El renacer de Eternit

La década pasada fue vital para el desarrollo de la empresa, que superó dificultades económicas y hoy busca liderar el segmento de materiales livianos de construcción.

Los días difíciles son recordados en Eternit por los largos silencios. Miradas introspectivas, respiraciones profundas y frases cortas, muy pausadas, se vuelven comunes cuando en la empresa se habla del año 2000. Silencios que se han quedado grabados en la memoria.

“En esta planta espantaban”. Para Sandra Franco, la crisis se veía a diario en los puestos ausentes de la fábrica Eternit Colombiana, ubicada en el municipio de Sibaté, Cundinamarca, a la cual había llegado a trabajar como jefe de ventas. Eran tiempos de silencios constantes: “Se veía muy poquita gente, llegaban pocos camiones. Le dolía a uno ver casi vacías estas instalaciones que son tan grandes”.

Silencios que fueron ocasionados por las tuberías. Hacia finales de los años 90, los tubos de fibrocemento, uno de los productos estrella de la compañía, se habían vuelto obsoletos. Los constructores se habían inclinado por el PVC, un material más liviano, que presentaba mayores rendimientos y, por su diámetro reducido, facilitaba el transporte; en los grandes proyectos, el hierro dúctil se convirtió en la mejor elección.

Fue así como las deudas se fueron acumulando a medida que se apilaban inventarios en las bodegas. “Este factor, sumado a la falta de reacción oportuna de las administraciones de ese entonces en la planta para adecuarla a la nueva realidad, fueron llevando a la empresa a un estado preocupante y poco viable en sus resultados”, reflexiona Jairo Calderón Hernández, presidente de Eternit.

Por si fuera poco, la nueva década comenzaba con una crisis en el sector de la construcción. El fracaso del Upac dejaba sin casa a miles de ahorradores, mientras los bancos se encartaban con los inmuebles que sumaban cada mes a sus balances. Las tasas de interés estaban por las nubes y nadie quería cometer la locura de comprar una vivienda.

Las constructoras y los productores de materiales para construcción veían cómo la economía los obligaba a hacer sacrificios. “Tuvimos que hacer ajustes con el apoyo de todos los trabajadores”, recuerda Franco, y enumera las medidas que la empresa tuvo que adoptar para mantenerse a flote: reducción de turnos, vacaciones obligadas y control de gastos. Fue así como en tres años la plantilla de la fábrica de Sibaté pasó de 1.000 a 200 trabajadores.

Medidas todas vitales para salvar un legado que había comenzado en mayo de 1942, cuando, en esa misma planta de Sibaté, nació la filial colombiana de la multinacional suiza Eternit. Eran los años en que el fibrocemento les permitía a los constructores nacionales llevar a cabo edificaciones vanguardistas, como la Basílica de Ubaté y la Gobernación de Antioquia. Más tarde, en 1945, se inauguraron otras dos fábricas en Barranquilla y Yumbo (Valle) para atender la creciente demanda en las regiones del Atlántico y el Pacífico.

El mercado respondió satisfactoriamente y en 1956 la compañía llegó a producir 900 kilómetros lineales de tubería. Las décadas siguientes vieron el inicio de las exportaciones a los países vecinos, la popularidad de las tejas onduladas, el uso de sus tubos en la construcción del 60% de los acueductos de Colombia y en grandes fábricas, como Acerías Paz del Río. Y también se vio cómo, a finales de los años 80, el grupo francés Saint Gobain se hacía cargo del capital suizo.

Pero el año 2000 no trajo consigo sólo problemas, también nuevos dueños: el grupo mexicano Mexalit, que vio en la crisis la mejor oportunidad para expandir su operación suramericana. Aunque de entrada tuviera que invertir para recuperar los rendimientos de su nueva adquisición.

“Permitieron que los administradores de la época tomaran decisiones administrativas, a nivel productivo y de mercado. Se le dio mucho apoyo al área comercial, se invirtió a nivel de recursos y equipos de comunicación. Se diversificó el portafolio completamente”, comenta Franco, quien pasó a desempeñar un papel fundamental: el de gerente de Eternit Colombiana.

Los nuevos tiempos obligaron a que la empresa abandonara el segmento de tuberías para enfocar su atención en nuevos productos, como los tanques plásticos y sistemas secos, la línea de pinturas Colorcel, las tradicionales tejas translúcidas o de fibrocemento, y sus nuevos productos estrellas para construcción en seco: la placa plana Eterboard, la placa de yeso Eterplac y las masillas Etercoat, Eterglass y Etermastic.

“Con ellos hemos venido incursionando en nuevos mercados y aplicaciones, como lo son la cubierta de la Unidad Deportiva Atanasio Girardot en Medellín, el Centro de Eventos del Pacífico en Cali y otras obras a lo largo y ancho del país”, explica Calderón.

A partir de 2004 Eternit nadaba en aguas más seguras. Los inventarios se redujeron a su tamaño precrisis, su nuevo portafolio tuvo buena acogida entre los constructores y las redes de distribución que fortalecieron en los años críticos les aseguraron un lugar en la reactivación del sector. “Durante los últimos años hemos visto que grandes cadenas hoteleras se han vuelto a posicionar en el país, así como la construcción de hoteles en todas las ciudades”, dice Iván Gómez, gerente comercial corporativo de la compañía, quien señala que medidas como los subsidios a la vivienda de interés social, los macroproyectos y el fomento de las zonas francas le dieron un vuelco positivo a las finanzas de la empresa.

En los años siguientes, pruebas como la crisis financiera de 2008 y el congelamiento de relaciones con Venezuela demostraron el buen estado de las finanzas, que soportaron la leve contracción de la demanda y la reducción del 70% en los despachos al vecino país; también fueron vitales en la diversificación de las exportaciones a mercados claves de la compañía: Curaçao, Bonaire y Aruba, donde nuevos desarrollos turísticos y hoteleros han aumentado los turnos de producción.

Los buenos vientos han hecho que la fábrica de Sibaté genere hoy en día 300 empleos directos y 400 indirectos, que tenga un continuo flujo de camiones (un promedio de 30 diarios) y la salida diaria de 300 toneladas de productos. Cifras que se quedarán pequeñas con el desarrollo de viviendas celulares, una técnica que permite construir en 15 días casas de 36 y 46 metros cuadrados, con materiales livianos y sistemas sépticos para el tratamiento de aguas.

Recientemente, Eternit se hizo a una licitación del Viceministerio de Vivienda para proveer 915 viviendas en 18 municipios, de las cuales ha entregado 275.

Los nuevos retos tienen fechas específicas, tal como señala Gómez: “Nuestra meta es ser líderes en la producción y comercialización de materiales para la construcción, soportados con innovación y tecnología. Esperamos lograrlo en un plazo de dos años”.

 

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