Donantes de supermercado

<p>¿Desea aportar su cambio? La pregunta con la que se presenta la solidaridad actualmente.</p>

En el carrito del supermercado, al lado de la leche, el queso, las frutas y el pollo, usted puede acomodar un plato de comida para la infancia, un ladrillo para construir casas para familias de escasos recursos o los útiles escolares de niños y niñas del país. No hacen peso en las bolsas y tampoco implican un incremento sustancial en su cuenta. Sólo le cuesta sus vueltas, esas que solía ahorrar en la alcancía o guardar en la guantera del carro para pagar propinas en parqueaderos o dar limosna en los semáforos.

Sin embargo, ese sutil “¿desea donar el cambio?”, no tiene para todos los consumidores la misma connotación. Mientras unos, conmovidos, no dudan en aceptar ‘la oferta’, otros desconfían que el destino de su donación no sea el que le dicen, o consideran que estas donaciones sólo contribuyen a que el Estado siga descargando en las organizaciones no gubernamentales algunas de sus obligaciones. Por otra parte, aunque no es una obligación entregar el cambio, el hecho de que la pregunta se haga frente a los demás compradores hace que, en muchos casos, la donación sea producto de la presión social, porque… ¿quién no donaría 30 o 50 pesos?

Sin embargo, con presión o sin presión, algunos espacios son más apropiados que otros para pedir donaciones. Así lo demostró la campaña Plato Conexión, de Conexión Colombia, que se realizó en 2006 y 2007. En diciembre, restaurantes de alto perfil de Bogotá, Medellín y Cartagena pidieron a sus clientes una contribución para dar un plato de comida a niños de escasos recursos. Sin embargo, debido a las quejas de los clientes, quienes manifestaron que la recaudación en los restaurantes ya era un exceso, la organización decidió no continuar la campaña. No obstante, Conexión Colombia alcanzó a recaudar $59 millones.

En los últimos años se han multiplicado las organizaciones sin ánimo de lucro que trabajan el recaudo de vueltas como canal de financiación de sus actividades. Primero se implementó en los supermercados y hoy se suman almacenes de ropa, jugueterías, droguerías y restaurantes.

En Colombia, la primera organización en trabajar el tema de recaudación de vueltas fue la Corporación Minuto de Dios, que incluso cuenta con una certificación Icontec que los acredita en materia de implementación de programas sociales. En 2001, la campaña se inició en Carulla, en el marco de una circular emitida por la Superintendencia de Industria y Comercio, según la cual, los grandes almacenes estaban en la obligación de devolver a sus clientes el valor exacto del cambio. La normativa, que está vigente desde el 1° de julio de 2000, señala que “para la fijación del precio al público se deberán utilizar denominaciones en moneda de curso legal (y) será responsabilidad del establecimiento disponer de las denominaciones necesarias para suministrar al consumidor el cambio correcto”. 

Teniendo en cuenta esta disposición, los directivos de Carulla pensaron en el mecanismo de ajuste al cambio para cumplir con lo establecido por la Superintendencia y al mismo tiempo apoyar una causa social. Se aliaron entonces con la


Corporación Minuto de Dios, que desde entonces destina los fondos recaudados en los supermercados a la construcción de casas para familias de escasos recursos y ha entregado a la fecha 130 viviendas.

Según explica Cristina Arévalo, gerente de Mercadeo de la Corporación, una de las ventajas de este programa, denominado “Dame una casa”, es que sólo se pide a los clientes el valor correspondiente al ajuste al cambio, por lo que “el cliente no siente la cantidad que aporta”. La Corporación Minuto de Dios también recauda fondos a través de los cajeros electrónicos, canal que empezaron trabajando con Servibanca, que a diario, a través de un proceso denominado compensación interbancaria, consigna en una cuenta de la Corporación lo que se dona a través de sus cajeros. Este procedimiento se hace bajo la supervisión de la Superintendencia Financiera.

Y después de que se hizo evidente la efectividad de la recaudación en las cajas de los supermercados, otras organizaciones empezaron a trabajar este canal. En materia de proyectos de nutrición, por ejemplo, la Fundación Éxito, a través de “goticas”, que simbolizan la donación, recauda fondos para el desarrollo de programas de nutrición para la primera infancia. Estas goticas se adquieren en las cajas y cuestan mil y dos mil pesos, al igual que las goticas de la campaña “regala sonrisas”, que se realiza cada año durante los 15 días previos a la Navidad con el objetivo de obsequiar juguetes a niños de escasos recursos. El compromiso de la Fundación es duplicar el valor de cada donación e invertirlo en la región a la que pertenece el almacén en el que se hizo la donación. En 2007 se recaudaron $2.229.692.366 para nutrición y $868.014.445 para Navidad, que se invirtieron en 304.000 regalos.

Por su parte, Homecenter trabaja desde 2004 con Unicef en la recaudación de fondos para proyectos de educación.  A través de la campaña “Tu peso pesa”, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia recaudó en el último año $476 millones de pesos que se invirtieron en la entrega de kits educativos y en la construcción de varias escuelas en el país. Unicef también tiene alianzas con Cotelco, en el desarrollo de la campaña “Redondea tus vueltas por la niñez colombiana”, también conocida como “Huésped de corazón”, que consiste en la suma automática de $3 mil a la cuenta del cliente. Desde 2005 se han recaudado cerca de $200 millones.

También los colombianos afectados por la violencia reciben ayuda gracias a las vueltas donadas en almacenes como Carrefour, Alkosto, Cafam, y droguerías como Farmacity, Acuña y Fava, entre otros. Estos almacenes han apoyado a la Fundación Tejido Humano, que a diferencia de las organizaciones citadas, no trabaja todo el año con un solo almacén, sino que opera como una campaña itinerante. En 2006, Tejido Humano recaudó $685 millones y el año pasado $710 millones que se han invertido en la generación de proyectos productivos o empleos.

Donar las vueltas en las cajas es la muestra de que ni la solidaridad se escapa del mercadeo. Sin embargo, el cliente es quien escoge: puede donar en la caja cuando paga sus compras, puede seguir llevando un mercado a la iglesia cada Navidad o puede decidir no apoyar ninguna causa. Finalmente se trata de solidaridad, no de una obligación.

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