Del colchón al sistema de descanso

La industria colchonera en el país debe formalizarse en beneficio de  los colombianos.

Óscar Gutiérrez Pemberthy es uno de los pocos ejecutivos que ha decidido pasar gran parte de su vida profesional en un mismo sector. Muy joven aún, y tras la obtención de su título como administrador de empresas de la Universidad de los Andes, se vinculó a Industrias Spring.

Conoce, como pocos, todos los resortes de un negocio que califica de “vital” para el bienestar humano. “Y sin embargo”, dice Gutiérrez, “es uno de las menos comprendidos y más informales” de la actividad económica.

Nos reunimos en el restaurante Emilia Romagna, donde la gastronomía italiana muestra interesantes posibilidades, más allá de las entradas típicas y las pastas.

Y aunque Gutiérrez prefiere el bajo perfil, ha resuelto salir del anonimato y exponer las virtudes y defectos de su industria, y a advertir sobre los riesgos de operar sin parámetros legales, algo superado en otros países de América Latina.

“Estamos ante el producto más usado en la vida. Y, sin embargo, es el que menos interés recibe. La gente se preocupa por las marcas de ropa, zapatos, pero nunca habla de colchones. Y como ocupa un espacio oculto en la casa, nadie le da relevancia”.

Un trabajo realizado por Spring encontró cerca de 200 verbos que describen actividades realizadas en la cama. “Empecemos por decir que allí nacemos, procreamos y, por lo general, morimos. Pero la gente también duerme, ve televisión, lee, conversa, y hasta trabaja…”.

Para Gutiérrez es positivo que los consumidores hayan comenzado a preocuparse por hábitos de vida saludables y estén más dispuestos a reconocer la importancia del sueño para asegurar el bienestar y su productividad.

Se comprueba en la ampliación de los canales de venta. Las grandes superficies, por ejemplo, han entrado en la categoría,


ofreciendo una gama de productos que va desde el sencillo hasta el dotado de la mejor tecnología. “Hace ocho años no se vendían colchones en ningún almacén de cadena”.

Otro asunto vital es la salud. “Muchas dolencias esquelético-musculares son consecuencia de malas posturas al sentarse o al dormir”, dice Gutiérrez.

“Pero los especialistas saben poco o nada de estos productos y no están capacitados para recomendar prácticas en torno a cómo dormir y sobre qué tipo de superficie hacerlo, dependiendo, claro está, de la constitución y el peso del individuo. Es un tema que estamos trabajando con los ortopedistas”.

A esto se suman los desórdenes inmunológicos derivados de los ácaros, presentes en fibras y rellenos. “Investigaciones internacionales revelan que todos los colchones se contaminan con ácaros, incluido el mejor producto del mercado. Por eso, los colchones deben reemplazarse cada cinco años como medida preventiva para la salud”.

Estudios ordenados por Industrias Spring también revelan que, en un gran porcentaje, los colombianos sólo cambian el colchón si éste se desarma o se rompe, independientemente del tiempo de uso que le hayan dado. La venta anual, en todo el territorio, llega apenas a dos millones de unidades, muy bajo frente a otros países de similar tamaño.

Gutiérrez dice que la situación adquiere visos dramáticos, pues solamente un 35% de la industria pertenece a la categoría formal.

El 65% restante se maneja a través de empresas de garaje, que, en un alto porcentaje, adquieren los insumos en compañías de reciclaje, donde los estándares de higiene y salubridad son inexistentes.

Los ministerios que se deberían ocupar del tema son conscientes de la situación y han tomado cartas en el asunto. Pero, dadas las crecientes iniciativas actuales, avanza a paso lento.

Gutiérrez calcula que la imposición de estándares regulados podría ocurrir este año, y ve con buenos ojos que se aplique a grandes fabricantes y pequeños productores, en beneficio de la salud de los colombianos.

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