El rezago de la Costa Caribe

El ex alcalde de Medellín y aspirante a la Presidencia de la República escribe sobre la realidad que ha encontrado recorriendo el país.

“Santa Marta, la magia de tenerlo todo”. Esta frase, escrita en paredes y avisos regados por toda la ciudad, impacta. Santa Marta, mejor conocida como la “Bahía más hermosa de América”, en adición a su belleza indiscutible, tiene un puerto con unas condiciones naturales privilegiadas que garantizan que los productos que allí se almacenan no sufran el rigor de la humedad habitual de la costa y por lo tanto resistan mejor las condiciones de almacenamiento; un puerto que permite, sin tener que dragar, la entrada de buques del mayor calado posible.

La ciudad se recuesta sobre la imponente Sierra Nevada, donde se encuentran todo tipo de riquezas y, hacia el nororiente, tiene, ni más ni menos, el Parque Tayrona. El centro histórico de la ciudad más antigua de Sudamérica está en restauración gracias a que conserva preciosas casas estilo republicano y algunas coloniales que no sucumbieron al impulso de algunos gobernantes obtusos que, como en tantas ciudades de Colombia, en algún momento pensaron que debían tumbar edificios viejos para darle paso a la modernidad. Parecería que, efectivamente, Santa Marta lo tiene todo.

Pero tras una mirada más allá del encanto de la magia de esa costa que seduce y atrapa, las cosas son de otro color. Por ejemplo, en el Barrio Ondas del Caribe, lejos del Rodadero, está la Escuela Ondas del Caribe, que tiene una de las peores condiciones físicas que se pueden encontrar en cualquier lugar del país. Es suficiente con mirar los baños: dan ganas de llorar, no es posible que un ser humano utilice un lugar en esas condiciones. O, para dar un salto en otra dirección, no sobra recordar que los tres últimos alcaldes de la ciudad, el último gobernador del Magdalena y el 80% de los congresistas del departamento, hoy están detenidos.

El Departamento de Magdalena, la tierra de García Márquez, del Pibe Valderrama y de Carlos Vives, es una muestra de lo que ocurre con nuestra Costa Caribe: una mezcla extraordinaria de diversidad cultural, talento y creatividad individual por todos lados, riquezas naturales abundantes, alegría y simpatía de su gente, todo en el marco de las desigualdades sociales más protuberantes y la mayor pobreza, que la convierten, junto con la Costa Pacífica, en la región más rezagada de Colombia.

Una pequeña y variada muestra de información, con cifras e indicadores, es contundente. En la Costa Caribe Colombiana vive el 21% de la población de nuestro país y en esa misma región encontramos una tasa de analfabetismo del 17,4% que es el doble de la tasa nacional.

El ingreso per cápita de los costeños es 62% del que tiene el resto de colombianos y el crecimiento del PIB en el Caribe en los últimos 50 años fue de 1%, similar al de las partes más pobres de África, mientras en el resto del país estuvo cerca del 2%. El 51% de las personas que en Colombia tienen Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) viven en esta región: entre los diez departamentos del país con las NBI insatisfechas más altas, seis son del Caribe.


Después de la expedición de la Constitución del 91, a pesar de que las transferencias asignadas a través del Sistema General de Participaciones aumentaron y efectivamente benefician a las regiones más atrasadas, si consideramos el agregado total de recursos públicos en la región, observamos que las zonas  con mejores condiciones han recibido más recursos, ampliando las desigualdades regionales. En el período comprendido entre los años 1992-2006 se otorgaron 1.541 becas de Colfuturo en el país, de las cuales 81 correspondieron a estudiantes del Caribe.

Entre 1992 y 2004, Colciencias adjudicó 979 becas y sólo 40 de ellas cayeron en la Costa. Como nota curiosa, y diciente, el último presidente costeño fue el cartagenero Rafael Núñez, en 1894, y el último Ministro de Hacienda costeño fue el barranquillero Tomás Suri Salcedo, en 1919. Es una constante: todos los indicadores sociales, económicos y políticos muestran que las condiciones de nuestra Costa Caribe son o están entre las peores del país.

¿Cómo se explica esta situación? El tema es complejo y objeto de estudio académico. Como es natural, la respuesta no es única, las condiciones geográficas son importantes, y los trabajos más recientes señalan que las condiciones actuales de las instituciones de la Costa Caribe tienen una fuerte raíz en la forma como se dio la colonización española en esa parte del país. En particular, allí tenemos una alta población afrocolombiana e indígena, alrededor del 30%, dos etnias históricamente discriminadas que han estado excluidas de las oportunidades del desarrollo.

