Sin sorpresa no hay paraíso

Por siglos las mujeres lo han predicado y nos lo han enseñado. El factor sorpresa es el mejor reproductor de la magia y el encanto.

Una sorpresa siempre alimenta el amor de una relación y recorta la distancia al paraíso. Trae consigo impacto y rompe la monotonía.

Cómo olvidarlo. La sorpresa sí funciona en el amor, entonces va a funcionar maravillosamente en la comunicación y la publicidad...

Recuerdo muy bien haber participado en una gran licitación mundial por la cuenta de la salsa de tomate más vendida en el mundo. Estábamos compitiendo cuatro agencias mundiales de publicidad por el negocio y yo pertenecía al equipo global creativo de una de ellas.

Trabajamos varias ideas, varias campañas. Éramos un equipo conformado por estadounidenses, ingleses y este servidor colombiano.

La primera instancia la presentamos en Pittsburgh. Una gran presentación creativa. El resultado fue que de las cuatro agencias participantes la competencia se redujo a dos finalistas, basados en las dos campañas que más habían impactado al cliente.

Nos pidieron una última presentación a los dos finalistas en Londres para definir el negocio. Allá nos fuimos a trabajar.

Nuestra oficina quedaba en una de la calles de mayor glamour de la capital inglesa, donde se encuentra la mayoría de las tiendas y boutiques de marcas de moda.

Los clientes llegaron a nuestra oficina después de la visita a la otra agencia. Hicimos una tremenda presentación creativa.

Al terminar, los clientes se reunieron y nos dijeron que había un empate técnico. Que tenían que pensarlo más. Se despidieron para irse caminando a su hotel, estratégicamente ubicado, el cual se encontraba a una cuadra de distancia de la oficina.

Lo que no sabían es que teníamos preparada una sorpresa adicional. Todas las vitrinas de moda más espectaculares de la famosa calle londinense que separaba nuestra oficina de su hotel estaban decoradas y diseñadas con la salsa de tomate.

Salimos a la terraza a verlos. Estaban en la calle paralizados. Cada vitrina mostraba el mejor diseño de moda de su marca acompañado por una salsa de tomate. Y así, anonadados, pasaban de vitrina en vitrina sin creerlo hasta llegar al hotel.

Los sorprendimos. Aunque creo que ellos nos sorprendieron aún más cuando a la media hora recibimos una llamada telefónica donde nos asignaban el negocio mundialmente. Nuestra campaña había triunfado.

Así son las ideas ganadoras, inesperadas.

En eso radica su exquisitez, en entender que cada vez que uno sorprende, luego uno será sorprendido. Es un círculo infinito que sin duda llega al paraíso.

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