Brasil, ejemplo de asociación del campo

Propietarios de pequeñas parcelas formaron una organización mediante la que reciben más ingresos y protegen el medio ambiente.

La imagen está lejos de reflejar el cliché de un Brasil de un sol abrasador, anchas playas sobre el Atlántico y multitudes extrovertidas y de ropas ligeras.Por esta época del año, en este paraje de Joanópolis, un municipio del estado de São Paulo, el termómetro amenaza marcar con un solo dígito la fría temperatura, los infinitos horizontes dan paso a una cadena de montañas y la población es escasa, tímida y muy bien abrigada.

Así es. Aunque su nombre no sea tan reconocido como el de otras ciudades, Joanópolis cuenta con suficientes argumentos para considerarse un lugar privilegiado en este gigantesco país. El solo hecho de producir el 55% del agua que se consume en el área metropolitana de São Paulo, una de las mayores conurbaciones del mundo, dan muestra de la potencialidad de esta zona. Para llevar el agua a sus consumidores, este sistema conocido como Cantareira consta de 44 kilómetros de túneles.

Precisamente basados en esta riqueza hídrica, los habitantes de un sector de Joanópolis se unieron con el fin de preservar las fuentes de agua y de paso aprovechar la potencialidad que les ofrece su territorio. Estas características fueron las que tomó en cuenta el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (Rimisp) para invitar a periodistas de nueve países del continente a conocer la experiencia.

“Desde el año 2000, algunos pobladores conformamos la Asociación de Agricultores del Barrio dos Pretos con el fin de adelantar proyectos en bien de la comunidad”, explica Doña Neusa,  presidenta de la Asociación. El liderazgo de esta mujer se percibe en cada una de sus actuaciones. El resto de campesinos que conforman la organización sigue sus comentarios con gestos de aprobación.

Doña Neusa, además de impulsar la asociatividad cuenta con una microempresa de dulces, fabricados con la leche y los productos que ella y los otros miembros de la Asociación producen. “Con esto, los agricultores reciben más dinero por su leche y sus frutas, pues eliminamos los intermediarios”, agrega.

Pero la asociatividad no termina con la compra de los insumos, la comercialización de las cerca de dos decenas de


presentaciones de los Doces caseiros Cachoeira (Dulces Caseros Cascada) es especial. El Gobierno los adquiere para distribuirlos en orfanatos, ancianatos y otras entidades de beneficencia del estado de São Paulo.

Las administraciones locales iniciaron el proyecto, pero en la actualidad la Administración Nacional, por medio del programa Hambre Cero se encarga de contribuir con esta dinámica que a juicio de los propios campesinos genera beneficios a “todas las partes”.

En todo este proceso desempeña un papel clave la Universidad de São Paulo, por medio de su Escuela de Agricultura Luiz de Queiroz, un centro educativo estatal que dadas las posibilidades de Joanópolis trabaja de la mano con esta comunidad. En el sitio viven profesores y estudiantes de últimos semestres de carreras afines al campo, quienes se encargan de asesorar a los agricultores en diferentes labores.

André Toshio Lumamoto es uno de estos técnicos. Su trabajo se enfoca en darle a la Asociación las herramientas para que produzca pensando tanto en la rentabilidad de los cultivos como en la protección de las fuentes de agua.

Este es el caso de los hermanos Octavio y Paulo Ferreira Marques, quienes durante toda su vida han vivido en este mismo lugar. A la muerte de sus padres dividieron la finca familiar y hoy cada uno cuenta con una pequeña parcela que no supera las cuatro hectáreas de extensión.

Octavio vive allí con Fátima y Luiz Octavio, su pequeño hijo de unos 12 años. Con el apoyo de la Asociación decidió retomar el cultivo del café, pero con la técnica del sombrío, es decir, intercalando los cafetos con otras especies que les brinden protección del sol, una técnica intensiva en Colombia. “La idea es que el café tenga la menor cantidad de fertilizantes posible,


pues las plantas que hay alrededor generan control biológico”, dice André, mientras Octavio recalca que está retomando un cultivo que no sembraba desde su niñez.

En otra práctica, que desde hace unos 10 años se intensificó en Colombia, los campesinos de Joanópolis empezaron a utilizar sus atractivos naturales como fuente de agroturismo. Octavio gestionó un préstamo con el Pronaf (entidad del Gobierno Federal) y con ese dinero construyó una cabaña que utiliza para alquilarles a los visitantes. En estos momentos los propios funcionarios de la Universidad de São Paulo la habitan, pagando cerca de 500 reales al mes (unos 560 mil pesos).

En el mismo lugar se implementó el programa Teste de Uso Múltiplo de Eucalipto (TUME), que busca sembrar pequeñas cantidades de este árbol con diferentes destinaciones, entre las que se encuentran la fabricación de muebles, madera para los trabajos de la finca y hasta producción de miel mediante el uso de los troncos para la instalación de colmenas.

Fátima, su esposa, no se queda atrás, y dentro de la finca creó un invernadero donde posee pequeñas plantas de cebolla, tomate, lechuga y otras especies que siembra en su tierra o en la de sus vecinos, que además asisten allí a conocer la técnica para ellos replicarla en sus terrenos. A esto se suma el programa APP (Área de Preservación Permanente), que pretende proteger los cursos de agua que atraviesan las parcelas, conservando los terrenos que hay a lado y lado.

Contiguo a esta parcela, Paulo y su esposa Rosa Marques dividieron su propiedad en lo que ellos denominan piquetes, éstos son pedazos de tierra de 16  por 16 metros cuadrados que usan para que dos grupos de ganado de cinco vacas pasten allí, diariamente los cambian a otro piquete, lo que les permite no hacer uso intensivo de la tierra y que los bovinos estén bien alimentados. La técnica se denomina pastoreo rotativo. La leche se la venden a Doña Neusa.

Un par de kilómetros más adelante se encuentra la finca de Dom Sebastiao y Doña Nair, una pareja que antes de pertenecer a la Asociación hacía uso excesivo de agroquímicos y que ahora es ejemplo en la utilización de técnicas como APP y la del pastoreo rotativo. Pero sin lugar a dudas, las palomas se roban el protagonismo de su finca, pues tiene un criadero de grandes ejemplares.

“Tengo unas 300, todas son blancas porque son las exigencias del comprador que cada mes se lleva unas 30 para espectáculos, magia y quizá macumba (especie de brujería)”, explica un tímido Sebastiao. Por su parte, su esposa Nair fabrica licor casero de coco e higo (brevas) que tiene un toque secreto tras enterrar las botellas con su contenido por unos 30 días. “Le da mejor sabor”, enfatiza.

Pero no todo es color de rosa, los miembros de la Asociación saben que hay retos por enfrentar, entre los que se enumeran las pocas oportunidades que tienen los jóvenes de la región, el uso sin planeación de la tierra, la dependencia en escasos productos, el poco apoyo a la agricultura familiar y el avance del eucalipto como cultivo extensivo.

Así termina el recorrido por esta región, tan brasileña como la arquitectura de Brasilia, el Carnaval de Río, los cultivos de la región del Cerrado, las playas de Ipanema o la biodiversidad del Amazonas. Eso sí que lo saben sus amables pobladores.

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