Afirmaciones peligrosas

La hermana del informante de la DEA Baruch Vega ofrece versiones cuestionables sobre el papel de mediadora de Piedad Córdoba con las Farc.

En un libro titulado Raúl Reyes: si la montaña hablara, que será lanzado este lunes, la periodista Olga Cecilia Vega Cubillos, hermana del controvertido informante de la DEA Baruch Vega, deja constancia de lo que, según ella, son las Farc y su extinto canciller, Raúl Reyes; relata episodios sobre su secuestro y su exilio, además de la supuesta estrategia de Washington para usarla como canal en un eventual acercamiento con la guerrilla y así tratar de liberar a los tres contratistas estadounidenses que fueron secuestrados en febrero de 2003 y, por último, la participación de agentes de ese país en las denominadas operaciones ‘Fénix’ y ‘Jaque’.

Su libro, de casi 400 páginas, promete levantar voces de protesta, pues las afirmaciones que hace Vega Cubillos son de grueso calibre. Algunas, se diría, rozan la fantasía. No obstante, la periodista incluye dentro de su obra correos electrónicos y documentos que, en principio, sustentarían sus versiones. Como, por ejemplo, que intervino como oculta mediadora en un proceso para la liberación de rehenes de las Farc y que en virtud de éste se entrevistó con Reyes y agentes norteamericanos con los que se convino un viaje a Estados Unidos para dialogar con el extraditado jefe guerrillero Simón Trinidad.

Sin embargo, dice, todo fue una farsa, porque de un lado la CIA y el FBI, con sus operaciones de inteligencia para trazar contactos con las Farc, “me dejaron en medio de dos fuegos cruzados, y luego abandonada y perseguida”, y de otro, corroboró que Raúl Reyes nunca tuvo la intención de interceder por Trinidad ante el gobierno norteamericano, pues aunque este último “ofertó secretamente, por más de dos años, una negociación que beneficiaba a Trinidad sin ser repatriado, a cambio de por lo menos una prueba de vida de los tres norteamericanos”, la respuesta de Reyes no se dio. “Reyes se hizo el de la vista gorda”, expresó Vega, y añadió: “El peor error de Simón Trinidad  es creer que su amigo Reyes no lo abandonó”.

La controvertida periodista contó que Reyes, cuando no utilizaba su alias en la guerrilla, se identificaba en los correos como Germán o Darío, y que la operación que terminó con la captura de Simón Trinidad en Ecuador, el 2 de enero de 2004, se dio bajo supervisión del agente Álex Barbeito, que trabajó en Colombia y Ecuador con los detectives especiales del FBI Joseph Deters, Robert Webb, Oscar Montoto, Chris Carboneau, Manny Ortega y Ken Jett. De igual manera, sostuvo Vega que el día de la ‘Operación Jaque’, en la cual fueron liberados 15 ‘canjeables’ de las Farc, participaron con equipos de alta tecnología los norteamericanos, en especial un comando dirigido por un oficial conocido como Rick y otros dos de nombres Joseph, del FBI, y James, de la CIA.

Según Vega, estos dos agentes convencieron, por medio de su compañera sentimental, a alias César, jefe del frente primero de las Farc, para que “desertara junto con los secuestrados a cambio de prebendas que supuestamente garantizaban su bienestar”, es decir, reforzó la tesis, desmentida una y otra vez por el Gobierno Nacional, de que no se trató de un rescate sino de una entrega acordada tras bambalinas por el gobierno de EE.UU. Vega también aseguró que la ‘Operación Fénix’, que terminó con la muerte de Reyes, se ejecutó después de cinco años de inteligencia de la mano con el Ejército colombiano.

Versiones inverosímiles

En su libro, la bumanguesa abordó la historia de la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt y la senadora Piedad Córdoba. De un lado, aseveró que Betancourt tuvo un hijo con el hoy jefe máximo de las Farc, Alfonso Cano, y que éste habría nacido por la misma época que Emmanuel, el hijo de Clara Rojas. Señalamiento que no sustenta en su libro y que remite a rumores de oídas, de guerrilleros fallecidos o a impresiones de la periodista. Un escenario que hace desconfiar de la veracidad de lo contado por Vega Cubillos.

Por ejemplo, dijo que el miembro del Secretariado Iván Ríos le habría confirmado que la aguerrida política, quien permaneció 75 meses en poder de las Farc, estaba “en estado de gestación”. Ríos le habría dicho a Vega, con “disgusto e inquietud”, que la secuestrada y Cano sostuvieron una relación íntima y que, por esta razón, Cano hizo que Íngrid fuera recluida entre Tolima, Cauca y Huila, región que comandaba Ríos en ese entonces. En su relato, sin embargo, Vega busca eximirse del peso de sus palabras con expresiones como “situación que no logré comprobar con mis propios ojos”. Una irresponsable acusación que sustentó en un jefe guerrillero que fue asesinado en marzo de 2008.

Sobre la senadora Piedad Córdoba, expresó sin más ni más que fue un alfil de los estadounidenses en su búsqueda por liberar a los tres contratistas que la guerrilla mantenía en cautiverio. Una especie de caballo de Troya para que Washington ubicara los campamentos de las Farc. De acuerdo con Vega, la parlamentaria coordinó con oficiales de la CIA y el FBI sus acercamientos con las Farc, les entregaba detallados reportes de sus gestiones e, incluso, a través de simples papeles, introdujo “material radiado” que, junto con un satélite localizado en territorio colomboecuatoriano, le sirvió a Estados Unidos para monitorear a los guerrilleros.

Como en el caso de Íngrid Betancourt, la tesis de Vega sobre la congresista liberal parece un capítulo de ficción del que poco se puede fiar. De cualquier manera, el libro de Vega promete levantar roncha y serán entonces los mencionados en su historia los que pongan en tela de juicio lo que dijo o el alcance real de sus verdades.

El acceso de Vega a las Farc

Una circunstancia en particular con la que se defiende Olga Cecilia Vega para lanzar las aseveraciones que se plasman en su libro es la posibilidad que tuvo durante algunos años de ingresar en campamentos de las Farc. Vega cuenta que habló no sólo con el entonces integrante del secretariado Raúl Reyes, sino con dos de sus mujeres, Olga Marín y Gloria,  y otros comandantes relevantes en la jerarquía guerrillera como Iván Ríos.

Según Vega, “me estigmatizaron falsamente de ser la amante de Raúl Reyes, y de otro lado aseguraban que realizaba labores de inteligencia para el gobierno norteamericano, desinformaciones gravísimas que originaron mi secuestro y una orden para mi fusilamiento”.