para-política, ley que permitía al gobierno entrar en contactos con cualquier grupo armado,


haciendo de lado el reconocimiento de carácter político, el 23 de diciembre de 2002, designo a Eduardo León Espinosa Faccio-Lince, Ricardo Avellaneda Cortés, Carlos Franco Echevarria, Jorge Ignacio Castaño Giraldo, Gilberto Alzate Ronga y Juan B. Pérez Rubiano, para adelantar sus labores bajo “la más estricta confidencialidad” y la responsabilidad de informar sobre los desarrollos y avances del proceso quedó en manos del Alto Comisionado para la Paz.


Salvatore Mancuso, le da por primera vez la cara a país en estos contactos con la “Comisión exploratoria de paz”, el país ve a un hombre joven, siempre bien vestido, con ropa de marca y maneras firmes y sobrias, es claro y contundente en sus afirmaciones, asume el liderazgo de la organización, cuando Carlos Castaño quiere deslindar campos con los narcos-narcos, que han comprado franquicias por doquier y bien sabe Castaño que es difícil una negociación con ellos, suficiente tienen con pretender una legalización, con tantas victimas a su haber  y tantos kilos exportados a Estados Unidos, para ahora intentar una negociación con narcos que no están dispuestos abandonar fácilmente el negocio, Castaño plantea que es tiempo de abandonar el narcotráfico y asumir en serio una negociación con  el gobierno Colombiano  y con los Estados Unidos, pero hay que dejar ya, el narcotráfico, tesis que no encuentra audiencia en la dirigencia de las AUC y que lo llevara a la muerte en abril de 2004.


Mancuso, ahora es el líder de la negociación, con unas alianzas muy volátiles con quince jefes paramilitares, promueve la desmovilización del Cacique Nutibara en noviembre de 2003 en Medellín, como una muestra de que tienen voluntad de desmovilización.
Se inicia en el Congreso de la Republica el debate sobre lo que implica esta negociación con los paramilitares, el gobierno en cabeza del Ministro del Interior Fernando Londoño presenta un proyecto de Ley de “alternatividad penal”, que no cumple los mínimos estándares nacionales ni internacionales para personas que han cometido gravísimos crímenes de guerra y violación de derechos humanos, este debate fractura de la coalición de gobierno y el Senador Rafael Pardo, lidera un proyecto que permita la negociación  pero que a la vez busque el desmonte paramilitar y sanciones sus crímenes, este será un debate, vigente hasta el día de hoy.

Mancuso, asumió a fondo la negociación, pero en un ambiente de mucha fragilidad, por la persistencia en el narcotráfico y la criminalidad de las fuerzas paramilitares – un reporte de la Comisión Colombiana de Juristas, habla de 2500 crímenes presuntamente cometidos por los paramilitares entre diciembre de 2002 y abril de 2006, cuando se dio la última desmovilización colectiva de las AUC-  Mancuso ahora es el líder visible, para poder instalar oficialmente la Mesa de negociaciones han asesinado a Carlos Castaño.

El 1 Julio de 2004 se hace un gran acto político en Santa Fe de Ralito, Tierralta, Córdoba, asiste el gobierno nacional, lideres políticos, Mancuso, lleva la vocería de las AUC. Julio será un mes frenético, para este Cordobés, que añora la vida tranquila y jugar en la legalidad un papel de dirigente político, el 15 de julio los Estados Unidos lo solicita en extradición por el delito de narcotráfico.


El 28 de julio del mismo 2004, Salvatore Mancuso hace su entrada triunfal al Congreso de la Republica, invitado por las parlamentarias Rocío Arias y Eleonora Pineda, va acompañado de Ernesto Baez y Ramón Isaza, toma la palabra ante la plenaria del Congreso y hace un discurso reivindicando el aporte de las autodefensas a la nación Colombiana y justificándose por la “ausencia de estado”, es un tono  épico, de gente que se vio compelida a la violencia, solo es interrumpido por la figura de Iván Cepeda, el hijo del asesinado dirigente del Partido Comunista, Manuel Cepeda Vargas, Iván está en silencio en la gradas, de pie, porta el retrato de su inmolado padre, esa figura silenciosa lo dice todo, hay una enorme deuda de derechos humanos que los paramilitares tienen con la sociedad Colombiana, Mancuso termina su discurso y regresa a sus cuarteles en Córdoba.
Luego, de la visita al Congreso y la solicitud de extradición a Estados Unidos, la vida de Mancuso se debatía entre el anhelo de legalizarse para ejercer un liderazgo político y la amenaza de ser extraditado, la negociación pendía igualmente de estos retos, legalizarse pagando en algo sus responsabilidades  y desmontándose efectivamente o el fracaso de la negociación.

La negociación paramilitar nunca pudo plantearse como una gran agenda de reformas sociales, políticas y económicas, como se lo plantearon en la reunión del nudo de paramillo en julio del 98, el gobierno del presidente Uribe, jamás acogió esta tesis y de manera rápida los paramilitares desistieron de esta pretensión, su afán era legalizarse, mantener sus fortunas, para algunos continuar ejerciendo de manera directa un liderazgo político y para otros llevar una vida tranquila con las grandes fortunas logradas por narcotráfico y despojo de millones de campesinos.


Llegado el desenlace de esta negociación, por presión nacional e internacional, los paramilitares debían pagar penas entre cinco y ocho años, debían confesar sus crímenes y todo su andamiaje de alianzas, el complicado tema de las alianzas con los políticos empezaba a conocerse y estas frágiles alianzas empezaron hacer agua el poder paramilitar, el liderado por Mancuso, se debilito, fueron recluidos en la cárcel Itagui el primero de diciembre del 2005 y el trece de mayo de este año es extraditado a Estados Unidos junto a otros trece jefes paramilitares.

Hoy Mancuso intenta una negociación en los Estados Unidos, la negociación de los paramilitares fue un fracaso como intento de inclusión, las bandas criminales proliferan por el país y esta por verse si habrá verdad, justicia y reparación, para las cuatro millones de victimas de este proceso paramilitar en los últimos treinta años.

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Luis Eduardo Celis es el coordinador del Programa de Política Pública de Paz de la Corporación Nuevo Arco Iris.

 

 

 

 

 

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