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Un imperio sobre el agua

Algunos de los botes más costosos del mundo son hechos en Barranquilla y ya navegan aguas de cuatro continentes. Sus precios van desde los US$ 100.000 y llegan a los US$22 millones.

En la azulada y exótica Isla de Capri, Italia, en las concurridas y agitadas aguas de Miami, Estados Unidos, o en la artificial isla de Dubai, Emiratos Árabe, están  anclados los botes más exclusivos del mundo, los más costosos, los que vienen cargados de diseño, lujo y confort. Y allí están los de AB Inflatables, de la  compañía fabricante AB Marine, que tiene una condición especial:  sus operaciones en Colombia y quienes construyen las embarcaciones son jóvenes a orillas del Atlántico, en Barranquilla. Una mano de obra local con la que están conquistando un negocio que se mueve rápidamente sobre el agua.

A ellos no se les escapa ningún detalle. AB Inflatables maneja ocho modelos de yates de consolas y cascos fabricados en fibra de vidrio o aluminio  con tubulares de Hypalon, certificados con el Registro Italiano Navale (RINA) y  por la International Marine Certification Institute (IMCI), con los que han logrado ofrecer a sus clientes confort y distinción sobre el mar. Y, para ajustar el modelo corporativo, cuentan con la representación de marcas de yates que pueden llegar a costar más de US$22 millones.

 Los materiales con los que son fabricados provienen de Estados Unidos y Francia. En Colombia se abastecen de resinas y pinturas. Y con esta fusión han logrado exportaciones significativas, tanto que sus clientes están en más de 33 países de cuatros continentes. AB Inflatables maneja dos líneas de embarcaciones. La primera es para marines aficionados, que buscan diversión, placer o descanso. Están los Ventus, Navigo, Oceanus, Nautilus, Lammina y Aluminia. Y la segunda es adecuada para navieras, aventuras y expediciones en altamar, con el Profile F series. En este segmento la compañía distribuye embarcaciones al gobierno canadiense, el cuerpo de Bomberos de Estados Unidos y la Fundación Malpelo en Colombia. Y en cifras, las ventas llegaron a los US$ 6 millones y para final de 2.011 esperan vender un poco más de 2.000 botes inflables.

El empresario del mar

Ivor Heyer, el presidente de AB Marine,  es todo un capitán de navío,  es un venezolano en Colombia. Nostálgico por el traslado del país vecino a tierras cafeteras, se define como un astillero. Viste de chaqueta azul adornada en los puños con botones dorados, como un hombre de mar. Dice ser  un marinero de  negocios que va ‘viento en popa’ y manifiesta que tiene grandes expectativas con el mercado de los botes.

Desde muy pequeño ha vivido por y para la industria marina. “Yo no he hecho más nada en mi vida que no sea fabricar embarcaciones. Mi papá lo hacía como hobby y yo lo convertí en industria”. Es corpulento y siempre erguido, “lo que pasa es que soy descendiente de padres alemanes, por eso lo alto”, se ajusta  el cuello de la camisa y se acomoda los puños constantemente y gira las mancuernas con los dedos.

Con tristeza dice que dejó a su adorada Venezuela porque en ese país, su país,  no se daban las condiciones para el negocio. “Es natural sentir un vacío. Llevábamos 40 años allá, todo el mundo nos conoce y tenemos una clientela, pero ya no a través de nosotros sino de distribuidores”. Y hace un listado de las dificultades que los estaban agobiando: clientes insatisfechos por los incumplimientos en las fechas de entrega, complicados requisitos para exportar, exigencias de la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) fuera de lugar y, para completar,   problemas con los sindicatos…

Como buen marino, decidió cambiar de rumbo y después de estudiar los beneficios que tendría su compañía en varios países como Panamá, Costa Rica y República Dominicana, se convenció de que el lugar perfecto sería Colombia y fue cuando  invirtió US$2 millones en este país. “Estamos muy satisfechos, precisamente, por la estabilidad política que tiene el país, el excelente nivel de su mano productiva, las garantías laborales; además de la cercanía que tenemos con el Puerto de Barranquilla, que  nos facilita las operaciones de exportación e importación y los costos operacionales”, asegura Heyer.

