¿Compramos lo que es?

Esta semana el DANE publicó la encuesta de comercio minorista y ocurrió lo esperado y lo no esperado.

Inicialmente se evidenció que el consumo de alimentos dejó de crecer y, por el contrario, en los cuatro primeros meses tuvo un leve descenso del -0,82% (pese a que la inflación de alimentos para ese mismo período fue de 9,74%), acompañado de la moda y las cosas de uso doméstico en el hogar.

El resto creció. Es ilógico, pero creció. Mientras dejamos de comprar comida (lo que no significa que dejamos de comer), sí compramos carros, licores y cigarrillos; inclusive, el crecimiento en ventas de computadores y muebles de oficina ya supera el 35% acumulado anual, lo que indica cada días más que nos gusta estrenar oficina y el computador ya es un electrodoméstico.

Esto nos pone a pensar: ¿Por qué compramos cosas suntuarias y dejamos de comprar alimentos? Inicialmente hay que decir las cosas como son: seguimos comprando alimentos, lo que ocurre es que ante el choque de precios ha comenzado una fuerte sustitución de productos alimenticios; segundo, hay que afirmar que otras cosas están más baratas, ¿cómo no comprar nuevos computadores, si hoy podemos comprar un computador 10 veces superior a uno de hace 10 años, pagando la mitad del precio?

Finalmente cabe considerar que lo ocurre es que a mayores precios menos compras, como se aprecia en la gráfica, pero aún no hay de qué preocuparse, ya que el crecimiento de ventas aún muestra una economía dinámica pese al choque de precios, que nos limita a comprar las frutas y verduras que queremos y no nos deja usar el carro para todo lo que queramos.

Entonces la pregunta queda: ¿Compramos lo que es o lo que los precios nos dejan?

 

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