Los héroes de carne y hueso descrestan en Rionegro

<p>La Feria Aeronáutica en Antioquia se ha consolidado como uno de las más importantes del continente. Este fin de semana se realizó la cuarta versión.</p>

Rafael Fernando Cerón, el piloto más aplaudido durante la recién concluida Feria Aeronáutica de Antioquia, lleva 17 años volando y varias veces se ha salvado de la muerte.

Es boyacense y ama los aires desde cuando, a los 12 años de edad, vio pasar un par de aviones Mirage por los cielos de su natal Sogamoso, Boyacá. En ese momento decidió cuál sería su profesión en la cual lleva 17 de sus 36 años de vida. El mayor Rafael Fernando Cerón, es uno de los mejores pilotos de Colombia y el hombre que estuvo detrás de las acrobacias que descrestaron a expertos de América Latina y Estados Unidos durante la IV Feria Internacional Aeronáutica, que se realizó este fin de semana en Rionegro, Antioquia.

Catalogado como uno de los mejores del hemisferio, el espectáculo contó con acrobacias, maniobras y espectáculos de aviones estadounidenses y colombianos como el F-15, una aeronave supersónica estadounidense, que vuela dos veces a la velocidad del sonido. También hubo aviones Tucano de la Fuerza Aérea Colombiana. Pero el acto que se robó la atención de los asistentes al aeropuerto internacional José María Córdova, de Rionegro, fue uno promocionado por el mismísimo vicepresidente de la República, Francisco Santos: el show de los helicópteros Arpía, de la FAC, por primera vez realizado en Colombia.

Lo que pocas personas saben  es que detrás de ese espectáculo está el mismo boyacense que hace 24 años no paraba de mirar para el cielo en busca de los dos Mirage que algún día vio pasar. Que ahora es mayor de la FAC, que tardó un año en preparar las acrobacias realizadas en Rionegro y que gracias a su pericia y a la geografía de los Llanos Orientales, se salvó dos veces de estrellarse por problemas en la transmisión de su aeronave.

¿Cuántas veces ha estado en la Feria Aeronáutica?

Es la primera vez que participo. Es un evento muy interesante, reúne miembros de la aviación mundial, es muy buena vitrina de negocios y tiene un show aéreo que le brinda a la gente un rato agradable y les permite conocer las capacidades que tienen la Fuerza Aérea y la aviación en general.

¿Como se preparó la revista?

Los preparativos vienen desde el año pasado. Tradicionalmente el show del Arpía lo presentaba una sola aeronave, pero este año implementamos las dos. Eso exigió bastantes horas de entrenamiento, armar las secuencias, lograr la sincronización. Esto es complicado por la velocidad que manejamos, que es diferente a la de los aviones. Este es un helicóptero versátil y escogimos maniobras tradicionales y sumamos otras en formación, como la del espejo, que es un helicóptero frente al otro haciendo un giro de 360 grados. Requiere coordinación, potencia, movimiento de pedales, de controles de vuelo. Esa maniobra la ideamos acá.

¿Esta adrenalina es igual a la que vive en el terreno durante una misión?

Igual estás emocionado. Los descensos rápidos, los cambios de altitud, las velocidades. En el aire sientes adrenalina, pero hay vidas de por medio. Aquí el riesgo es que un error te cueste la vida, pero en terreno no sólo es la tuya sino la de las personas que están esperando que les ayudes.


¿Cuál es la misión más arriesgada que ha enfrentado?

Con el mayor (Germán) Lamilla estuvimos en una operación en los llanos de Yarí. Estábamos en formación haciendo movimiento de tropa, la guerrilla nos impactó y el mayor Lamilla fue herido. Me gusta estar aquí otra vez volando con él en este espectáculo. Es muy satisfactorio volverlo a ver y ya en esta situación de divertir al público.

¿La que más lo ha marcado?

Varias operaciones de asalto aéreo. En el ataque al Billar (Caquetá) y a las Delicias (Putumayo), efectuamos escolta a los helicópteros de transporte. Nosotros rompimos el contacto con la guerrilla para que ellos pudieran maniobrar mejor. Estuve en la tragedia del Páez, allí sacamos mucha población civil para que fuera atendida y para evitar que murieran por esa situación. Llegar a una zona y evacuar a un soldado o un civil para que reciba atención médica y salvar la vida, me llena de orgullo, y me ha marcado mucho.

Una emergencia al aire…

He tenido fallas en la transmisión, que se encarga de mover el motor principal en dos ocasiones. Por fortuna ocurrieron en los Llanos Orientales, las condiciones del terreno favorecían para sortear la situación, porque estas fallas son complicadas en terreno montañoso, además no había presencia del enemigo. Otras emergencias se presentan al ser hostigados, toca maniobrar el helicóptero para salir rápido de la zona, si estamos a baja altura esa maniobra se hace a unos 210 kilómetros por hora.

¿Alguna maniobra terminó en tragedia?

 Si, recuerdo un caso, que llevamos un suboficial. A bordo íbamos hablando con él, lo dejamos en Tierra Alta, Córdoba, a los cinco minutos nos llamaron que regresáramos. Habían entrado en contacto y le dieron un tiro en el abdomen, lo recogimos muerto. No pasaron más de 10 minutos desde que lo dejamos. Eso me impactó enormemente. Transportar víctimas por minas antipersona también es muy duro, ver que pierden piernas, sus brazos, muy difícil y aquí en Antioquia eso se ve mucho.

A quién se encomienda.

Yo soy muy creyente, procuro hacer siempre una oración  antes de cada vuelo. Le pido a Dios que estén bien los controles y que pueda maniobrar bien.

Los protagonistas

Cada helicóptero Arpía lo integra una tripulación de dos oficiales y dos suboficiales. Antes de cada presentación realizan el Brifing (reunión de planeación), allí discuten las ocho maniobras que ejecutarán durante los 15 minutos que dura el espectáculo, para garantizar que todo salga sincronizado.

Fuera de los espectáculos en el aire, los asistentes conocieron 110 aeronaves comerciales, deportivas y de combate, pertenecientes a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, el Ejército, la Policía  y la Armada Nacional. Cinco mil personas por día visitaron la feria y durante el fin de semana la cifra subió a ocho mil.

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