Sin bien Colombia representa sólo el 1% del total las ventas de la compañía, Heyer pretende conquistar el mercado local. En el país sus clientes están en Cartagena y en el interior. “Desde mi punto de vista,  hay muy poco desarrollo de la industria marina en el país, sin embargo, esto está cambiando a pasos agigantados. El Gobierno está emprendiendo iniciativas que permitirán la creación de marinas, además se redujo el IVA del 35% al 20% y se bajaron los aranceles de importación del 20% al 5%”.

ProBarranquilla, agencia de inversión del Atlántico, asegura que AB Inflatables no sólo es inversionista extranjero de capital y empleo, sino que está jalonando a la industria náutica colombiana al capacitar a la población joven de la ciudad  en la elaboración de botes de alta calidad, los cuales deben cumplir con normas internacionales de seguridad.

Otro de los factores que lo llevó a establecer su centro de operaciones en Colombia, son los tratados comerciales que está negociando el país con la Unión Europea y Estados Unidos, además de la aproximación al Asia Pacífico. “Nosotros no pagamos arancel para exportar a esos países, ya tenemos convenios con ellos. Obviamente, si hay acuerdos de libre comercio, nos sentiríamos más cómodos porque las negociaciones que tenemos con esos países debemos renovarlas anualmente”, explica.

Heyer está convencido de que su negocio va a crecer a doble dígito  estando en Colombia. “AB ha realizado un Joint Venture con la empresa venezolana Quality Yachts para la representación en Colombia de las siguientes marcas de embarcaciones: Ferretti, Bertram, Pershing, Riva, Formula, Cruisers Yachts, Monterey, Cobia, Pursuit, Tiara y Rinker.  Esta alianza busca penetrar el joven mercado náutico colombiano a través de la prestación de un servicio de venta y posventa para embarcaciones de lujo del más alto nivel”, apunta. Y vuelve a ajustar el cuello de la camisa.

-¿Cuánto puede costar un yate de esa marca? ¿Hay clientes potenciales en Colombia que los compren?

- Aquí no hay límite. Hay barcos de US$ 100.000 hasta US $22 millones. Todo depende del cliente y lo que éste desee –sonríe–. Nos estamos aventurando, pero creo que sí hay un gran potencial, que el colombiano va descubrir el mar y la divinidad de sus costas, y con el desarrollo de la infraestructura proyectada por el Gobierno, se despertará este lobo de mar que es el mercado náutico colombiano.

Su trabajo lo disfruta, como sus aventuras en sus botes personales, cuando pasea por las costas venezolanas. Dice que  su más grande satisfacción es cuando viaja por el mundo y ve a lo lejos, en medio del océano y en acción, a uno de sus botes.  “Lo bonito de hacer esto es que cuando yo voy a los países a donde exportamos, en la marinas veo los productos que fabricamos. Lo más bello es verlos en acción porque se alcanza a ver en medio de la inmensidad del mar la AB de AB Marine”.

Como si estuviera en uno de ellos, y señalara a babor o a estribor, habla de sus estrategias en el mercado nacional:  “Por ahora mi deseo es que el colombiano que viva o viaja frecuentemente al exterior, o que  cuando  vea nuestros botes por televisión, diga que esos  son hechos en Colombia, con mano de obra 100% colombiana.  El producto que estamos haciendo ahora no tiene nada que envidiarle al que hemos hecho en el pasado, y yo diría que es mejor”. Heyer, en posición militar,  se despide, pone su mano en la frente e imita una despedida militar. “Hasta pronto”, dice el hombre de mar.

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2011-06-18T21:00:00-05:00

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Diana Carolina Cantillo E.

Economía

Un imperio sobre el agua

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