No hay segunda oportunidad

En el negocio del mercadeo y la publicidad las ideas y las marcas funcionan como aquel famoso eslogan para un champú anticaspa en los setenta, en el cual se afirmaba que una primera impresión nunca tiene una segunda oportunidad.

La comunicación es como la tarjeta de presentación de una marca. Si a usted no le gusta su publicidad, ¿por qué le va a gustar la marca?

Así me pasó.

Como buen hincha santafereño, que no ha podido ver nunca al Santa Fe campeón, tuve la oportunidad histórica de hacerlo realidad. Hace dos años, llegamos a la final de la mano de Basílico.

Sobreemocionado, volé desde E.E.U.U., donde vivía, y me reuní con mis amigos de infancia y colegio, quienes han compartido conmigo por décadas esta impotencia espiritual. Era la oportunidad. Nos fuimos a Medellín al estadio.

Estratégicamente nos preparamos y decidimos que para sentarnos en los mejores puestos del centro y evitar problemas, asistiríamos vestidos de verde neutral, pues el partido era contra el Nacional...

El Atanasio Girardot estaba al borde de la explosión, y nosotros felices y campantes, camuflados en la mitad de la tribuna verde.

El juego vibrante, cero a cero, oportunidades de un lado y del otro, pero nosotros guardando nuestra suiza compostura.

De repente una jugada por la izquierda. La bola queda suelta en un rebote y entra el delantero santafereño, dispara y goooooooool.

Con un poder autómata y descontrolado, y en medio de un estadio atónico y en silencio, nos levantamos perdidos de la emoción gritando desgarrados el gol hasta el infinito y más allá. De repente, decubiertos por el delirio, el juez anuló el gol. Habíamos tenido un acto fallido. Nos miramos consternados y nos sentamos nuevamente ante la inquisidora mirada de miles de hinchas verdes que nos rodeaban por todos lados y que acababan de darse cuenta que eramos rojos encubiertos.

Ahí comenzó la lluvia, pero no precisamente de gotas ni de agua. Comenzó la lluvia de botellas, de pilas, un carnaval de productos y marcas distintas que desfilaban desde todos los lados por unas pasarelas virtuales dirigidas hacia nuestras cabezas y nuestros cuerpos.

Habíamos perdido la oportunidad, la oportunidad de impactar, que no tiene chance de repetición.

De esta manera y ante esa tormenta insoportable de objetos voladores, acompañada de versos de cantina, nos tocó retirarnos del estadio y escuchar en la radio que Santa Fe nuevamente no sería campeón.

Como las marcas, hay una oportunidad para el éxito, para su construcción acertada que marcará su diferencial, su personalidad y su conexión e impresión ante la gente.

El mercadeo no da oportunidades infinitas. Hay que tener claro el camino para no dar pasos en falso, pues la gente tiende a recordar más lo que no le gusta que lo que sí le gusta.

¿Quién ha dicho acaso que hacer buena publicidad es fácil?

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