Es crucial destacar un elemento central en el conjunto de razones que explican el rezago de la Costa Caribe colombiana: la política. En las condiciones de pobreza de la región, con la poca educación de muchos sectores y la falta de interés de la


ciudadanía por la participación política, lo público se convirtió en un botín extraordinario para un buen número de políticos locales (con valiosas y valerosas excepciones) que en lugar de trabajar por el cambio en las condiciones de atraso de la población, se apoderaron del Estado para su beneficio particular.

Crearon sofisticadas empresas electorales y desarrollaron el clientelismo más rampante: a cambio de votos han repartido migajas a los más pobres, y en asocio con unos pocos “empresarios” se dedicaron al saqueo más aberrante de los recursos públicos.

Estos políticos son los mismos que en los últimos años les abrieron las puertas a los paramilitares, quienes a cambio de favores bien conocidos les permitieron mantenerse en el poder, sin desconocer que por desgracia éste ha sido un fenómeno nacional, pero más intenso en la Región Caribe. Estos políticos han elevado el clientelismo y la corrupción a la máxima expresión, han sido hábiles negociadores con el poder central, saben extorsionar políticamente, han sacrificado los intereses de las comunidades más pobres a cambio de ganancias para sus empresas electorales, y de esta forma han bloqueado el desarrollo de la región.

Para avanzar en la solución de esta situación de profunda disparidad regional es necesario que reconozcamos que las desigualdades sociales tienen dos componentes: las que se dan en el nivel de las personas y las que se dan entre regiones. Con una observación: atacar estas desigualdades requiere de acciones simultáneas y complementarias, que se encuentran en la que es la necesidad más obvia y a menudo ignorada: la formación del capital humano.

Necesitamos pues la decisión política para convertir en prioridad nacional la disminución de las desigualdades regionales. El Centro de Estudios Económicos Regionales ha elaborado las bases para la creación del Fondo de Compensación Regional, para financiar proyectos estratégicos en las regiones más atrasadas de nuestro país. Esta es una propuesta seria que define una política de Estado, con vigencia de varios años.

En el caso del Caribe las acciones son claras: desarrollar en forma integral el corredor portuario, que concentra el 40% de la población y 50% del PIB regional, intensificar y multiplicar el turismo en sus múltiples modalidades, trabajar en la transformación productiva y social del sector agropecuario con un esfuerzo especial para añadir valor agregado a los productos de la región (¡allí están las mejores tierras del país y, al mismo tiempo, la mayor pobreza!) y, por supuesto, la mayor apuesta por la formación del capital humano que permita potenciar la inmensa riqueza cultural.

Es necesario entender que ésta no es una región homogénea, que tiene una gran variedad social, económica, política y cultural, y por supuesto, para una adecuada solución de los problemas se requiere un tratamiento que reconozca estas diferencias.


Después de estudiar y recorrer 23 capitales departamentales de Colombia en los últimos cinco meses, no tengo la menor duda de que la realidad supera lo que las palabras expresan: La Costa Caribe está rezagada y merece una atención especial. Urgente. El ex presidente Alfonso López Michelsen decía en agosto de 2006: “Hay muchos factores que giran a favor de la recuperación de la Costa, pero lo que hace falta son las personas, los dirigentes que se hagan cargo de esas grandes posibilidades”. Por fortuna hay signos que invitan al optimismo.

Por ejemplo en el panorama político hay un grupo de nuevos gobernantes que permiten vislumbrar una renovación y transformación de las costumbres políticas de la región. La lucha que enfrentan es dura pues los “dueños” tradicionales del poder son capaces de hacer cualquier cosa para conservar sus “empresas”. En un hecho extraordinario, en noviembre de 2007, un grupo representativo de personas de la región firmaron el denominado “Compromiso Caribe”. Estos son apenas los primeros pasos, pero tantos años de atraso exigen un compromiso político y permanente de toda Colombia con la Región Caribe. Es cuestión de elemental justicia.

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Para entender con rigor la realidad del Caribe Colombiano es obligatorio estudiar la serie de trabajos que ha publicado el Centro de Estudios de Economía Regional del Banco de la República, que dirige Adolfo Meisel en Cartagena. El equipo de investigadores de este Centro es de la más alta calidad.

Muchos de los conceptos y opiniones que hoy tengo los aprendí en la lectura de las publicaciones de este centro, enriquecidos con las conversaciones con Adolfo Meisel, Weilder Guerra y Álvaro González. Las cifras que presento son tomadas de sus publicaciones. En particular, recomiendo el libro Políticas para reducir las desigualdades regionales en Colombia, editado por Fundesarrollo, El Observatorio del Caribe y el CEER del Banco de la República.

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